Los Obsolescentes

Escoden la cabeza con un hecho muy simple: pueden despedir o desvincular a toda la plantilla, pero sin trabajadores, la empresa no vende.

Ricardo Gómez de Olarte

Me van a perdonar los anglicismos. Aquellos que me conocen saben que los odio ya que considero que el español es mucho más rico que el inglés. Pero en este caso, mis anglicismos tienen un motivo. Espero que el lector lo sepa interpretar correctamente.

Javi, antes Javier pero ahora Javi porque era más cercano, CEO de la empresa (antes llamado Director General, después Consejero Delegado), reunió a su Comité de Dirección. Ninguno cumplía ya los 50.

El CEO, guapo profesional y con no más méritos académicos que haberse sacado un máster que “en-su-época-era-el-no-va-más” y ahora se lo consigue hasta el más zote mientras tenga dinero, basaba sus éxitos profesionales en haberse casado con alguien de la alta clase financiera y hacer recortes allá por donde fuera. En “román paladino”, conseguía echar gente en masa.

Eso sí, lo de conseguir más ventas y mejores resultados por crecimiento era un tema tabú. Es decir, el éxito de los objetivos de su “strategic business plan” era un “reduce OPEX & CAPEX” y para ello, sus perros de presa debían gestionar la obsolescencia. Como he dicho, en la práctica eso se traducía en largar a más de la mitad del personal a la p… calle y pagando lo mínimo.

Para ello, según la también “casual” filípica de Javi, era necesario que todos aquellos trabajadores de más de 50 decidieran marcharse voluntariamente o, bien, incentivados por algún tipo de caramelito. Les ofrecerían una miseria económica a cambio de largarse a su casa y hacer compatible esa miseria con un nuevo trabajo.

Pero ni Javi ni sus merluzos habían previsto que esa misma realidad se estaba produciendo en otras empresas similares o dependientes de la suya propia. Tampoco habían previsto que el bonus exigido por “Javier & The Houndogs” era tan alto que impedía que la empresa alcanzara los éxitos prometidos.

Tampoco habían previsto que se acabarían las subvenciones. Tampoco habían previsto que el nuevo gobierno subiera los impuestos, lo que provocaría el cierre de empresas y más paro. Tampoco habían previsto que ese aumento del paro hiciera que los trabajadores se aferraran a su puesto.

Tampoco habían previsto que nunca podrían hacer un ERE debido a que la empresa iba bien, a que no se podían prever objetivamente pérdidas en la empresa y a que no reunían las condiciones legales. Tampoco habían previsto que su “bonus” de chorrocientos millones tan ventilado en la prensa haría que cualquier juez desestimase cualquier ERE. Tampoco habían previsto que los trabajadores acabarían hasta el gorro de ellos.

Así pues, iniciaron otra estrategia: laminar a los de 50 años en adelante ofreciendo una miseria, pero dejando caer mensajes tipo “Hay que incorporar a los equipos con mucho recorrido por delante para que la gente que se venga incorporando sean nativos digitales”; “tu perfil no se adapta a la creatividad y combatividad que necesita el puesto”, “somos una empresa digital”; etc…

Y con cada cambio de estructura se van relegando, silenciosa pero inexorablemente, a los mayores de 50. Pero siguen olvidando que esa combatividad, digitalización y creatividad no sirven de mucho para vender algo básico para el consumo humano, sin entrar en detalle. Se vende casi solo.

No quieren recordar que la sociedad es cada vez más vieja. Que el sector maduro del público será su máximo “target” clientelar y que están provocando una brecha salarial demasiado grande para ser creíble. El País publicó el 9 de enero pasado que “La retribución de los directivos aumentó un 4,6% el año pasado mientras que la de los empleados lo hizo tan solo un 1,9%”.

Por último, escoden la cabeza con un hecho muy simple: pueden despedir o desvincular a toda la plantilla, pero sin trabajadores, la empresa no vende. Y si no hay ventas, los socios que confiaron en Javi y su equipo, los acabarán “desvinculando” también a ellos por obsolescentes.

Tuve un cliente que se negó a trasladar su fábrica a China o países emergentes. Lo hizo por un razonamiento muy sencillo: “Dejaré a mis trabajadores sin ocupación. Si todos hacemos eso, al final ¿quién comprará mis máquinas?”

Sapere aude”, en latín y no en inglés

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