Mafias del este: “llegaron, miraron y blanquearon”

Se apoderaron de clubs, restaurantes y chalés. Y todo ello de una forma similar a la que Julio César se impuso ante el Reino del Ponto: “Veni, Vidi, Vici”.

Mafias del este: “llegaron, miraron y blanquearon”
Ilustración de Pepe Farruqo

“Veni, Vidi, Vici”. Llegué, miré, vencí. En el año 47 a.C. el general romano Julio César verbalizó estas palabras ante el Senado de Roma para describir la facilidad con la que había ganado su última batalla en la guerra contra el Reino del Ponto. Actualmente, dicha expresión se utiliza para referirse a la rapidez con la que se consigue hacer una tarea o hazaña con éxito. Es algo así, precisamente, como la mafia ruso-georgiana podría describir la fórmula para blanquear su dinero ilícito en nuestro país. Llegaron, miraron y blanquearon.

Llegaron y compraron las inmobiliarias

Aterrizaron hace ya casi tres décadas. A mediados de los 90. Uno de sus destinos favoritos desde entonces fue la Costa del Sol: lujos, excentricidades y mucho pijerío donde invertir (blanquear) el dinero obtenido de todo tipo de actividades criminales cometidas por toda Europa. Marbella, la lujosa y ostentosa Marbella de los 90, fue el lugar perfecto para pasar desapercibidos. Pronto, como evidenció años más tarde el primer gran operativo policial y judicial contra la mafia ruso-gerogiana en nuestro país, la ‘operación Avispa’, empezaron a corromper el sistema inmobiliario de la zona.

Se apoderaron de clubs, restaurantes y chalés. Y todo ello de una forma similar a la que Julio César se impuso ante el Reino del Ponto. Sin mucho dificultad compraron varias inmobiliarias de la zona y los rusos andaban por Marbella en verano como un empresario más que viene a España a disfrutar “honradamente” de sus vacaciones.

Vencieron y, aun así, quisieron más

La Costa del Sol, por supuesto, no fue el único destino que tuvo y que tiene que lidiar con la garra de las mafias del este. Barcelona, Valencia, Alicante, Madrid o las Baleares también han sufrido y sufren sus trapicheos y movimientos, de blanqueo principalmente.

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El problema grave llega cuando estas organizaciones criminales necesitan y anhelan más. Lejos de contentarse con dominar y comprar el sector inmobiliario, empezaron a necesitar estar cerca del poder real en las instituciones y las grandes corporaciones con influencia en la política. El fiscal Anticorrupción David Martínez Madero, en 2005, durante la primera fase de la ‘operación Avispa’, ya mencionó entonces las palabras: “Penetración Social”.

La “Penetración Social”

Tariel Oniani y Zakhar Kalashov, dos de los grandes capos rusos instalados en España y perseguidos a raíz de la investigación del caso Avispa, hicieron grandes esfuerzos en su momento para adentrarse en el poder de varias empresas o corporaciones afines al poder. Uno de esos esfuerzos salpicó al Fútbol Club Barcelona. El encargado de vincularse con el club se llamaba Botyr Rakhimov y está fugado de la justicia española desde el año 2010, cuando la policía y los Mossos d’Esquadra realizaron la ‘operación Java’ contra las mafias georgianas y rusas afincadas en Catalunya. Antes de fugarse, Rakhimov frecuentaba la compañía de algunos de los futbolistas del Barça.

Por otro lado, un informe de wikileaks, que cayó en manos de los fiscales españoles José Grinda y Juan José de la Rosa, alertaba de que las fuentes de energía eran otro de los sectores donde los grupos de criminales rusos querían infiltrarse. El primer intento lo realizaron en 2002. El gigante petrolero ruso Lukoil firmó un acuerdo con la sociedad barcelonesa Sarmet on Plus para instalar 150 gasolineras en España. Finalmente, aquello acabó en los tribunales y Lukoil tuvo que esperar. En aquellas negociaciones participaron como supuestos representantes de la megapetrolera rusa, según los servicios de información españoles, Oniani y Kalasho.

Y si… ¿al final vencen del todo?

Tariel Oniani fue juzgado en 2019 por la Audiencia Nacional, 15 años después de que se ejecutase la ‘operación Avispa’. Fue uno de los principales objetivos de dicha investigación contra la mafia ruso-georgiana en España y escapó gracias a un chivatazo del palacete en Pedralbes al que fueron a detenerle. Él no logró infiltrarse, penetrar en los cimientos del status quo, de las instituciones, pero ¿podemos afirmar que otros no lo han conseguido? De hecho, Oniani, algo tuvo que lograr si pudo escapar gracias a un chivatazo. ¿Cuántos Onianis más habrán llegado a España en este trascurso de tiempo?

Que blanqueen con la facilidad con la que Julio César venció esa batalla es triste, porque lo hizo porque nadie se presentó a la contienda. Le dejaron ganar. No opusieron resistencia. Los del Reino del Ponto sabían que el general romano llegaría en cualquier momento y decidieron perder antes que luchar. ¿Cuántas veces habrá pasado esto con las organizaciones criminales que llegan a nuestro país a blanquear su dinero sucio? Pero más triste aún: ¿Cuántas veces la mafia rusa habrá querido penetrar en nuestra sociedad y como le pasó al general Julio César lo habrá conseguido? Siento no tener la respuesta. Sin embargo, de lo que estoy convencida es de que lo han intentado y lo siguen intentando.

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