Miguel Rojo: “el problema del yihadismo sigue latente y volverá a estallar”

Miguel Rojo: “el problema del yihadismo sigue latente y volverá a estallar”

Miguel Rojo, ojos como lentejas brillantes, barba luciferina, rostro áspero y carmesí y sonrisa contagiosa, nació en un pueblo de Tineo (Asturias) porque su madre era de aquel lugar y porque hasta allí fue destinado el guardia civil Eliseo Rojo tras dejar atrás su tierra de Sahelices del Río, al lado de Sahagún.

“Mi padre se metió a guardia civil para salir de la miseria. Todos sus hermanos, salvo uno, emigraron al extranjero por los mismos motivos. Eran tiempos difíciles y en los pueblos aún más: mucho trabajo y poco dinero. Estamos hablando de los años 50 del siglo pasado”…

Este biólogo, mitad asturiano mitad leonés, ha comido de la biología pero ha vivido de la literatura. Ha escrito en asturian y en castellano poesía, novela, relatos y literatura infantil. Y ahora nos presenta su última novela “Resulta fácil hablar del día que vas a morir” (Editorial Huso).

¿De verdad resulta fácil hablar del día que vas a morir?

-Nunca es fácil aceptar la muerte y lo que ello significa. Mis protagonistas hablan de ese día, de su día final, porque no saben, precisamente, que es su último día.

En su anterior novela, “Siempre estaré a tu lado”, que por cierto acaba de ser traducida al italiano con notable éxito, tocaba el espinoso tema del maltrato infantil; en la actual, una de las líneas argumentales se mueve alrededor del fanatismo religioso.

-Escribo para entender ciertas respuestas del ser humano que me resultan inentendibles como puede ser matar a tu propio hijo o poner una bomba en nombre de Dios. Me interesa la literatura que te plantea más dudas que aquella que resuelve. No me gustan las historias color de rosa porque en la vida no es ese el color que predomina, y hago que mis personajes vivan las contradicciones del mundo actual.

-Pero también hay amor en “Resulta fácil hablar del día que vas a morir”.

-El amor, que no es otra cosa que la sublimación del sexo, es algo maravilloso que ocurre en la vida y por tanto ha de estar en la literatura (en el fondo toda la literatura es de amor). Pero incluso en ese tema tiene que haber contradicciones, escollos que vencer, a nadie le interesa leer sobre una convencional historia de amor. En mi novela el escollo es la diferencia de edad entre los protagonistas, un amor entre un cincuentón y una veinteañera, y los problemas sociales que ello les genera.

Todos son problemas ¿Es mala la gente?

-Hay gente buena y hay gente mala. Lo que ocurre es que los malos se hacen notar mucho y su poder devastador puede ser inmenso. Y, además, a “los malos” les gusta más el poder que a los “buenos”, lo buscan con más ahínco. Para alcanzar el poder hay que ser un poco malo. Y si llegas al poder absoluto ya ni te cuento. Ahí tenemos a Hitler o a Stalin.

-El otro tema de su novela es el yihadismo. Usted ha investigado sobre ello. ¿Ha encontrado alguna explicación a este fenómeno que nos golpea?

-Es un fenómeno complejo. Todas las religiones, y cuando digo todas también estoy pensando en el cristianismo, cuando alcanzan un poder sin control externo, sin control de la sociedad civil, se vuelven voraces porque tienen vocación de exclusividad y matan en nombre de un Dios bueno para conseguirlo. Es una gran contradicción. Pero ya digo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

En el caso del yihadismo, ha habido, además, por parte de los países occidentales un nuevo colonialismo del mundo musulmán, un menosprecio por sus culturas, por sus tradiciones religiosas que ha llevado a muchos jóvenes a empuñar las armas como medio de defensa contra esa invasión cultural y religiosa, además de política. Siempre se ha dicho que si no hubiera petróleo en estos países el fenómeno yihadista no existiría.

-Ahora parece que han disminuido los atentados. ¿Han sido vencidos?

-No. Han sido derrotados temporalmente. El problema sigue estando latente y volverá a surgir. De todas formas, en mí novela lo que más me interesaba era ver cómo un joven de origen árabe completamente occidentalizado y alejado de la religión era captado por el yihadismo más violento.

Es cierto. Abdellah, el protagonista, pasa de beber alcohol y andar de discotecas a transformarse en un integrista musulmán que trata de condicionar a todo su entorno familiar.

-En general, la mayoría de los autores de los atentados yihadistas en Europa son gente muy joven, de baja extracción social sin excesiva preparación cultural y algunos próximos al mundo de la delincuencia. Una juventud sin futuro ni preparación que se siente menospreciada por su condición de “moros”, aunque lleven varias generaciones viviendo en Europa, es presa fácil para algunos imanes radicalizados que les ofrecen el paraíso y la recuperación de su dignidad como musulmanes.

En el libro las dos historias, la de amor del viejo profesor y la del chico yihadista, se mueven de forma paralela hasta coincidir ambas en Burdeos.

-Sí, es el juego del azar, la ruleta rusa en la que todos participamos sin saberlo. En la novela, no un azar, sino varios los llevan a encontrarse cara a cara a ambos protagonistas. El azar es un tema que me interesa mucho. En otro libro anterior “Historia del Ginkgo Biloba” y que, precisamente, tiene que ver con mi infancia en Sahelices, con sus paisajes leoneses, con el camino de Santiago en Sahagún…, el azar va engarzando historias como si fueran las cuentas de un rosario. Y es que el azar rige absolutamente nuestras vidas.

Incluida esta entrevista.

-Por supuesto. Somos fruto del azar

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