Mirar lo prohibido con un picahielos cerca

Instinto básico tiene una primera hora magistral, unos diálogos brillantes y un personaje femenino a la altura de las más grandes

Mirar lo prohibido con un picahielos cerca
Sharon Stone en Instinto básico

A punto de cumplir treinta años, Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992) ya no debería ser recordada únicamente por la polvareda que levantó en su momento. Que si el cruce de piernas, que si demasiado sexo en los tiempos del SIDA, que si glorificaba el tabaco y el alcohol, que si las lesbianas no podían ser asesinas… En efecto, muchas de esas estupideces censoras nos siguen sonando y, por desgracia, quién sabe si hoy podría rodarse o distribuirse una brillante película como esta que es mucho más que quedarse con el cuerpo de Sharon Stone, y no entrar en la cabeza de Catherine Trammell.

Catherine es una millonaria escritora de novelas de misterio que se convierte en sospechosa de asesinato cuando su ocasional pareja aparece muerta, tal y como lo describía en su libro: asesinado en la cama con un picahielos. El detective Nick Curran (excelente y poco alabado Michael Douglas) es el encargado del caso y pronto caerá en las encantadoras pero inquietantes redes de Catherine. Primera virtud de la película: a pesar de acudir a tópicos del cine negro para homenajearlos, poli duro que se enamora de mujer fatal, el guion nos regala dos personalidades complejas y maravillosas.

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Por un lado, Curran ha sido investigado por matar accidentalmente a unos turistas, está en tratamiento psiquiátrico y ha dejado el tabaco, el alcohol y las drogas, sobre todo, tras la muerte de su mujer. Es decir, un pasado oscuro y, tal vez, con propensión al abismo. Pero, ay, Catherine es una joya de personaje que más de una docena de actrices rechazó para su triste arrepentimiento, pero nuestro eterno agradecimiento por regalarnos a una Sharon Stone como en la vida. Llena de dobleces y diálogos con doble y triple sentido, desde el principio el espectador intuye que Trammell va a dar mucho juego. No tiene problemas en vacilar a los policías en general (“No era mi novio. Solo follábamos” “¿Es usted una profesional?” “No. Aficionada”) y a Nick en particular (“¿De qué trata su nuevo libro?” “Un detective. Se enamora de la mujer equivocada” “¿Y qué le pasa?” “Ella lo mata”).

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El espectador se identifica desde el principio con Nick, a pesar de su turbulento pasado y de los errores que le vemos cometer: pierde la cabeza por Catherine casi en el acto y, no es que vuelva a beber y fumar, es que entendemos perfectamente que por ella bebería el agua de los tiestos y fumaría carne picada. Esta identificación se subraya a través de otro de los hallazgos de la película que es el tema de la mirada y de los espejos. El primer plano de la película es ya un espejo en el techo donde se refleja la acción sexual de una pareja, pero no será el único. La primera vez que Nick ve a Catherine desnuda será a través de una mirada procaz al espejo de su dormitorio donde ella se está cambiando. El simbolismo de los espejos es uno más de los guiños al cine clásico y a las dobles interpretaciones que estos ofrecen… igual que las personas.

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sharon stone

Pero el voyerismo enlaza indudablemente con Alfred Hitchcock, con quien tanto tiene que ver la película de Verhoeven. San Francisco, la rubia, la pareja de la rubia con quien la confunden, un cameo de la gran Dorothy Malone, los paseos en coche por los acantilados y una sinuosa y envolvente (como Catherine) banda sonora de Jerry Goldsmith no desentonarían en las tramas sexuales de Hitch. Por ello, todo el sexo o supuesto exhibicionismo de la película está más que justificado. Esto es un thriller sexual para adultos y hay que entender y mostrar las razones por las que Nick pierde la cabeza, la compostura y los pantalones. Estoy seguro de que Hitchcock hubiera disfrutado enormemente con esta película. Mirar furtivamente: eso era su cine. Eso es el cine.

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El guion cae finalmente en algunos errores o improbabilidades que preocuparían a “nuestros amigos los verosímiles” (de nuevo, como diría Hitchcock). Sin embargo, ya llevamos muchas semanas escribiendo por aquí que el noir es un ambiente, una atmósfera, tal vez enrarecida y maloliente, pero que no tiene por qué ser perfecta ni encajar como un rompecabezas. Hay quien todavía se pregunta quién era la asesina (a pesar del plano final) y creo recordar que el legendario Carlos Pumares, harto de que le preguntaran, terminó por contestar que era Michael Douglas con una peluca. Y alguno le creyó.

Mirar lo prohibido con un picahielos cerca

Instinto básico tiene una primera hora magistral, unos diálogos brillantes y un personaje femenino a la altura de las más grandes. Vale, si el kamasutra fuera olímpico Catherine y Nick no tendrían rival por el oro, pero que los árboles no impidan ver el bosque. Recuerden que lo importante es participar y disfrutar, aunque sea como espectadores de esta gimnasia física, sí, pero también mental. “¿Cómo va su nuevo libro?” “Prácticamente se escribe solo…” ¿Se atreven a convertirse en protagonistas?

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