Moroloco, el rey de los narcos del estrecho

Moroloco, el rey de los narcos del estrecho

El hasta hace poco comisario de la Policía Nacional en Algeciras y escritor Luis Esteban (Zaragoza, 1972) nos adentra en el mundo del narcotráfico en el sur de España –en el estrecho de Gibraltar– zona que se ha convertido en el principal acceso a Europa para la droga, inmigrantes ilegales y el terrorismo yihadista.

Moroloco, el rey de los narcos

Con gran dosis de chulería se nos presenta Rachid Absalam, conocido por ser el narco más poderoso de Campo de Gibraltar, a quien todos llaman –a sus espaldas, eso sí– Moroloco. Este hombre se ha hecho a sí mismo y se ha convertido en la mano por la que pasa la mayor parte de la droga que se coloca en el mercado de Europa.

Moroloco es inteligente, frío, precavido y organizado, dotes gracias a las cuales ha conseguido llegar a lo más alto del escalafón en el mundo del contrabando. En el momento en que la historia comienza, las cosas parecen que no podían irle mejor a nuestro traficante, pero la llegada de un nuevo comisario a la zona, Gabriel Zabalza, quien se ha marcado como objetivo ponerle entre rejas, puede complicarle las cosas al capo.

Moroloco, el rey de los hipócritas

Luis Esteban nos da una clase magistral de todo este sector exponiendo conceptos muy técnicos del mundo del contrabando, así como explicando cómo trabaja la policía en colaboración con las distintas fuerzas de seguridad y utilizando un vocabulario especializado, que precisará de algunas aclaraciones por su parte. Esto lo hace poniendo sobre la mesa los dos lados de la historia: el de la policía, y su arduo trabajo luchando con ese mundo de podredumbre; pero también el del lado oscuro, aquel del que Rachid es el jefe.

Moroloco, un hombre cuya vida está perfectamente dividida en su faceta familiar y la laboral, convirtiéndole en un hipócrita de tomo y lomo. Por un lado, encontramos al capo de los narcos, poniendo en circulación un alto porcentaje del hachís que se consume no solo en España, sino en toda Europa y que le hace poseedor de una enorme fortuna. Por otro, es un padre cariñoso, marido afectuoso y capitaneado por su mujer –a la que mantiene al margen de la parte ilegal de su vida–, benefactor de un sinfín de organizaciones humanitarias cuyos principales receptores de esta ayuda no son otros que las víctimas de esa droga que acaba con todo lo que toca.

Contrabando y corrupción

El panorama que nos presenta el escritor zaragozano es cuando menos desalentador. Campo de Gibraltar no solo es el punto clave de puesta en circulación de la droga en Europa, sino también de inmigrantes y de parte de la infraestructura del terrorismo yihadista. Las tres actividades comparten el mismo conducto, lo que hace que la línea divisoria que las separa se desdibuje tanto que a veces no exista.

Con una logística que aúna fuerzas desde Marruecos –donde el trafiqueo no está tan mal visto como en España– con las españolas, todo este negocio no podría llevarse a cabo sin apoyo de la corrupción que existe en todos los estratos de la sociedad: banqueros, comerciantes, miembros de las fuerzas de seguridad, transportistas, personal de la administración de justicia, políticos, empresarios…

Incluso los ciudadanos de a pie colaboran con todo este entramado, amparándose en la idea de que en la zona solo se consigue llegar a fin de mes gracias al dinero que obtienen prestando algún tipo de servicio al bisnes de la droga. Los jóvenes ven la droga como la única salida para salir de la pobreza y por ello defienden y encubren a los traficantes, poniéndose en contra de la policía en numerosas ocasiones.

Luis Esteban quiere dejar claro que esto tampoco significa que haya una masa de personas corruptas pululando por ahí, sino que los pocos que hay están bien posicionados y distribuidos en puestos clave, que el narco de turno considera necesarios para el buen fin de su negocio.

Dentro de estas personas que colaboran con el trapicheo de alguna manera, no todos lo hacen de forma voluntaria con la intención de obtener pingües beneficios. Algunos son coaccionados por el capo, con amenazas hacia ellos o lo que más suele dolernos a las personas, con amenazas a sus familias.

Luis Esteban dice, al inicio de su novela, que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Aunque la sombra de la duda de lo que el autor haya podido ver realmente tras su paso por Algeciras se instalará en el lector. Y no sabremos cuánto de esta historia se debe solo a su imaginación o a experiencias vividas.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here