Los padres de la Escuela Can Clos de Barcelona se plantan ante el inminente cierre

Las familias exigen ser escuchadas y entablar negociaciones con el consistorio para buscar un plan B al cierre del Can Clos, en Montjuic. Consideran esta medida un acción arbitraria y partidista

Los padres de la Escuela Can Clos de Barcelona se plantan ante el inminente cierre
Protestas de los padres en la escuela Can Clos en Barcelona

Los padres de la Escuela Can Clos, a los pies de la montaña de Montjuic (Barcelona), siguen con muchos interrogantes. El pasado mes de febrero la dirección anunció a las familias la voluntad del Consorcio de Educación de cerrar el centro y fusionar a los alumnos con los del Colegio Enrique Granados de Zona Franca. Esta decisión no agradó para nada a los padres y madres, ni, por supuesto, a la dirección del Can Clos, que desde entonces se ha movilizado para exigir un plan B.

La presidenta del AMPA y miembro del Consejo Escolar, Mónica González, lamentaba a preguntas de este medio que “el consistorio ha dejado morir el proyecto de su colegio” obligándolos, sin mediar, ni negociar otras alternativas a una fusión precipitada “en una escuela que no hemos elegido y que no queremos”. Aseguran que no son la única escuela que se ve ante la tesitura de dejar atrás un proyecto educativo que funciona, para trasladarse a otro centro donde el Ayuntamiento Barcelonés ha invertido más capital. “¿Por qué no invirtieron en nuestra escuela? Un centro que funciona y que tiene unas vistas y una ubicación privilegiada a los pies de Montjuic”.

Tras muchas reuniones, González, como representante de los padres, asegura que todavía no han llegado a un acuerdo de diálogo con el concejal del distrito Sants-Montjuic, Marc Serra, y lo cita para informarse sobre los avances en este sentido, pues a pesar de haberse presentado como un traslado inmediato siguen en el Can Clos (y con intención de quedarse).

Alumnos de Can Clos con una pancarta de protesta

Poner fin a los rumores

La voluntad de las familias es aclarar los rumores que corren sobre lo que el Ayuntamiento quiere hacer tras cerrar el colegio. Algunos dicen un centro deportivo y otros un centro de Menores, algo que las familias no comparten en absoluto al considerar que el barrio “ya está suficientemente marginado”.

Además, lamentan, que las exigencias de cierra tan solo llegaron a la Escuela y no, a la guardería que hay anexada al centro. “No entendemos que, si uno de los motivos era la precariedad de la infraestructura, nosotros debamos cerrar y ellos no, no entendemos, tampoco, si es así, como no nos lo han comunicado antes y ha sido algo tan precipitado. Incluso, no entendemos que, si la estructura está tan mal, como nos dejan seguir llevando a los niños…”.

El coronavirus lo ha paralizado todo

La irrupción de la pandemia escasas semanas después de anunciarse el cierre lo paralizó todo, las negociaciones y la fusión. Es por eso, por lo que las familias quieren aprovechar este margen para retomar las negociaciones y llegar a un acuerdo con el consistorio. “No nos importa tener que estar una temporada en módulos, mientras se hacen las obras en el Can Clos”, aseguraban fuentes del AMPA a este medio.

Lo que tienen claro es que no quieren abandonar un centro con unas buenas instalaciones para desplazarse a otro colegio que no han escogido y que ha sido impuesto a dedo. Por eso el AMPA se ha movilizado para exigir respuestas y sobre todo, para reclamar su participación en el proceso de negociación, ya que entre las principales quejas las familias exponen que nadie les ha preguntado que opinaban o querían ellos. “Ha sido una decisión precipitada, mal informada y totalmente arbitraria”.

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