‘Mercancía Robada’, el desgarrador testimonio de una superviviente de trata

Lluna Vicens ha presentado su segunda obra literaria, su primera novela ‘Mercancía Robada’. Un relato en primerísima primera persona en el que describe sin tapujos su experiencia tras ser captada por una red de trata de blancas que la obligó a ejercer la prostitución forzada hasta que logró escapar y sobrevivir

‘Mercancía Robada’, el desgarrador testimonio de una superviviente de trata
José Luis Muñoz, Lluna Vicens y José María García Sánchez durante la presentación de 'Mercancía Robada' | El Taquígrafo

La librería Alibri, en el corazón del Eixample de Barcelona, se llenó la tarde del viernes de familiares, amigos, conocidos y mentores de Lluna Vicens. La escritora estaba a punto de presentar su segunda obra literaria, la que es su primera novela, Mercancía Robada. Acompañada de su maestro, José Luís Muñoz, Lluna quiso compartir con la sala breves pinceladas del relato. Alertados por la anfitriona, los presentes pronto se percataron de la dureza del mensaje. Una narración en primerísima primera persona en la que la autora describe sin tapujos su experiencia tras ser captada por una red de trata de blancas que la obligó a ejercer la prostitución forzada hasta que logró escapar y sobrevivir. Lluna no se considera una mujer valiente, se describe como una temeraria a la que le salió bien la jugada. Como una superviviente. 

Una novela de la que es necesario tomar distancia

“Tan solo tenía 18 años”, empezó Lluna, visiblemente emocionada. “Hoy, aquí y ahora, nada tengo que ver con esa niña. Así que, por favor, los que me conocéis no leáis esta novela pensado en la Lluna de la actualidad. Intentad abstraeros de mi persona, porque si no lo hacéis, no la podréis terminar”. Ojeando las primeras hojas ya se percibe la dureza del mensaje. Lluna Vicens cierra con esta publicación una herida abierta durante tres décadas, a la vez que lanza un mensaje de alerta: “le puede pasar a cualquiera, yo solo respondí a una oferta de trabajo”. Oferta que, por supuesto, nada tenía que ver con lo que realmente escondían. 

La moraleja que pretende transmitir la escritora: “que mi experiencia plasmada en esta novela sirva de toque de alerta para la sociedad”. La presentación pronto se transformó en un coloquio en el que se reflexionó sobre prostitución, educación y pornografía. Lluna insistía: “le puede pasar a cualquiera” y más con el auge de las redes sociales y la reconversión de esta histórica explotación a estas plataformas digitales. 

Lluna Vicens firmando su novela a los asistentes a la presentación de ‘Mercancía Robada’ | El Taquígrafo

Frente la explotación sexual, más sororidad 

Lluna, de fortaleza arrolladora y de carcajada sonora, llenaba todo el espacio con su presencia. Sin embargo, a medida que avanzaba la presentación, dejaba entrever momentos de debilidad que la llevaron a querer tirar la toalla. Fue en dos ocasiones: la primera, su mentor, “la comadrona” de esta durísima pero exquisita novela, José Luís Muñoz, la azuzó, “Quizás es que no estás capacitada para hacerlo”, le espetó a la escritora. Lluna, orgullosa, se tragó sus palabras y continuó escribiendo y derramando lágrimas ante la pantalla. Cuando llevaba media novela, quiso guardarla en un cajón. “No, ahora no, eres la voz de todas esas mujeres que no han podido marchar”, le dijo él. 

La escritura autobiográfica fue para Lluna una especie de terapia. Con esta novela, con la que no pretende conseguir ni justicia ni venganza, revela una vivencia que no había compartido, hasta el momento, con casi nadie de su entorno. Quizás por el estigma que todavía lleva asociado, ni sus amigos ni parte de su familia conocían el mayor secreto de su pasado. “Pase lo que pase, estaré a tu lado”, le dijo entonces su mentor. “Y eso da mucha fuerza”, reflexionaba ella. Lluna, afortunadamente, recibió el calor de los suyos, que la arroparon desde que escribió las primeras líneas de esta novela hasta el mismo día de su presentación. 

Sin embargo, la “contadora de historias”, como ella prefiere que la llamen, ha hecho un llamamiento a la sororidad. A la sororidad sincera, también fuera del 8M. A un hermanamiento de mujeres que no juzguen ni señalen con el dedo a las supervivientes. Que no pongan en cuestión ni las vivencias ni las decisiones de las demás. Que acompañen. Y, sobre todo, que no pongan etiquetas. Porque, como bien explica ella, Lluna Vicens es mucho más que aquella chica de dieciocho años que fue víctima de una red de trata. Sí, es una superviviente a un episodio profundamente traumático durante su juventud, pero su persona ha sido forjada sobre múltiples vivencias y experiencias que la han llevado a ser la Lluna que es hoy, sosteniendo orgullosa su libro, entre carcajadas, al otro lado de la mesa. 

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