“Mátame. Yo ya estoy muerto”

“Mátame. Yo ya estoy muerto”

Soy el hombre del espejo. Cualquier cosa que ves en mí está en ti, yo soy tú, y cuando admitas esto serás libre”. (Charles Manson)

En el mundo en el que vivimos existen historias de crímenes despiadados que pasan sin pena ni gloria por el cauce televisivo. Otros, en cambio, son estudiados hasta la saciedad en escuelas de criminología, psicología o psiquiatría. Casos de asesinatos conocidos donde el protagonista es un psicópata, sociópata o actúa bajo una psicosis. Trastornos de personalidad, locura transitoria, delincuencia, abusos… Hay todo eso y más y aun así Charles Manson es otra dimensión —más allá de la mera clasificación— que pasó a los anales de la historia criminal y de la sociedad en general.

Tipificar los crímenes perpetrados por Manson y «su Familia» es ciertamente complejo. Pero esa complejidad se duplica cuando existen lagunas que aún no han sido capaces de resolverse. Si la base de la investigación no se consolidó en su día pese a ser uno de los casos más manoseados, si las preguntas ¿qué? y ¿por qué? no fueron resueltas, la historia sigue abierta para aquellos que decidan especular con miles de hipótesis. Porque una historia inconclusa es una jugosa oportunidad para cualquiera que se atreva ponerle el punto y final.

El final del verano del amor

Explicar qué ocurrió en el Cielo Drive de Sharon Tate y en casa de los LaBianca ese agosto de 1969 es baladí. Todos lo saben. Hubo demasiada violencia, demasiado ensañamiento, demasiadas cuchilladas, demasiada sangre. Todo en los asesinatos fue desmesurado y pienso que recrearse en su historia no es necesario. Hoy no. Pero sí lo es hablar del tormento de emociones que tiempo después trajo consigo.

Esos hechos marcaron el fin del conocido como verano del amor y el comienzo de una paranoia colectiva, especialmente en el sector hollywoodiense. Manson provocó una “ruptura americana” todavía hoy difícil de cerrar pese a haber trascurrido medio siglo.

En 1974, cinco años después, el fiscal Vincent Bugliosi, que llevó el caso de Manson y la Familia, publica ‘Helter Skelter’, la «versión oficial». Pero muchas veces, gran parte de lo que aceptamos como hechos no lo son. Es ficción.

Hoy, cincuenta años más tarde, Roca Editorial decide publicar ‘Manson. La historia real‘ de la mano del periodista Tom O’Neill. Lo que empezó siendo un artículo-reportaje a finales del siglo XX para una revista americana se convierte en veinte años de investigación que llevó a Tom al borde de la obsesión, la ruina económica y la locura, mientras desmontaba esas piezas de ‘Helter Skelter’, un «puzle forzado a encajar», un guion bordado para el juicio. Pero el puzle tenía piezas sobrantes y esas eran las que Tom quería hacer encuadrar.

¿Quién es Manson?

Charles Manson era aquel hombre de metro cincuenta que se convirtió en el líder de una comuna hippie que proclamaba racismo, rock y apocalipsis en los mismos. ¿Su finalidad? Provocar una guerra racial. Un icono americano odiado por unos y vanagloriado como Hombre del Año por otros tras los crímenes.

Manson pasó la mayor parte de su juventud en instituciones reformatorias y penitenciarias. Era un hijo del sistema penal. Tal acabó siendo su arraigo en ellos que un día pidió no salir.

“Mi padre es una prisión, mi madre un sistema, soy lo que ustedes me hicieron. Los miro y me digo: ustedes quieren matarme y yo ya estoy muerto. Toda mi vida estuve muerto”.

Su Familia —Susan Atkins, Patricia Krewinkel, Linda Kasabian y Charles Tex Watson— eran los principales nombres que, junto a Charles Manson, resonarían durante décadas entre pasillos de juzgados, charlas de bar o conversaciones telefónicas. Personas sin antecedentes penales anteriores y cuyo comportamiento nunca fue sospechoso, de repente, empezaron a engrosar las portadas de los grandes periódicos.

El gurú al que veneraban, Manson, fue capaz de reprogramar las mentes de sus seguidores y conseguir su sumisión extrema a base de orgías, drogas y adoración. Y envanecido de su poder, trasformar la muerte de los demás en un acto de amor. Bugliosi lo llamaba «la metáfora del mal». Quizás Charles tenía razón: él ya estaba muerto.

Caso ¿cerrado?

¿Fue el caso Manson un crimen moldeado a interés de la Fiscalía? ¿Vicent Bugliosi hizo suceder ‘Helter Skelter’? ¿Qué ocurrió realmente tras las paredes de Cielo Drive? ¿Se manipuló la escena del crimen? ¿Fue Manson un espía de la CIA?

Todos en aquella época creían que el caso estaba concluso y, tras los muchos «no tengo nada que decir» que se fue encontrando por el camino, Tom llamó a sus puertas y empezó a tirar del hilo de esas pequeñas piezas de ‘Helter Skelter’ que no acababan de engranar, destapando agencias de espionaje y contraespionaje, entrevistas encriptadas, conspiraciones silenciosas, documentos eliminados, crimen organizado e investigaciones con humanos.

Muchas son las preguntas que aún quedan por resolver, si es que algún día consiguen tener una respuesta única. Mientras tanto, Tarantino seguirá haciendo películas en su honor, Mindhunter intentará descubrir qué tipo de personalidad tenía, Tom O’Neill continuará obsesionado con averiguar el significado de la pregunta ¿por qué?

Y tras ellos y como ellos, habrá quien sueñe con encontrar la verdad en mitad de la vorágine que fue y aún es, desde su tumba, Charles Milles Manson: el hombre mitad Dios mitad Demonio capaz de zarandear a toda una población y a una época, evocando el mal sin condición.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here