Los Maristas indemnizan a veinticinco víctimas de abusos sexuales prescritos

La orden religiosa ha accedido, después de meses de intensas negociaciones, a reconocer e indemnizar a veinticinco víctimas de delitos de abusos sexuales, ya prescritos, cometidos por los docentes de sus escuelas

Los Maristas indemnizan a veinticinco víctimas de abusos sexuales prescritos
Joaquín Benítez, uno de los pederastas confesos de los Maristas, en su llegada a los juzgados de Barcelona en 2019

La Congregación de los Hermanos Maristas y las víctimas de abusos sexuales ya prescritos por parte de profesores de esta institución religiosa, han llegado a un acuerdo extrajudicial inédito en España. Cinco años después de que saliese a la luz el que se considera el mayor caso de pederastia en el ámbito religioso en Cataluña, la institución ha accedido a indemnizar económicamente a veinticinco víctimas con una cifra que ronda los 400.000 euros. 

La mayor parte de los denunciantes, que serán ahora indemnizados, fueron víctimas de los abusos sexuales de un solo religioso: Joaquín Benítez. Este exprofesor de gimnasia fue condenado por abusos a 4 alumnos e investigado por otros trece casos más de pederastia, ya prescritos. 

Los demás denunciantes fueron víctimas de otros siete docentes de la Congregación de los Maristas entre los que aparecen los nombres del hermano Feliu Martí, tutor de Maristas en el colegio Sants-Les Corts, el profesor de informática del mismo centro, Arnald Ferrer, y el religioso Lucio Zudaire de la escuela Maristas Badalona. 

Acuerdo inédito en España

Es la primera vez que una orden religiosa accede a indemnizar a las víctimas de abusos sexuales sufridos dentro de la institución sin que exista una orden judicial que así lo requiera. 

Ha sido una comisión externa de expertos en abusos, formada por psicólogos y juristas, la que, ante un notario, ha valorado a las víctimas. Sobre las secuelas psicológicas, han ido fijando las indemnizaciones económicas que han considerado justas. Esta fórmula podría sentar jurisprudencia para que otras órdenes religiosas, en un intento de reparar moralmente a las víctimas de pederastia, les ofreciesen una indemnización pese a la prescripción de los delitos. 

Niñez rota

Los 400.000 euros, a repartir entre las veinticinco víctimas, supondrán indemnizaciones que van desde los 4.000 en aquellos casos en los que «solo» hubo tocamientos, hasta la cifra de 50.000 en un caso concreto por la gravedad de las agresiones sexuales sufridas durante años. 

Durante el juicio en el que se condenó a Benítez a veintiún años de prisión, se impusieron indemnizaciones de hasta 60.000 euros para las víctimas de los abusos más graves. Aunque las indemnizaciones que Maristas ofrece ahora son superiores a las acordadas en casos similares, son más bajas que las que solicitaban algunos de los afectados y que planteaban indemnizaciones equiparables a las del juicio de Benítez. 

Aunque Benítez declaró que la congregación estaba al corriente de los abusos sexuales y que actuaban como encubridores, la institución siempre lo ha negado. Los hermanos Maristas dicen sentirse “profundamente avergonzados” por lo que sucedía en sus escuelas de Cataluña. Después de cuarenta años en absoluto silencio, a pesar de los testimonios de exalumnos que describían la sordidez de los inadmisibles actos a los que eran sometidos de niños, al fin se han pronunciado. Además de las indemnizaciones económicas, las víctimas recibirán una carta de perdón “de todo corazón” de la orden religiosa como compensación moral. 

“Somos conscientes de que llega tarde. Como institución lo lamentamos humildemente sin atenuantes. No es admisible ninguna excusa” reza el texto firmado en nombre de la institución por el responsable provincial de los Maristas, Pere Ferré y el vicario Gabriel Villa-Real.  

La Congregación se lavaba las manos 

Aunque algunas víctimas agradecen estas disculpas públicas, otras consideran insuficientes las medidas adoptadas por la orden religiosa que, según El Periódico, conocía, encubría y permitía estos abusos sexuales. Además de desoír las quejas de las familias de las víctimas durante años y de no comunicarlo a la policía, los Maristas reubicaban a los docentes de forma que estos continuaban abusando sistemáticamente de los niños en su nuevo destino. 

A pesar de este pequeño avance, quizás con la intención de limpiar su nombre, las medidas adoptadas por los Maristas no servirán para reparar los daños de las más de cien víctimas que nunca llegaron a presentar una denuncia por el sentimiento de temor o vergüenza derivado de estos abusos. 

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