Marihuana en Catalunya: más violencia, más corrupción y más armas

Actualmente todas las grandes organizaciones criminales se dedican al tráfico de marihuana. Esta nueva realidad no implica que hayan abandonado sus anteriores actividades delictivas. Más bien todo lo contrario: ahora las compaginan

Marihuana en Catalunya: más violencia, más corrupción y más armas
Las grandes organizaciones criminales transnacionales compaginan sus habituales actividades delictivas con el cultivo y tráfico de marihuana / El Taquígrafo

Las organizaciones criminales más potentes a nivel internacional han encontrado con el cultivo y tráfico de marihuana una vía rápida y efectiva para obtener ingresos constantes. Las cuatro cosechas anuales que se obtienen de la explotación de esta droga permiten a dichas mafias mantener unos ingresos estables durante todo el año, que compaginan (“por supuesto”) con las otras actividades delictivas a las que se dedican de serie. De este modo, asegura Toni SallerasInspector, Jefe del Área Central de Crimen Organizado de los Mossos, las grandes organizaciones transnacionales han añadido a su abanico de delitos, los relacionados con el tráfico de marihuana.

“A día de hoy, prácticamente todas las grandes organizaciones criminales transnacionales se dedican al cultivo y tráfico de marihuana. Eso no significa, en ningún caso, que hayan abandonado sus anteriores qué haceres delictivos. Más bien, todo lo contrario. Compaginan el cultivo de marihuana con sus otras actividades ilícitas”, matiza el Inspector. En la actualidad, como vienen advirtiendo los Mossos d’Esquadra desde el año 2017, este escenario es el que se ha trasladado y asentado en Catalunya, principal productor y exportador de la marihuana que se consume en Europa.

La marihuana y la necesidad de poseer armas de fuego

Grandes mafias del crimen organizado se han instalado en este territorio, afincando con ellas todas su prácticas criminales. Su “misión” ahora es luchar para ver quien puede acaparar más terreno en el nuevo paradigma de la “marihuana”. “Aquí se cultiva, y aquí llegan las organizaciones criminales para vigilar de cerca sus plantaciones” narra Salleras, en la radiografía global que ofreció a este medio sobre las principales consecuencias de la llegada masiva de organizaciones criminales a Catalunya.

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No obstante, esta actividad no sólo trae consecuencias peyorativas para el seno de nuestra sociedad, sino que también ha obligado a las distintas mafias a adoptar medidas de seguridad para protegerse y repeler la violencia entre clanes rivales. Violencia que se ha generado, principalmente, por la tensión por el dominio del territorio. Estas medidas implican, en la mayoría de los casos, la adquisición de armas de fuego para proteger sus cultivos de posible “vuelcos” (ataques de otras organizaciones rivales para robar droga).

Los ‘narcoasaltos’ salen a cuenta

“Los vuelcos salen a cuenta” lamenta el Jefe del Área Central de Crimen Organizado de los Mossos. “La droga permanece en el territorio mucho más tiempo que cuando solo era una región de paso y, además, son prácticas que raramente se denuncian porque ningún narcotraficante se arriesga a reconocer ante la policía que le han robado la droga”. Esta nueva realidad ha provocado que muchas organizaciones recluten armamento para protegerse y proteger sus bienes. Armas de fuego que, “por supuesto”, estas mafias pueden utilizar con facilidad para el resto de las acciones delictivas a las que se dedicaban con anterioridad.

En este sentido, los ‘narcoasaltos’ o ‘vuelcos’ son una práctica que se ha duplicado desde el 2018, al mismo tiempo que se han ido aposentando todas estas organizaciones en Catalunya. De hecho, en el 68% de los ‘narcoasaltos’ registrados durante el 2020 (cerca de 100 incidentes en total) se incautaron armas de fuego. “Ahora – explica el Inspector Salleras – en la mayoría de las medianas y grandes organizaciones todos los miembros van armados para protegerse y proteger sus bienes”. Esta tenencia ilícita de armas, además de ser un delito, ha provocado los primeros homicidios a raíz del conflicto originado por el cultivo de marihuana. Ejemplo de ello, así como de los “vuelcos”, es la muerte de un joven en Les Borges Blanques (Lleida) mientras protegía una plantación. 

Más corrupción

Cabe recordar, como alerta el Inspector Toni Salleras, que estas organizaciones criminales también han traído consigo la corrupción de actividades y sectores relacionados con su labor criminal: lampistas, servicios de inmobiliarias, transportistas e, incluso, policías, como se ha constatado precisamente esta semana en Llinars del Vallès.

“Todavía no somos un narcoestado, pero tenemos que seguir trabajando para evitar serlo” sentencia el Jefe del Área Central de Crimen Organizado. El caldo de cultivo – asegura – hace años que lleva cociéndose a fuego lento y lamentablemente se dan muchas circunstancias propias de un estado dominado por las mafias de la marihuana.

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