Medea libre

¿Qué harían ustedes si sus hijos e hijas sufrieran un auténtico trauma cada vez que tuvieran que entregarlo a su expareja y encima, tuvieran en su mano las pruebas de la existencia de un abuso sexual? ¿Lo entregarían?

Nuria Gonzalez

Para quien no esté muy puesto en mitología grecorromana, le resumiré la parte del mito de Medea que nos interesa hoy para esta columna, lo más telegráficamente posible;

Medea, una poderosísima hechicera, de gran carácter y poco amilanable, era la esposa de Jasón. Después de ser parte fundamental en el éxito de su marido para hacerse con el vellocino de oro, poniendo ella a su servicio todos sus poderes y conocimientos mágicos, él se lo agradeció dejándola y largándose con la hija del rey de Corinto. Medea respondió a tal desplante metiéndole fuego a toda la corte de Corinto y matando a sus propios hijos, con el único propósito de hacerle daño a Jasón. Violencia vicaria ya en la antigüedad.

Esta imagen de la mujer malvada, despechada y cruel, capaz de hacer cualquier cosa por salirse con la suya (imagen construida interesadamente por la historia que en breve desmontaremos en otro espacio más amplio), es la que subyacía en el informe elaborado por la Policía Nacional en 2019, y presentado a la Fiscalía, mediante el que pretendían que se declarara a la entidad “Infancia Libre” como organización criminal. Como la familia Puyol o como el Partido Popular; todo presunto, claro.

Esta peregrina pretensión no llegó a nada ya que la Fiscalía archivó la denuncia en enero de 2020, al considerar que no había ningún indicio de actividad criminal de la entidad y que, en el caso de que alguna de las personas vinculadas a dicha organización pudiere haber cometido algún delito, no convertía a “Infancia Libre” en la Mafia.

¿Qué era Infancia Libre? Una entidad donde se daba acompañamiento a mujeres que habían denunciado a los presuntos autores de abusos sexuales hacia sus hijos menores con las que la justicia no había sido diligente, llegando en muchos casos a adjudicar la custodia de los menores a los presuntos abusadores, en una aplicación normalizada en los tribunales del inexistente SAP (Síndrome de Alienación Parental), mediante el cual, se supone, que un progenitor pone a los hijos comunes en contra del otro progenitor.

Eso, que es un invento de un pseudopsiquiatara norteamericano acusado de pedofilia y a quien no reconoce ningún organismo de psiquiatría ni la OMS, se aplica alegremente en España para apartar a las madres de sus hijos, cuyo atrevimiento ha sido denunciar un posible abuso. Las instancias de justicia de Europa ya han dado un toque de atención a España por esta cuestión, pero a la vista está que no ha servido de nada.

Es increíble que lo normal sea no creer al menor y muchas veces tampoco a los informes médicos y psicológicos, pero darle carta de veracidad absoluta a los padres, presuntos abusadores, cuando los datos del último informe de Save de Children, “Ojos que no quieren Ver” de 2019, arroja que en España sólo se denuncia un 15% de los casos de abusos sexuales de menores, de los cuales el 70% no llega ni siquiera a fase de juicio oral, mayoritariamente porque el sistema judicial español no es capaz de proteger a un o una menor, al que obliga a declarar muy cerca de sus presunto abusador, que en 87% de los casos procede del entorno familiar más cercano al menor y que en un 90% de las veces es un hombre el abusador.

Entonces, según los datos, si un menor es abusado lo más probable es que lo sea por un hombre de su entorno familiar. Sin embargo, nuestro sistema reacciona alejando a la madre de su hijo o hija abusado, incluso con orden de alejamiento y otorgando la custodia al presunto abusador.

Muchas madres, muchísimas, se encuentran en la tesitura real cada semana de tener que entregar a sus hijos e hijas a unos padres que nunca han ejercido de tal cosa por lo que sus hijos no quieren ir con ellos. No son pocas las veces que, ante la negativa explícita (expresada en llanto, ataques de histeria, crisis de ansiedad, llegando incluso a hacerse sus necesidades encima y pasar un auténtico calvario), los niños y niñas cuando tiene que irse con sus padres, esas mujeres nos preguntan a sus abogadas que qué pueden hacer.

Los jueces son inflexibles en sus decisiones de cumplir a rajatabla los regímenes de visitas y custodia estipulados, muchas veces en divorcios de mutuo acuerdo firmados bajo amenaza o con el único objetivo de escapar de una situación de violencia machista. Mutuos acuerdos que acarrean custodias compartidas que nunca debieron otorgarse. ¿Cómo es posible que jueces y fiscales de menores convaliden acuerdos de parentalidad de custodia compartida cuando uno de los progenitores tiene un historial larguísimo de malos tratos, incluso con sentencia firme?

¿Creerán sus señorías que, tras una vida de maltrato, finalmente se ha producido el milagro y en una semana se han puesto de acuerdo para divorciarse y repartirse los niños por mitad?

Obviamente no, pero da mucha menos faena ratificar un acuerdo que investigar las circunstancias en las que se está produciendo el mismo. Esas malditas custodias compartidas se están convirtiendo en el más sutil pero dañino instrumento de tortura para muchas mujeres en nuestro país.

Les quiero lanzar la misma pregunta que las madres nos lanzan a nosotras; ¿qué harían ustedes si sus hijos e hijas sufrieran un auténtico trauma cada vez que tuvieran que entregarlo a su expareja y encima, tuvieran en su mano las pruebas de la existencia de un abuso sexual? ¿Lo entregarían?

Varias mujeres decidieron no entregar a sus hijos en semejantes circunstancias. Con posterioridad a esa decisión, coincidieron en “Infancia Libre”, porque si las personas en situación normal ya necesitan apoyo, en situaciones extremas, más aún. De esas mujeres algunas ya han sido exculpadas y los tribunales han ordenado la inmediata restitución de la custodia de sus hijos a las madres, no sin antes haber pasado años de calvario, ellas y sus hijos e hijas.

Esta semana está siendo juzgada una de ellas, para quien la Fiscalía pide 3,5 años de cárcel y cinco más de inhabilitación para la patria potestad por ocultarse con su hijo durante dos años, después de que los jueces no se molestaran en investigar la denuncia que, apuntalada con informes médicos y psiquiátricos, presentó en 2014 por abusos a su hijo contra el padre de niño.

El presunto abusador, hoy querellante que pide un año más de cárcel y otro más de inhabilitación para su exmujer, dice en declaraciones públicas que los que pasa es que su mujer nunca ha querido que él viera al niño, sólo para hacerle daño.

Otra vez la mujer despechada y pérfida. Otra vez Medea

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