Luís Ballester: antes de ser violadores, consumieron porno

El 32% de los hombres, según la encuesta sobre Violencia contra las Mujeres de 2018, cree que forzar a tener sexo a sus parejas, contra su voluntad, no es violencia de género, ni violencia de ningún tipo. La industria del porno ha contribuido a la normalización de prácticas violentas a la hora de tener sexo dentro y fuera de la pareja

Luís Ballester: antes de ser violadores, consumieron porno
Entrevista con Luis Ballester, Dr. en Sociología y Filosofía y profesor de Métodos de Investigación en Educación en la Universitat de les Illes Balears / El Taquígrafo

El profundo odio que sienten hacia las mujeres es lo que une a los miembros de esta subcultura que triunfa en la red. Fieles defensores del derecho a la violación, algunos de ellos han llevado esta postura al extremo y se han convertido en los nuevos asesinos de masas. Y aunque no todos se sienten identificados con la corriente más violenta, desde 2014, la irrupción de este fenómeno ha abierto el debate de si esta nueva comunidad machista, que culpa a las mujeres de sus frustraciones sexuales, puede ser considerada como grupo terrorista. ¿Qué tiene que ver la casi normalizada cultura de la violación con el surgimiento de estos misóginos radicales? ¿Cómo puede ser que se justifique el derecho a la violación? ¿Quienes se esconden tras estos pensamientos? ¿Cómo hemos llegado como sociedad a tal extremo?

Para descubrir qué se oculta detrás de estos internautas autodenominados INCEL (célibes involuntarios), El Taquígrafo se ha puesto en contacto con Luís Ballester, Dr. en Sociología y Filosofía y profesor de Métodos de Investigación en Educación en la Universitat de les Illes Balears, para comprender los entresijos de esta “moda” y las influencias que el porno y las redes sociales tienen sobre la misma. 

¿Qué es la “cultura de la violación”?

Es un modelo de violencia, profundamente arraigado en el patriarcado, expresado en la prostitución y en la violencia sexual contra las mujeres y, más recientemente, claramente mostrado y promovido por la nueva pornografía, la distribuida y consumida a través de internet. El mensaje central de esta cultura es que las mujeres están a disposición de los hombres, sexualmente dispuestas en cualquier momento para los hombres, sea aceptando ese papel que se les asigna o forzándolas violentamente. 

Como es evidente, incluye la cosificación de las mujeres, la consideración de la mujer como objeto sexual, algo que se muestra perfectamente la pornografía.

¿Es un fenómeno normalizado en la sociedad actual? ¿Qué nos hace pensar que esto es así?

Ha alcanzado una dimensión tan brutal y dispone de medios tan poderosos (pornografía, prostitución, hipersexualización de las sociedades actuales…), que se puede afirmar que se encuentra en un proceso de normalización brutal. Un ejemplo de su normalización lo tenemos en los resultados de la encuesta sobre Violencia contra las Mujeres de 2018: en ella el 32% de los hombres consideraban que forzar a tener sexo a sus parejas, contra su voluntad, no es violencia de género, ni violencia de ningún tipo.

Una de las conclusiones más claras es que nos encontramos ante un cambio cultural de dimensiones muy preocupantes, mientras pensábamos que las tecnologías de internet podían representar avances sociales, se han convertido en aliadas del dominio sexual y social más bestial. Gracias, sobre todo, a internet, la cultura de la violación ha ido entrando en todos los ámbitos, incluido el ocio (compra de mujeres), el sistema publicitario (violaciones representadas como atractivo) y otros ámbitos preocupantes (absolución o penas ridículas en los tribunales).

¿Han contribuido las redes sociales a esta normalización o incluso a fomentar las violaciones? ¿Qué tipo de redes y por qué?

Claramente, las redes sociales son uno de los subsistemas de internet que ha sido más activo en el desarrollo de esta cultura de la violación. En parte, por convertirse en mostradores de la representación cosificada de las mujeres (los likes se asocian a las imágenes sexualmente más explícitas o insinuantes) y del machismo más cutre (puntuación de las mujeres, narraciones de aventuras sexuales en prostitución o en otros contextos, etc.). Pero, también por haberse convertido en la puerta de entrada a la captación para la pornografía y la prostitución, lavando la cara de ambos medios de sumisión y explotación. Es como si realizaran un casting constantemente de todas las candidatas, en ocasiones engañadas, otras fascinadas por los likes recibidos.

Desde la generalización de las tecnologías 4G, se ha desarrollado un negocio creciente sobre la base de la exposición de centenares de miles de mujeres, de todas las edades, en internet, construyendo un continuo de expositores casi indiferenciados, pero con tres niveles miméticos entre ellos. El primero muestra y capta a mujeres en un casting en abierto en plataformas como Instagram, TikTok u Onlyfans. En el segundo nivel, se muestra de manera denigrante, de acuerdo a las fantasías de libre disposición y “uso” sin límites del cuerpo de las mujeres, mediante la pornografía online. El tercer nivel se corresponde con una compra directa, a través de un catálogo web. Se trata del nivel extremo de la cosificación y venta de las mujeres: muestras de mujeres en situación de prostitución.

¿A qué factores podemos atribuir el auge de violaciones grupales?

La normalización, el discurso de la aceptación de cualquier práctica sexual por todas las mujeres, la centralidad de la fantasía de dominio y del deseo masculino, la extraña ilusión del “capital sexual” (aceptado absurdamente por hombres y también por mujeres, aunque implique la extrema cosificación) y otros factores están generando una cultura del porno, del dominio masculino, esa cultura de los nuevos salvajes.

Ese conjunto de influencias, generan varios efectos tóxicos: en primer lugar, la consideración de que, como muestra la pornografía en internet, centenares de miles de mujeres están dispuestas a satisfacer en cualquier momento y de cualquier manera, las fantasías y los deseos de los hombres. Por otra parte, se genera una idea entre los jóvenes de que las aventuras más emocionantes, pasan por conseguir realizar esas fantasías de dominio y explotación con cualquier mujer. Además, se le añade la percepción de impunidad ante la absolución o las ridículas penas que reciben los hombres implicados en violaciones, a pesar de existir filmaciones y de haberlas compartido en redes sociales. Esta percepción de impunidad incentiva, además, la multiplicación de las violaciones grupales, apoyadas y jaleadas desde foros de “machos” en los que incluso se puntúa a las mujeres y se dan recomendaciones para las aventuras de violación.

¿Qué incidencia tienen las redes en la comisión de violaciones grupales?

Creo que son responsables de preparar el camino y poner las bases para que se realicen los actos violentos. Los foros de pornografía son colaboradores necesarios de la violencia, ya que la normalizan, la banalizan, la convierten en una posibilidad para los “machos” de moral fuerte o sin moral ni empatía.

¿Y el consumo de la pornografía, qué incidencia tiene en la comisión de las violaciones grupales?

Claramente es un colaborador del aumento de las manadas, de las violaciones en grupo. En torno a un 25% de los adolescentes y jóvenes han visto más de mil horas de pornografía cuando llegan a los 20 años, eso significa muchas horas de familiaridad con la violencia simbólica y física en relación a las mujeres. Esa familiaridad, facilita cuatro efectos: La desconexión empática, es decir, dejan de empatizar con las mujeres violadas en el porno, y se identifican con el violador. En segundo lugar, se familiarizan a edades muy tempranas con prácticas de extremado riesgo para las mujeres, así como prácticas de sumisión (bukake, incesto, sexo con menores, etc.). En tercer lugar, cambian sus actitudes más profundas sobre las relaciones interpersonales. Y por último, la necesidad de consumir cada vez más porno y más violento para mantener el nivel de excitación lleva asociada una escalada en la conducta. 

Es cierto que, por ahora, los aspectos más negativos solo afectan a una parte de los grandes consumidores de porno o de los hombres dispuestos a todo, que serán los que pasarán a violar en situación de prostitución o en una situación social. Pero de una u otra manera afectan a toda la sociedad.

¿Qué opinión te merece la existencia de portales virtuales dedicados exclusivamente a contenidos misóginos como aquellos vinculados al movimiento INCEL?

El movimiento InCel (‘involuntariamente célibes’), se ensaña contra las mujeres que no quieren sexo con ellos, es un ejemplo extremo de lo que hemos estado hablando. Se trata de posiciones que no se expresaban abiertamente hasta hace poco. Como no lo hacían los movimientos que defienden el derecho al incesto, con argumentos tan absurdos como que se trata de un tabú moralista. Tampoco se expresaban antes quienes incitan a prácticas sexuales basadas en autolesiones o lesiones de otras personas (amputación de miembros, por ejemplo), el sexo con animales y otras perversiones.

 Es interesante observar cómo se expresan, es muy preocupante que existan y promuevan conductas y hasta movimientos legales para conseguir tolerancia. Me parece que el debate sobre la libertad de expresión se tiene que plantear estas situaciones de incitación a la violencia. En la gran mayoría de casos, se aprovechan de situaciones de dominio, de personas confusas o desequilibradas, del engaño, de la familiarización con la violencia y la perversión que ha producido la nueva pornografía con su exposición brutalmente amplificada en internet.

¿Qué lleva a los INCEL a justificar la violación de las mujeres a las que perciben como causantes de su fracaso y frustración?

Son de hombres heterosexuales, extremadamente frustrados por diversos motivos, que focalizan su odio en las mujeres, considerando que tienen derecho a forzar el sexo, ya que sus elecciones de mujeres (como si fueran objetos) y sus fantasías sexuales no se aceptan de buen grado. Se quejan de ser ‘involuntariamente célibes’, siendo culpables de su virginidad las mujeres que los han rechazado. Creen que, como muestra la pornografía, las mujeres deben estar disponibles para los hombres, pero ellos han intentado realizar esa fantasía, seguro que de manera muy torpe, y han encontrado rechazos que consideran injustificados. Promueven coger lo que se merecen, y eso significa no tener en cuenta la voluntad de las mujeres, callarlas mediante un acto violento de dominio que las convierta (como en el porno) en objetos sexuales.

Si te fijas, han cambiado las reglas del juego machista: lo que ves en la pornografía, si no lo puedes realizar con tu pareja, entonces lo compras en la prostitución. Ellos entienden que el porno les ha mostrado cómo deben ser las relaciones, que no hay que pagar: las mujeres sólo tienen sentido para satisfacer las fantasías y deseos de los hombres. 

¿Qué lleva a una persona a desarrollar un odio tan profundo hacia las mujeres, a las que consideran pseudohumanos crueles, hipersexualizados e inalcanzables y hacia hombres estereotipados que consideran atractivos y con un status elevado?

La distorsión generada por años de pornografía y la falta de educación afectiva y sexual, la desconexión con sus emociones, la incapacidad para entender cómo nos relacionamos los humanos, en condiciones saludables y placenteras para todos.

¿Cómo se puede combatir la subcultura INCEL? ¿Sus actos más violentos pueden considerarse terrorismo?

Creo que se trata de un fracaso cultural y civilizatorio de gran magnitud. Como defiende la UNESCO, la educación de las emociones, afectos y de la sexualidad, representa una necesidad y un reto para nuestras generaciones. Hace tiempo que observamos las consecuencias de que todavía sea un reto, en el crecimiento de la violencia. También hay retos legales y de conciencia social. Se necesita dejar de banalizar todas estas cuestiones, dejar de pensar que el patriarcado es una fantasía, porque se expresa de manera muy poderosa, con medios cada vez más capaces de generar efectos: internet y los medios de comunicación.

Ya que me preguntas directamente si se trata de actos homologables al terrorismo, creo que sí se puede hacer esa analogía: son violentos, pretenden cambios sociales por la fuerza, no les importa el sufrimiento que generan, utilizan un discurso completamente distorsionado (estereotipado, distorsionado, insensible a los hechos…). 

¿Qué relación podría existir entre los INCEL, personas profundamente inseguras y con una bajísima autoestima y el estereotipo de belleza ideal que triunfa en las redes? ¿Y la justificación de la violación de los INCEL con la pornografía?

Parte de la fantasía distorsionada que genera el porno es que todas las mujeres, de todas las edades y condiciones, están completamente disponibles en todo momento y para hacer cualquier cosa. Ese absurdo, genera la falsa seguridad de sentirse maltratados cuando se dan cuenta de que fuera del porno y de la prostitución, es decir, fuera de las situaciones de explotación sexual, esa disponibilidad es solo una fantasía masculina sin sentido. 

1 Comentario

  1. La misma izquierda antimoral que en los 70 y 80 hacian gala de la «liberación sexual», la cama redonda, el aborto, el amor libre, el destape y el porno, ahora se echa las manos a la cabeza por las consecuencias y se pone moralista… Y es que como dijera el gran tradicionalusta Vázquez de Mella, el liberalismo (la izquierda de su época) pone tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias.

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