Los Maristas ampararon y ocultaron los abusos perpetrados por Benítez

Joaquín Benítez, exprofesor de Educación Física en el colegio de los Maristas de Les Corts, reconoció, en su declaración ante el juez, haber abusado sexualmente de dos de los cuatro alumnos por los que es juzgado. Además, admitido que "no tenía miedo" a posibles represalias porque se sentía "amparado por los Maristas", que ya le encubrieron una primera vez en 1986

Los Maristas ampararon y ocultaron los abusos perpetrados por Benítez
imagen del pederasta confeso Joaquín Benítez

El Caso de los Maristas es algo insólito, escalofriante y repugnante. Más de 40 denuncias y una docena de profesores implicados en presuntos abusos sexuales reiterados a alumnos menores de los centros. Los colegios de los Maristas, tanto el de Barcelona como el de Badalona, han afirmado repetidas veces no saber nada sobre estas prácticas, ahora el relato es distinto.

La cara oculta y manipuladora de la congregación salió a la luz en el momento en el que el acusado, Joaquin Benítez, reconoció haber abusado sexualmente a otro joven en 1986 y tras la denuncia de la familia, haber sido amparado por los Maristas.

Benítez solo respondió a las preguntas de su abogado y, aunque fue interrumpido en varias ocasiones por el juez Eduardo Navarro (presidente del tribunal que le juzgaba), el acusado reconoció no haber tenido miedo a posibles represalias, despidos o consecuencias.

Navarro incluso interrumpió al acusado cuando este se disponía a relatar que él también había sido víctima de abusos en un internado de los Salesianos. “No recuerdo momentos familiares, mi estancia ahí fue un infierno”, añadía.

Sin miedo

Horas antes de la vista oral de la segunda jornada del juicio a Joaquim Benítez, el acusado y Manuel Barbero (padre de una de las víctimas) coincidieron a escasos metros de la puerta de la Audiencia provincial de Barcelona. El encuentro fue breve, pero no por ello menos relevante.

Barbero, que no era la primera vez que hablaba con el hombre que abusó reiteradas veces a su hijo, le pidió que dijera la verdad sobre el encubrimiento de los Maristas y Benítez le prometió que lo haría.

Por lo que cuando el abogado defensor, tras varios toques de atención del juez Navarro, le preguntó a su cliente si había sentido miedo de que el colegio le descubriera, Benítez mirando al juez le pidió si podía extenderse algo más de lo permitido para contar algo que a muchos dejó perplejos.

En 1986 abusó sexualmente de un menor exalumno del colegio, en dichas instalaciones. El padre de este muchacho acudió días más tarde a revelar ante el director lo que había sucedido. El hermano Granja, director del colegio de los Maristas de Les Corts en ese momento, el padre del menor y Benítez acordaron en una reunión conjunta castigar al profesor, quien había admitido los hechos. El padre del menor, finalmente, no denunció el caso a la policía (eran otros tiempos), pero el colegio abrió un expediente sancionador a Benítez.

Los hechos ocurrían a final de curso y el acusado intuyó que al regresar de las vacaciones de verano acabaría siendo expulsado. Por el contrario, en septiembre, el hermano Lluís Serra, que entonces ejercía una labor de coordinación entre los colegios catalanes, le advirtió de que «aquello» no podía volver a suceder y le puso al corriente de que el provincial –máxima autoridad en los colegios de la región del Hermitage– meditaba una sanción de entre tres y seis meses sin sueldo. Pero esta no llegó a ejecutarse.

Por eso, razonaba Benítez que nunca tuvo miedo de ser descubierto en el colegio durante los 30 años en los que abusó de alumnos en el centro escolar. «Porque me sentía amparado por los Maristas«.

Reconocimiento parcial de los hechos

En una rueda de prensa al finalizar la segunda sesión del juicio, Manuel Barbero visiblemente emocionado atendió a los medios de comunicación a quienes agradeció la labor de visibilización que estaban llevando a cabo. Pero, por otro lado, lamentó que el acusado no hubiese sido capaz de reconocer todos los abusos perpetrados.

Benítez reconoció haber abusado a dos menores de los cuatro denunciantes por los que se le está juzgando. Admitió conocer a tres de esos cuatro exalumnos, pero defiende que solo agredió a T.B. y a M.G.

Reconoció haber engañado a los dos alumnos tras la clase que él impartía, con la excusa de darles un masaje en una lesión muscular. Una vez en su despacho, una especie de sala que también funcionaba como enfermería, sintió un “impulso” y abusó de ellos. «A T.B. lo engañé y le hice una felación», dijo de una de las víctimas. Afirmó incluso que en una ocasión otro profesor (ya fallecido) abrió la puerta y le descubrió.

También reconoció que abusó de la misma manera de M. G. Sin embargo, negó que hubiera sexo anal con el primero de ellos, tal y como este relató ante el tribunal.

Benítez ha admitido que repitió esos abusos para saciar «ese impulso», pero ha negado haberle pagado 10 euros a M.G. para comprar su silencio, tal como se le acusa. En cambio, ha alegado que entregó ese dinero al estudiante para que éste arreglara la bicicleta, que se le había estropeado.

El exprofesor especificó que siempre cometía los abusos sexuales durante el horario lectivo, entre los «12 o 13 minutos» que tenían los alumnos para ducharse tras la clase de educación física.

La defensa, ante esta confesión, modificó sus conclusiones (pedía la absolución) y aceptó para Benítez hasta ocho años de prisión. El fiscal solo aumentó la indemnización para el exalumno T.B. de 30.000 a 50.000 euros, sin cambiar nada de su escrito de acusación.

Responsabilidad civil directa

El acusado se fue del colegio en el 2011 de forma voluntaria y tras otra queja de un padre sobre presuntos abusos sexuales.Los Maristas, que nunca le despidieron, aseguraronesta semana en un comunicado que «ningún director ni responsable del colegio Maristas de Sants ni de la institución Marista recibió ninguna queja sobre conductas inapropiadas relacionadas con Joaquim Benítez» y que la primera queja la recibieron «en el 2011» y lo denunciaron a la fiscalía de menores.

Esta confesión, según fuentes judiciales, podría abrir la puerta a que las 17 personas que han denunciado también al exprofesor pero que han visto archivados sus casos por la prescripción del delito puedan ahora acudir a la vía civil para reclamar la responsabilidad de la orden religiosa.

Ahora la acusación ya no le hace responsable de manera subsidiaria, sino de manera directa.

Las secuelas

En la misma sesión, 4 médicos forenses describieron las secuelas que les han quedado a las víctimas de Benítez. En sus informes técnicos, los peritos han valorado la magnitud de las secuelas y como los abusos han afectado en el desarrollo cognitivo, afectivo y sexual de las víctimas.

En cuanto al acusado, los expertos forenses aseguraron que no padece ningún trastorno mental ni psicótico y que era plenamente consciente de lo que estaba haciendo. Por lo que no hubo ningún factor que pudiese afectar a su percepción de la realidad. Aseguran que el acusado tiene un perfil narcisista, dominante y manipulador, pero en ningún caso psicopático.

Los forenses han añadido que en una de las pruebas realizadas se evidenció que el acusado fantasea con mantener relaciones sexuales homosexuales con menores.

Con todo, está previsto que el juicio finalice este miércoles con los informes del fiscal, de las acusaciones y de la defensa.

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