«Los silencios del 17-A»: Radiografía a los atentados de Barcelona y Cambrils

La periodista y escritora, Anna Teixidor, desvela en su último libro su gran investigación tras los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils, de 2017. En él, intenta arrojar luz sobre un ataque en torno al cual todavía quedan muchas incógnitas por resolver.

«Los silencios del 17-A»: Radiografía a los atentados de Barcelona y Cambrils
Teixidor ha invertido más de dos años y medio en la elaboración del libro

Para Anna Teixidor, periodista y autora de Los Silencios del 17-A (Editorial Diéresis), los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils del 17 de agosto de 2017 fueron la dramática culminación de una investigación periodística que ella había iniciado años atrás. En 2014, a raíz de una fuente policial, la reportera catalana se interesó por los homenajes que se estaban realizando en honor a combatientes catalanes caídos en la yihad. Tras este primer estudio, publicó su primer libro, En nombre de Alá (Plataforma Editorial), pero si de algo le sirvió fue para entrar de lleno en las relaciones existentes entre Estado Islámico y ciudadanos residentes en Catalunya, «de las que, de momento, no hay constancia oficial, pero que son más que evidentes», matiza la periodista a eltaquigrafo.com.

Paralelamente a la investigación que Teixidor empezó en 2014, a priori muy alejada de Ripoll (Girona) y del imán Abdelbaki Es Satty, los jóvenes de esta población que más tarde perpetrarían los atentados del 17-A ya habían empezado a interesarse por la propaganda y los discursos yihadistas —como consta en la investigación judicial—. Por lo tanto, como quiere dejar claro Anna Teixidor en su libro, andaríamos muy equivocados si pensáramos que el día del atentado fue un punto de inflexión en las vidas de estos jóvenes terroristas; más allá de eso, lo que fue es el detonante. Porque, como ha podido saber la periodista y así lo revela en su última publicación, los inicios de su radicalización datan de antes de la llegada de Es Satty a la pequeña ciudad del norte de Catalunya.

«¿Acaso Es Satty sabía de su existencia y, al salir de prisión en 2015, decidió irse a Ripoll para liderar el grupo terrorista?», se plantea la periodista, entre otros varios interrogantes que, de momento, la investigación no ha sabido responderle. 

«La enorme voluntad de pasar página»

Con el sumario y las diligencias policiales bajo el brazo, Anna Teixidor se plantó en Ripoll en busca de respuestas. «No ha sido, ni mucho menos, una tarea fácil», asegura la escritora, que ha destinado cerca de dos años y medio para reconstruir los movimientos de la célula terrorista y recabar toda la información. «En Ripoll, existe una voluntad enorme de pasar página. Se ha creado como un tabú en relación con el tema e incluso hay un cierto trauma. Tampoco existen intermediarios que faciliten el contacto con las familias, los abogados y los amigos de los terroristas». Aunque al final, tras muchas subidas y bajadas a Ripoll, tras recorrerse sus calles, parques y terrazas, logró contactar con algunos de los familiares y amigos de los extremistas.

«Yo sabía lo que habían declarado ante la Policía, porque lo había leído previamente, así que podía contrastar lo que a mí me contaban, con lo que habían declarado en sus intervenciones previas». Se encontró de todo, afirma. Miradas que lo decían todo y palabras que no conducían a nada. Llegó a forjar lazos de confianza con algunos de los hermanos mayores de los terroristas e incluso con la mujer del propietario del locutorio, que fue detenido y puesto en libertad tras comprobar su desvinculación con el grupo.

Sin duda, la palabra de estos familiares y amigos es un capítulo clave para entender quiénes eran y cómo eran estos chicos antes de los atentados. ¿Dónde trabajaban? ¿Con quién se relacionaban? ¿Cómo gestionaban esas relaciones? ¿Qué solían hacer? ¿De qué solían hablar? Son algunas de las incógnitas que Teixidor trató de resolver con sus múltiples visitas a Ripoll.

«Muchos desconocían su radicalización»

«Con muchas de estas familias solo tienes una oportunidad. Te los encuentras tras días de trabajo de campo, reúnes el valor de pararlos, les ofreces tu ayuda, tu interés y tienes una sola oportunidad para ganarte la confianza de esas personas que lo ha pasado tan mal, para que aporten algo de luz a toda tu investigación», asegura Teixidor.

A esta dificultad profesional se le añade que la gente tiene «un desconocimiento absoluto de los procesos de radicalización, por lo que se hace aún más difícil de valorar y estudiar una situación en un lugar determinado si no se hace un trabajo de reflexión y se analiza por qué ha pasado», reconoce.

A todo ello, la periodista también enumera el miedo, la culpabilidad e incluso las contradicciones halladas en parte de la comunidad musulmana de Ripoll. Entre los discursos de los amigos más cercanos, «algunos se llegaron a plantear por qué no habían contado con ellos para organizar este plan; otros, sin embargo, al percibir algo extraño en sus comportamientos, sin saber exactamente el origen de los mismos, decidieron apartarse de ellos. Casualmente, dos de éstos, estaban fuera del país cuando se perpetraron los atentados».

De Ripoll a Bélgica, pasando por Alcanar

Ripoll no fue la única parada de Teixidor en el trayecto de esta investigación. En el libro, también se pueden conocer todos los movimientos, tanto de Es Satty como del resto de miembros de la célula durante los días previos al atentado. De ahí que la periodista concluya que el viaje a Bélgica, ligado con el resto de los acontecimientos y averiguaciones, fuese clave a la hora de entender y valorar los atentados del 17-A, en nuestro país.

Viajó hasta Bélgica y, de ahí, a Marruecos, como lo hizo el imán de Ripoll meses antes de morir en la explosión de Alcanar que, sin duda, precipitó los acontecimientos. «Con la excusa de que iba a comprar libros, Abdelbaki Es Satty se desplazó hasta Bélgica. Estuvo allí tres días. Al volver, le comentó a un amigo que ‘ya sabía fabricar explosivos’, algo que da a entender que ese viaje precipitó los hechos y que, sin duda, la célula tenía contactos con el exterior».

Otra de las citas clave en el libro de Teixidor es la entrevista que pudo mantener con quien fue la mujer de Es Satty y madre de sus nueve hijos. «Su mujer, acompañada de un sobrino mayor de edad, me dijo que Es Satty no los había ido a ver en años, ni si quiera cuando salió de prisión, y que mantenían el contacto solo por vía telefónica. Sin embargo, un mes antes de los atentados, el imán se desplazó hasta su pueblo natal y visitó a todos sus seres queridos, llevándo regalos para todos».

Dudas aún sin resolver

A pesar de la investigación que Teixidor ha realizado durante estos dos últimos años, todavía existen interrogantes que no tienen respuesta, cuestiones que ni los familiares ni los amigos ni los investigadores han podido resolver. La periodista ha reunido varias de estas preguntas y las ha intentado justificar en su libro: ¿Cuáles eran las conexiones exactas entre la célula de Ripoll y los comandos de Siria e Irak? ¿Y con el centro de Europa?

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha admitido su relación con Abdelbaki Es Satty pero ¿de dónde sacaba el dinero para enviar grandes cantidades a su familia y para viajar? ¿Quién fue la persona que dejó la furgoneta de Es Satty abandonada en Sant Carles de la Rápita (Tarragona)? En este sentido, Teixidor descarta las teorías conspiratorias que apuntan al propio imán en una fuga tras la explosión de Alcanar: «Es Satty murió en esa explosión”.

Por desgracia, aquellos que podrían dar respuesta a los silencios que siguen latentes tras los atentados de Barcelona y Cambrils, son los mismos que murieron el mismo día que decidieron romper con todo y combatir por y para su dios.

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