Miserias de multinacional y terrorismo laboral

Bajo el paraguas del coronavirus, el teletrabajo se instala en nuestras vidas y troca en semi-esclavitud la condiciones laborales de los asalariados

Ricardo Gómez de Olarte

Con esto del confinamiento y el teletrabajo, uno tiene más tiempo para dedicar a los amigos. Ni que sea por teléfono o WhatsApp. Sin embargo, me estoy llevando sorpresas. Esta misma semana, recibí una llamada a las 22h de un amigo con el que llevaba intentando charlar desde hacía días. Me contó que lo tenían cada día frente al ordenador conectado al trabajo porque todo era importante. Y así un día detrás de otro.

Al preguntarle que por qué no se plantaba y, de la misma manera que la empresa le exigí el cumplimiento de los horarios cuando acudía presencialmente, no exigía él los mismos derechos, es decir, la aplicación del mismo horario, me contestó una cosa terrible.

Resulta que la empresa, multinacional española, a través de su jefe, le había insinuado que ni se le ocurriera manifestar queja alguna ya que mi amigo era de los privilegiados que tenía trabajo. Que tras los ERTE vendrían los ERE y que, además, como mi amigo ya no era ningún chaval de 40 años, que en lugar de quejarse por estar más de 13 horas delante del ordenador con media hora para comer, que lo que debía de hacer era dar las gracias y no quejarse.

los políticos, en grandes líneas, viven en mundos muy separados del común de los mortales

No me lo podía creer. Comentando con otros amigos o conocidos que también trabajan para empresas grandes como esa, resulta que, poco más o menos, en todas está sucediendo lo mismo. Es cierto que los políticos, en grandes líneas, viven en mundos muy separados del común de los mortales. Especialmente en nuestro país. Como muestra, la queja de un médico a través de Tweeter en la que saludando a Irene Montero le pregunta “¿Cómo se solicita un segundo test cuando ya hay uno previo positivo? Es que me preguntan los pacientes cuando se van de alta del hospital que si no les hago otro para ver si es negativo. No lo veo en los protocolos”.

Es el mismo gobierno que impuso la desconexión digital. Una ley, que con todos los respetos, es lo mismo que “una mierda pinchada en un palo”.

Es decir, nada de enviar WhatsApp de trabajo, ni mails, ni mensajes, ni llamadas o peticiones fuera del horario laboral

Por trasposición del Reglamento de la UE, la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de Dic (Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales -LOPDGDD-) establece que la nueva LOPDGDD alude a ella indicando que los trabajadores y los empleados públicos tendrán derecho a la desconexión digital a fin de garantizar, fuera del horario de trabajo legal o convencionalmente instaurado, el respeto de su tiempo de descanso, permisos y vacaciones, así como de su intimidad personal o familiar.

Es decir, nada de enviar WhatsApp de trabajo, ni mails, ni mensajes, ni llamadas o peticiones fuera del horario laboral. “Qué bonito, qué bien nos ha quedado, qué actitud tan chupiguay demostramos”. Es el signo de nuestros tiempos: como tenemos “actitud” somos muy majos. Con la actitud nunca se ha gobernado. Se ha conquistado el poder, pero la actitud no sirve para gobernar.

Lo que a bombo y platillo anunció el Gobierno –antecesor del mismo que tan bien nos viene demostrando su capacidad de gestionar crisis (para los de la LOGSE: gruesa ironía)- tapó publicitar que solo afecta a los funcionarios. Los cuales llevan en el ADN el dejar el boli o el teclado en el mismo momento en que se acaba su jornada laboral. Y si alguno de sus jefes se pasa, acuden en “cero coma…” al enlace sindical y al jefe se le cae el pelo. Tengo o no tenga pelo donde pueda tenerlo.

Según la encuesta de población activa de 2018, en España había 3.105.800 empleados públicos que representan el 15’72% de la población activa laboralmente. ¿Y el resto? ¿Qué pasa con el resto de empleados que no son públicos? Son, somos parias, que cuando el jefe, o el jefe del jefe, o el jefe del jefe del jefe, tiene una idea después de una encendida y etílica cena con amigos, decide enviar un correo a su subordinado, para que éste en cascada lo transmita a los currelas que tiene debajo.

no es menos cierto que la cultura laboral hispana siempre ha sido poco más o menos feudal

La frase socorrida ante los también etílicos comensales es “Huy, esto te lo copio y pongo a los curritos a desarrollar la idea” aunque la idea sea de bombero y sea viernes a mediodía o sábado noche o domingo madrugada.

O de aquella ejecutiva “megapotente” que se va a jugar al paddle el viernes por la mañana y tras la sesión de masaje y “mani-pedi” y tataki al mediodía decide un viernes a las 21h poner las pilas a todo su equipo exigiendo, en tono perentorio y apocalíptico, aquello que no ha pedido a lo largo de la semana laboral. También debe reconocerse que no es menos cierto que la cultura laboral hispana siempre ha sido poco más o menos feudal.

Mi gran amigo Pedro Martín Illanes, me mandó la definición de un neologismo inventado por el filósofo y escritor francés Jean d’Ormesson. Se trata del término “ineptocracia” que es “aquel sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse sus sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendiente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas persona que sabe que son idiotas”.

la «ineptocracia” es aquel sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir

Particularmente creo que lo anterior, sin que sea novedoso, se sustenta en el sistema clientelar implantado por los romanos (aunque dudo que, de origen fuera invento suyo) en las primeras épocas de la república romana y que, a día de hoy, sigue subsistiendo hasta en países anglosajones. Es decir, si alguien se puede atajar esfuerzo pidiendo ayuda al poderoso para obtener ventaja sobre otro rival, lo hará. Es más fácil, más rápido. De hecho, así ha funcionado la mafia desde siempre: el poderoso será “acreedor moral y económico” del que ha pedido el favor y éste ascenderá en la escala social y económica. Así nació el “pizzo” o “el racquet” y hasta el “impuesto revolucionario”.

Es el caso del imbécil con carrera y puesto de gran directivo que despacha gente más joven que él mismo porque el futuro despedido ya tiene 50 años, aun valiendo más que el jefecillo en cuestión. Es el “aura mediocritas” a la que ya me he referido en otras ocasiones.Algunos son productos de la inoptecracia. Muchos somos sus esclavos.

Mientras tanto, bajo el paraguas del coronavirus, el teletrabajo se instala en nuestras vidas y troca en semi-esclavitud la condiciones laborales de los asalariados sin que nuestros gobernantes actuales hagan nada por remediarlo. No sé de qué me extraño. Sin son capaces de no pedir perdón por las vidas que habiendo podido salvar con un poco de previsión y organización no lo han hecho, ¡qué van a preocuparse por el futuro aumento del paro! ¡Si ninguno de ellos ha trabajado jamás fuera de la política!

Parafraseando a Faemino y Cansado: “¿Desconexión laboral? Qué va, qué va, qué va, yo vivo en Moncloa o en Galapagáh…”

En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo.”
Luces de Bohemia
Ramón María del Valle Inclán

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