Mulas, ¿víctimas o culpables?

El narcotráfico trae consigo numerosas de responsabilidades entre quienes forman parte del negocio criminal. Sin embargo las mulas, el último eslabón expuesto y visible del tráfico de drogas, ponen en riesgo su propia vida asumiendo un rol que los criminaliza a pesar de ser, en algunos casos, víctimas.

Mulas, ¿víctimas o culpables?
Las mulas ponen en riesgo su propia vida asumiendo un rol que los criminaliza a pesar de ser, en algunos casos, víctimas. / Archivo

Cuando la necesidad aprieta no hay límite que nos detenga. Hace unos días leía una noticia sobre el fallecimiento de un joven en el Hospital de Alzira como consecuencia de la ingesta de 97 cápsulas de cocaína (equivalente a un kilo). Ese triste desenlace es, desgraciadamente, el destino de muchos que acceden a convertirse en el eslabón más expuesto y vulnerable de la cadena de tráfico de drogas. Movidos por la necesidad, en la mayoría de casos, se convierten en mulas que no solo se juegan su libertad, sino también su propia vida. Suelen ser personas con bajo nivel educativo, de baja condición social y sin recursos, y precisamente es tal grado de vulnerabilidad el que los sitúa en el foco de narcotraficantes.

Sin embargo, a pesar de su condición y situación, siguen siendo considerados parte del entramado criminal y juzgados, en su mayoría, como responsables de un delito contra la salud pública. Es en este punto en el que me quiero detener y reflexionar sobre si sigue teniendo sentido criminalizar y castigar a quienes ponen en riesgo su propia vida. Evidentemente, no podemos obviar las particularidades de cada caso pero, ¿cabe considerar, en algunos casos, a las mulas como víctimas de trata de personas?

Trata más allá de la explotación sexual

Todavía no existe una posición doctrinal clara al respecto, aunque hace apenas dos años, una joven de 21 años que transportaba en su propio cuerpo 25 preservativos de cocaína, fue absuelta por la Audiencia Provincial de Barcelona al considerarla víctima de trata. La Audiencia entendió que la extrema situación de vulnerabilidad de la joven la llevó a aceptar el porte tras ser captada por una organización internacional dedicada al tráfico internacional de drogas. La representante legal de la víctima, Nuria Montfort, explicó en su día que la trata por tráfico de drogas, a diferencia de la trata con fines de explotación sexual, no está tan trabajada en el ámbito jurídico.

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A pesar de ello, esta sentencia, que además fue ratificada por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJ), pone sobre la mesa un debate que ha llevado a muchos a cuestionarse si actuar a sabiendas de lo que trasportan y la aceptación del porte es o no motivo suficiente para criminalizar y responsabilizar jurídicamente a la mula por un delito de tráfico de drogas.

Vulnerables y sin recursos

A la hora de reflexionar sobre esta cuestión, no podemos obviar que son personas que se convierten en mercancía, en un envase seguro y sin riesgo para el narcotraficante, pero con el que sí se juegan su propia vida. Esto debería servir como límite y parámetro que ponga freno el inicio de un proceso de criminalización en su contra porque, recordemos, ponen en juego su cuerpo, su salud y vida. Como ya apuntaba en líneas anteriores, no todos los casos pueden ser juzgados bajo el mismo paraguas de la impunidad y exención de responsabilidad. El elemento esencial para diferenciar entre víctima y victimario pasa por entender su vulnerabilidad. Pues, ¿tiene sentido seguir criminalizando y castigando a quienes forman parte del último eslabón de un negocio criminal que abusa de los más débiles? Quizás deberíamos replantearnos nuevas prácticas que persigan con mayor ímpetu a quienes lo promueven en lugar de a quienes se ven abocados a esa situación.

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