Matrimonios forzados I: lo que se esconde tras la boda

En Catalunya, decenas de chicas jóvenes se ven obligadas a casarse forzosamente. Tras una celebración en la que se muestra una escena de amor ficticia, se esconden chantajes, amenazas y escenas de violencia contra aquellas mujeres que se oponen al futuro que otros han diseñado para ellas.

Matrimonios forzados I: lo que se esconde tras la boda
Solo en Catalunya, desde 2018 se han judicializado 45 casos de matrimonios forzados | Mateus Souza

En el seno de una región urbanita, aparentemente moderna y de las primeras en la fila de los avances sociales, tecnológicos y culturales; en Catalunya sigue habiendo mujeres y niñas obligadas a casarse con absolutos desconocidos. El matrimonio forzado es una práctica étnica que se ha mantenido en el tiempo debido a la globalización y al auge de movimientos migratorios y que se practica en nuestra sociedad en el contexto de algunas comunidades herméticas, que lo promueven para mantener una identidad y cultura propia en el país de acogida. Así pues, lo que hace un siglo practicaban nuestros bisabuelos por compromisos de tierras y deudas, sigue siendo, para muchas jóvenes migrantes o de origen extranjero, una triste realidad invisible y silenciosa. 

De hecho, es tal el número de víctimas que se ven atrapadas en este laberinto cultural, comunitario, familiar y étnico del que no saben cómo salir, que existen grupos de trabajo policial, político y social que se dedican, exclusivamente, a la prevención, al acompañamiento y a la erradicación de los matrimonios forzados. Una práctica que en Catalunya está penada desde 2008 como un tipo específico de violencia de género. En este sentido, una de las personas que trabaja por y para la prevención de esta realidad tan dura para decenas de niñas y mujeres, muchas de ellas ya nacidas aquí, es Rosa Negre; subinspectora de los Mossos y responsable de la Unidad de Proximidad y Atención al ciudadano de Girona

Negre explica que estas mujeres, asustadas por no querer manchar el honor de la familia (lo que podría conllevar situaciones de extrema violencia y peligrosidad para estas chicas, desencadenando, incluso, un crimen de honor), se ven abocadas a casarse con hombres a los que ni siquiera conocen. Es difícil, reconoce, hacerles ver, en especial a sus familiares, que casarlas en estas condiciones aquí, en Catalunya y en España, se considera un delito muy grave. No se puede criminalizar a las familias de estas jóvenes que, lejos de querer perjudicar a sus hijas, creen estar tomando la mejor decisión para ellas al buscarles un marido con el que formar su propia familia, asegura la policía. Sin embargo, su objetivo es trabajar para evitar que esto se produzca. Por eso, insiste, el trabajo en equipo con todos los factores implicados (servicios sociales, entidades, ayuntamientos, policías y psicólogos) es imprescindible para poder frenar a tiempo este fenómeno. 

45 víctimas desde 2018 en Catalunya 

En 2014, Girona publicó el primer protocolo de actuación en la materia. En 2020 Catalunya hizo lo mismo. Un informe de trabajo en el que se establecen las principales pautas sobre cómo debe acompañarse a las víctimas. Jóvenes asustadas, que no quieren separarse de sus padres, mucho menos traicionarlos, pero que no quieren el futuro que han diseñado para ellas. Además, al tratarse de chicas muy jóvenes, la mayoría no disponen de una independencia económica que les permita subsistir por sí mismas en caso de abandonar el núcleo familiar. A partir de ahí: miedo, sentimiento de culpa, ansiedad y depresión. A esto se suele sumar toda una campaña de presión y chantaje, que a veces incluye la violencia física y verbal, por parte de sus familiares y de la comunidad para que recapaciten sobre la decisión que han tomado. 

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El acompañamiento, asegura Rosa Negre, es un proceso largo que, lamentablemente, no siempre termina en buen puerto para estas chicas. Muchas de ellas piden ayuda, quieren ser asesoradas, pero, a veces, nunca se atreven a denunciar los hechos. Las familias, normalmente, quieren lo mejor para sus hijas y es complejo hacerles entender que ellas también tienen voz y voto. En este sentido, en los últimos tres años en Catalunya, los casos que finalmente han llegado a manos del juez han sido: 12, en 2018; 15, en 2019; y, 18 en 2020. La policía insiste en que son muchas más las víctimas, pero que solo se contabilizan los casos que se judicializan. Suele ser la propia víctima – muchas de ellas ya universitarias – quien acude a pedir ayuda. También la escuela, en el caso de menores, y las amistades, alejadas de la comunidad, suelen participar en la detección y puesta en conocimiento de estos casos. 

Huir de la familia 

Lamentablemente, añade Negre, y así lo confirma Ariadna Vilà, psicóloga y coordinadora de la asociación ‘Valentes i Acompanyades’ (dedicada al acompañamiento y soporte de mujeres en riesgo o ya víctimas de los matrimonios forzados), hay casos en los que se debe actuar con cierta rapidez porque la vida de las chicas puede correr peligro. “Tenemos que conocer muy bien su entorno: la etnia, la familia, si hay una dinámica de violencia dentro del núcleo familiar, si hay antecedentes de mutilación genital y si tiene una red de soporte”.

A veces, aunque no es la situación idónea, como último recurso las mujeres son acogidas temporalmente en pisos, propiedad de la asociación para víctimas de este tipo específico de violencia. Las hay que cuentan con algún apoyo en su entorno más cercano o recursos suficientes como para volver a empezar. Pero no es sencillo. “Nos hemos encontrado chicas de 19, 20 años que son analfabetas”, confiesa Vilà.

En cualquier caso, a partir de la primera toma de contacto la asociación pondera los factores de protección y riesgo de cada mujer y desarrolla un plan de atención integral basado en 8 áreas: de vivienda, económica, salud, red social, formación, laboral, atención psicológica y acompañamiento emocional y la administrativa jurídica.

El peso del honor 

El matrimonio forzado lleva, además, asociado de forma intrínseca toda una serie de formas de violencia contra la mujer. Maltrato psicológico, físico, emocional, sexual e incluso reproductivo, cuando aquellas que no lo desean son obligadas a ser madres. Esta presión recae principalmente sobre las mujeres. Aunque existen casos de hombres que también se ven obligados a contraer matrimonio, son ellas quienes llevan sobre sus espaldas la losa del honor familiar y quienes deben defenderlo a nivel comunitario. Y el honor, principalmente, recae sobre su virginidad. Ellos, aunque a veces también sean víctimas de una decisión involuntaria, no tienen que llegar vírgenes al matrimonio, pueden seguir trabajando fuera de casa y pueden divorciarse. Ellas no. El matrimonio forzado, ya lo ven, es mucho más que una boda. 

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