Mata por mí: Instigadoras del crimen

Algunas mujeres buscan un «brazo ejecutor» para acabar con la vida de otra persona. Quieren que maten por ellas, y muchas veces lo consiguen. Buscan su impunidad tratando de demostrar que son más listas que nadie. Pero se equivocan.

Paz Velasco de la Fuente

Los hombres y las mujeres hacemos muchas cosas diferentes. Matar, también, por supuesto. Las mujeres homicidas son metódicas, altamente organizadas, pasan desapercibidas en su entorno familiar y profesional, son pacientes y matan en silencio. No buscan llamar la atención, simplemente, cumplir su objetivo: matar, eliminar a una persona. Pero también están las que prefieren que otros «hagan el trabajo» y maten por ellas. Son las asesinas inductoras.

Modus operandi y «arma del crimen»: utilizar a un tercero

No es fácil que alguien mate por ti, pero estas mujeres lo consiguen. Tienen diferentes motivaciones para acabar con la vida de otra persona, pero todas utilizan el mismo modus operandi: un tercero matará a «su» víctima. Ese tercero es el «arma del crimen». Ellas son las autoras intelectuales del asesinato, las que idean y planifican el crimen, pero, en su iter criminis, añaden un elemento más: un victimario que será el autor material de ese crimen.

Sus motivaciones pueden ser instrumentales, como obtener un importante beneficio económico tras la muerte de la víctima. O motivaciones emocionales, como el odio, los celos y la venganza. En algunos casos, las motivaciones son personales, como acabar con una vida llena de frustraciones o simplemente querer vivir una nueva vida en la que esa persona ya no tiene cabida.

Armas de mujer que convencen a amantes

Estas semanas, todos hemos estado pendientes del caso de la ‘viuda negra’ de Patraix (Valencia) y de uno de sus amantes, Salva. Asesinó al marido de Maje siguiendo sus indicaciones y mató por (y para) ella, esperando como recompensa su amor. Maje, experta en llevar una doble vida, utilizo su astucia, su capacidad de seducción y manipulación y, por supuesto, el sexo, para convencer a Salva. Una mujer con una gran habilidad para mentir, engañar y manipular a su entorno. Maje estaría dentro de la tipología de aquellas inductoras criminales que utilizan sus armas de mujer para convencer a un hombre con un letal objetivo: matar.

Uno de los argumentos que suelen utilizar para convencer a sus amantes es la autovictimización. Se muestran como mujeres frágiles que son victimizadas por un marido que las maltrata de palabra u obra y ellos quieren salvarlas de ese infierno. En otros casos, utilizan el chantaje emocional y el bien interpretado enamoramiento fingido. En este último caso, la inductora hace sentir a ese hombre, como si fuera el centro del universo, sin que sea capaz de ver qué es lo que verdaderamente hay detrás de ese falso amor. Los victimarios son sus amantes y se terminan convirtiendo en asesinos. Hombres perdidamente enamorados que hacen cualquier cosa ante la sola idea de perder a esa mujer.

Mujeres pragmáticas: Mercantilizar la muerte

Tenemos, también, a las pragmáticas, aquellas mujeres que prefieren acabar con la vida, casi siempre de su marido, a través de una relación mercantil. Buscan a un profesional, negocian lo que vale la vida de la víctima y se desentienden de todo. Aquí, el victimario es un desconocido, un profesional de la muerte, ya que matar es su modus vivendi. En 2009, Alicia Pagan contrató, a través de un intermediario, a dos sicarios para que acabaran con la vida de su marido, un médico forense de Girona. Sin embargo, a pesar de los cinco disparos que la víctima recibió, sobrevivió. O María Dolores M., la abogada de Ciempozuelos (Madrid), condenada a 22 años y seis meses de prisión por ordenar el asesinato de su marido.

Os comento un caso que viví muy de cerca, ya que la protagonista de esta historia es de un pueblo de mi provincia, Valladolid. En 2014, Lorena Fernández Gallego, contrató a unos sicarios búlgaros para acabar con la vida de María Teresa, esposa del periodista deportivo, Paco González. El plan no prosperó porque les dio una dirección errónea. Tras su detención y entrada en el psiquiátrico penitenciario, ya que junto a Iván Trepiana apuñaló a María Teresa dentro de su coche para matarla ella misma, volvió a ponerse en contacto por carta con otros sicarios para que terminaran lo que ella había comenzado, con una insistente petición: «que se haga bien el trabajo». Lorena estaba obsesionada con el locutor de radio y dentro de su delirio ‘erotomaniaco’, María Teresa era un obstáculo para mantener una relación sentimental que no existía. En 2017, el Tribunal Supremo ratificó la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que la condenó a 20 años de internamiento en un centro psiquiátrico penitenciario.

Inducir a la venganza

Por último, tenemos a aquellas mujeres que convencen a otro o a otros a base de alimentar su odio día tras día, sin prisa. Son pacientes y saben cómo hacerlo, hasta el momento en el que un estresor les hace tomar la decisión final y salen a matar. En estos casos, el victimario puede ser algún miembro de la familia, amigo o incluso alguna persona de confianza. Esto es lo que ocurrió en el caso de la masacre de Puerto Hurraco (Badajoz). Luciana y Ángela Izquierdo fueron las instigadoras de un crimen que conmocionó a España. Buscaban venganza, querían que Puerto Hurraco y sus gentes sufrieran como habían sufrido ellas, y convencieron a sus hermanos, Emilio y Antonio, los asesinos, para que salieran aquella noche de agosto de 1990 a matar a sangre fría a parte de la familia Cabanillas, a la que odiaban.

Nos guste o no, las mujeres tenemos un arma poderosísima, y de todos son conocidos episodios de nuestra historia dónde se han ganado guerras, han caído monarcas y se han borrado fronteras con tan solo unas noches de alcoba. Hay un arquetipo femenino que podemos encontrar en todos los momentos de la historia de la humanidad, desde Salomé hasta la ‘viuda negra’ de Patraix: mujeres astutas, bellas, irresistibles y altamente peligrosas. Y como veis, sin salir de nuestras fronteras porque, en España, tenemos criminales y, como dirían algunas, ‘criminalas’ de todo tipo, aunque esto no les haga ni la menor gracia.

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