Ni siquiera Trapero pudo escapar al dedo inquisidor del excomisario Villarejo

La investigación para elaborar el libro 'La España inventada. Tras los pasos de Villarejo', las notas informativas y los audios «desvelan como los tentáculos de Villarejo intentaron destruir a Trapero», aseguran sus autores.

Ni siquiera Trapero pudo escapar al dedo inquisidor del excomisario Villarejo
Villarejo, en su despacho de la madrileña Torre Picasso | LV

Este lunes sale a la venta La España inventada. Tras los pasos de Villarejo, un libro que han escrito, a cuatro manos, el que fue director de la agencia de detectives, Método 3, Francisco Marco, y el periodista, Manuel Bravo. Escriben sobre la vida, peripecias y «mentiras» del, posiblemente, policía más conocido de España: José Manuel Villarejo. Parte del libro, la protagonizan policías, magistrados, fiscales y confidentes de Catalunya. Entre ellos, Josep Lluís Trapero, el, de nuevo, Major, de los Mossos d’Esquadra, en su época de intendente.

Como cuenta Mayka Navarro en La Vanguardia, en uno de los capítulos, los autores detallan las maniobras que protagonizó Villarejo para salvar al inspector jefe de la Policía Nacional en segunda actividad, Antonio Giménez Raso. El policía estuvo en prisión preventiva en 2006 por su presunta relación con una red de narcotráfico, el caso ‘Gamba Roja’, y absuelto después, tanto por la Audiencia Provincial de Barcelona como por el Tribunal Supremo. Esa investigación de la Guardia Civil nació a finales de 2004, cuando la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) alertó de un cargamento de más de mil kilos de cocaína oculto en un contenedor de gambas congeladas depositado en el puerto de Barcelona.

Cuando el caso estalló, Giménez Raso, ya expolicía, trabajaba con Método 3, con los que creó una nueva empresa de seguridad. Más tarde, se supo que Giménez Raso llegó a ser el hombre de Villarejo en Catalunya. En varias conversaciones inéditas, transcritas en el libro, y que se pueden escuchar en este artículo, Giménez Raso y Villarejo tratan de acabar con los dos motores de la investigación ‘Gamba Roja’: el coronel de la Guardia Civil, Miguel Gómez Alarcón, y el entonces fiscal anticorrupción, David Martínez Madero, al que se refieren, de forma despectiva, como «el calvo» y del que se mofan por tener una hija con síndrome de Down.

Tanto a uno como al otro, los vinculan con un presunto narcotraficante, Manuel Gutiérrez Carbajo, al que nunca se ha imputado por tráfico de drogas porque nunca se han conseguido pruebas. Lo que sí se sabe es que Gutiérrez Carbajo facilitó abundante información crucial tanto a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y más tarde a los Mossos, sobre algunas de las más importantes investigaciones de aquellos años.

‘Operación Macedonia’

La actividad judicial en Catalunya era frenética. Los Mossos habían realizado una complicada investigación dirigida muy de cerca por el entonces intendente del Cuerpo, Josep Lluís Trapero, sobre la connivencia de policías nacionales con los dueños de los prostíbulos Saratoga y Riviera de Castelldefels (Barcelona). Una trama que se desarticuló gracias al testimonio de Manuel Gutiérrez Carbajo.

Justo cuando esa investigación terminaba, el titular del juzgado, número 1, de Barcelona, Joaquín Aguirre, arrancaba la ‘operación Macedonia‘. Era 2009 y el caso empezó por un presunto robo de cocaína entre delincuentes. Aguirre encargó el trabajo al entonces subinspector de los Mossos, Toni Salleras. Aguirre, que no ha cerrado todavía el caso en su totalidad, llegó a imputar a guardias civiles, al propio Salleras y a varios los mossos de su unidad. Nunca se atrevió a imputar a Trapero, aunque firmó numerosos atestados en los que vinculaban al ahora Major de los Mossos con Gutiérrez Carbajo, a partir del intercambio de llamadas. Como cuentan Marco y Bravo, «Trapero estuvo mucho tiempo en la diana de Aguirre», y como no encontró nada recurrió a Manos Limpias, que entró en la causa como acusación particular manteniendo la ofensiva contra los Mossos.

Todo vale

El libro vincula a Villarejo y Giménez Raso con los vaivenes del caso Macedonia y detalla como el entonces director adjunto operativo de la Policía, Eugenio Pino, entró en la causa de la mano del juez Aguirre y encargó a la policía patriótica, bautizada como la ‘Brigada de Revisión de Casos‘, un informe que mantenía las sospechas de connivencia entre mossos y guardias civiles con un presunto narcotraficante.

En este sentido, Villarejo, Giménez Raso y el que fuera jefe de la unidad de delincuencia económica y fiscal (UDEF) y director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y Crimen Organizado (CITCO), José Luis Olivera, conspiraron para desacreditar a Alarcón a partir de sus llamadas con Gutiérrez Carbajo.

En conversaciones grabadas por Villarejo se escucha como Giménez Raso se compromete a conseguir ese listado de llamadas para meterlo en la causa que se estaba llevando contra él. Debaten sobre la mejor manera de introducirlo, a través de un anónimo o un periodista que después colaboraría como altavoz de la connivencia entre el guardia civil y Gutiérrez Carbajo.

La investigación para elaborar el libro, las notas informativas y los audios «desvelan como los tentáculos de Villarejo intentaron destruir a Trapero», aseguran sus autores. «Para salvarse de su pasado, a Giménez Raso no le importó tratar de llevarse por delante el honor de los policías que nos protegen», concluye el detective, Francisco Marco.

2 Comentarios

  1. La treta de la Opinión Mental entra una vez más en escena, su modo de utilización, intenciones y propósitos recuerda al «salvar al soldado Trapero» enbarrando a jueces, confidentes y quién haga falta.
    La autocrítica del Major cuanto menos inusual.

    • Tratar de intentar convencer al Pastoreo de sus bondades y nuevos propósitos mediante libros y artículos, entra dentro del Toco-mocho digital.

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