Los falsos intelectuales

Ricardo Gómez de Olarte
Ricardo Gómez de Olarte

Los mejores líderes morales de cualquier ideología son sus mártires. Es la Champion’s del liderato: ser un mártir de la causa. El problema es que es un nirvana, y como tal, solo puede alcanzarse muerto.

Nuestros actuales líderes no están por la labor de morirse antes de alcanzar esa cima y procuran transformarse en vida en estrellas rutilantes del firmamento del pueblo. Lo cual acaba convirtiéndolos en seres de luz de andar por casa, en seres patéticos y gañanes de escalera. Pocos son leídos y muchos son pícaros.

son adaptadores de ideas defendidas por la causa que les paga los estudios y el jornal

Tras esa categoría, aparecen los listos, los cultivados, los que tras ligeras lecturas ajenas (ya saben lecturas de resúmenes mal traducidos de algún estudiante de una generación anterior descubren que si acomodan la adaptación que provenía del resumen hecho por otro en otra época respecto de lo que entendió un tercero en una noche de alcohol) lo disfrazan de sesuda tesis doctoral. Eso ayuda, pero más jurar y demostrar amor eterno a la causa que les paga la facultad y les proporciona el trabajo.

Nuestro sistema universitario está abarrotado de profesores pseudo intelectuales que lo son por convertirse en traductores y adaptadores de ideas defendidas por la causa que les paga los estudios y el jornal. El original ya llega pervertido a los “jóvenes intelectuales” y ellos lo acaban de pervertir. La consigna es “No pienses ni aprendas a pensar. Aplaude y apoya mi tesis pero no pienses y triunfarás”

Tras esa categoría vienen lo que podríamos denominar como amplificadores: medios de comunicación y periodistas muy conscientes de que si se quieren jubilar en ese medio, deben envolverse en la bandera que les viste y les da de comer.

si se quieren jubilar en ese medio, deben envolverse en la bandera que les viste y les da de comer

Para dar mayor sensación de profundidad, una vez a la semana, invitan a los intelectualitos de antes. Éstos sueltan sus “boutades”, el periodista las resume en un lenguaje más cercano y acaba diciendo con cara de suficiencia el equivalente a una cara que podríamos denominar de “Lo ven? No lo digo yo. Lo dice el tío éste que es mucho más listo que todos nosotros. Así que tenemos razón.”

El público, mareado del discursito filosófico, acaba pensando que el cultivado que aparece en la radio o en la tele tiene razón por el mero hecho de explicar las cosas de forma abstrusa. Pero olvida cuál es el motivo y la intencionalidad del intelectual: evitar que el público piense por sí mismo. De eso ya se ha encargado el actual sistema universitario: el pensamiento sólo puede ser uno y entre sus planes no entra el enseñarnos a pensar. Enseñan cuál es el pensamiento a seguir.

el pensamiento sólo puede ser uno y entre sus planes no entra el enseñarnos a pensar

En el caso de tertulias –televisivas o radiofónicas- se sustituye al intelectual por tres comentaristas divididos en tres grados de beligerancia: normal, mucha y “antes de que empieces ya me he rasgado las vestiduras y sacado la faca”. Un cuarto tertuliano contrario a la corriente principal, pero nada beligerante y que acabe dando la razón poco a poco para que no se note. Y por el último el invitado, al que si está a favor, se le hace la rosca y si está en contra se le hacen preguntas impertinentes. Se espera a que acabe su intervención y desaparezca (caso de las radios) para atizarle de firme y si se mantiene en antena o en directo, llamarle de todo menos bonito.

Tras los anteriores vienen los bufones y juglares del régimen: humoristas, jocosos comentaristas políticos, sátiros más cercanos al graciosito del colegio que se divertía quitando la silla al compañero de delante y que todos sus compañeros rían la “gracieta”. El sistema, aunque parezca mentira, sigue funcionando.

Si criticas el gag televisivo del humor fácil de sal gorda eres un traidor a la patria

Si no te ríes con la gracia te miran raro. Si criticas el gag televisivo o radiofónico del humor fácil de sal gorda eres un traidor a la patria (la que sea). Y si lo haces público, directamente odias al país (el suyo, no el de todos) y entras en la categoría que quiero tratar.

Graupera tacha a los trabajadores nacionales de los años 60 como basura blanca

Jordi Graupera reciente estrellado en las elecciones municipales de Barcelona de 2019. Fue jefe de gabinete de la entonces rectora de la Universidad Ramón Llull Esther Giménez Salinas y jefe de comunicación de otra cátedra de esa universidad. Estuvo becado por la Caixa en la universidad de Nueva York desde 2012 hasta 2017 y ahí obtuvo un doctorado en filosofía en esa universidad. Su tesis fue una crítica a los principios de neutralidad del estado, propio del liberalismo, y cómo permite la opresión de minorías de todo tipo: de género, raciales, nacionales, entre otros, hecha desde la crítica metafísica. Recuerden el sistema de enseñanza universitario al que me he referido unas líneas más arriba.

Antes de su doctorado, en septiembre de 2012, entiendo que desde USA, escribió un artículo muy especial para La Vanguardia denominado “White Trash”. Partía de un artículo de Antoni Puigvert de agosto de ese mismo año también para La Vanguardia denominado “Naciones de sacarina”. Graupera tacha a los trabajadores nacionales de los 60 como basura blanca (“White trash”), por comparación entre la clase trabajadora blanca que debía competir con los esclavos negros.

Igualmente afirma que fueron empujados por el régimen franquista a ser carne de cañón en Cataluña por dos motivos: el régimen franquista diluía la cultura catalana y la burguesía como obra de mano barata. Lo afirma sin rubor, que conste. Es decir, según este barbado plagiario, la inmigración nacional fue ordenada desde Madrid para acabar con los rasgos diferenciales de la cultura catalana y por la burguesía catalana para hacer caja. Se olvida –o se quiere olvidar- de la hambruna provocada por la falta de dinero –anterior al régimen franquista- existente en muchas zonas de España.

Graupera olvida que los movimientos migratorios lo suelen ser por hambre, con ninguna intención de acabar con culturas

Se olvida –o se quiere olvidar- que la cultura catalana se sostuvo gracias al patriciado burgués, gran parte del cual se lucró con el tráfico de esclavos y venta de género a ejércitos. Se olvida –o se quiere olvidar- que los movimientos migratorios lo suelen ser por hambre: españoles en Alemania con ninguna intención de acabar con la cultura germana; ecuatorianos en España con ninguna intención de acabar con la cultura española; irlandeses en USA con ninguna intención de acabar con la cultura (¿?) yanqui. Recuerden al intelectual que se envuelve en la bandera, cualquiera, para comer.

Continúa, inasequible a la vergüenza, diciendo que a los no integrados en Cataluña los conserva el PSC como reserva moral y amenaza para el caso de que el independentismo catalán quisiera pasar por encima de ellos, los inmigrantes se alzarían. Pero se olvida –o se quiere olvidar- de los acercamientos y donativos de Pujol a Justo Molinero.

Remata la faena diciendo que los hijos de esos inmigrantes no integrados en Cataluña (querrá decir la Cataluña independentista) son la “White trash”, la basura blanca, ya que tiene que competir con los inmigrantes sin papeles, que, supongo que según Graupera, serán los nuevos esclavos. Por ello la independencia debe ser para todos.

¿Y si resulta que esa parte de la sociedad no vota a una única opción y tiene unas miras más amplias que el ombliguismo indepe?

Señor Graupera, ¿y si los hijos de los inmigrantes de los 60 resulta que no son la White trash que Vd pretende? Y si se han convertido en abogados, empresarios (grandes, medianos o pequeños), médicos, funcionarios… Es decir, en parte de la sociedad catalana al igual que ocurre en el resto de España? ¿Y si resulta que esa parte de la sociedad catalana está hasta las narices de gente que los discrimina como hace Vd? ¿Y si resulta que no vota a una única opción y tiene unas miras más amplias que el ombliguismo indepe?

Dicho lo anterior, resulta que ni Graupera ni Puigvert son originales. Se limitan a copiar, adaptando una teoría alemana de 1887 publicada por Ferdinand Tönnies en el título “Comunidad y Sociedad”. Tönnies defiende una comunidad popular como referente del ideal de una sociedad armoniosa, libre de conflictos, y que hubiera dejado atrás tanto las barreras interclasistas como la lucha de clases (“integración del White trash” en la Cataluña indepe”).

los artículos de Graupera y Puigvert me dan pena, ni siquiera son originales, son burdas y terribles copias

La comunidad popular o Volksgemeinschaft se hizo muy popular entre los alemanes en la Primera Guerra Mundial, para combatir el elitismo y unir a todas las clases sociales para acabar con el triunfo alemán (obtener la independencia de Cataluña). Posteriormente, la idea se usó para oponerse a la socialdemocracia (el PSC de ahora) y conseguir voto de las izquierdas, muy quemadas por la crisis económica y con miedo al paro (paro e inmigración en Cataluña).

De ahí se pasó en 1933 a una nueva idea de la comunidad popular o volksgemeinschaft cuyo concepto pasó a ser el de una sociedad racialmente unificada y jerárquicamente organizada. Se trataba de una unidad mística, una forma de alma racial que uniría a todos los alemanes (“La independencia es para todos” concluye Graupera su artículo). Los nazis, grandes genios en propaganda, agitación y manipulación, plantearon esta nueva «Comunidad popular», como una Volkwerdung, o un pueblo que se hacía a sí mismo. El Volk no era simplemente un pueblo como tal; un alma mística los unía. Un mantra común nazi decía que debía ponerse la «necesidad colectiva por encima de la codicia individual» (“la república necesita sacrificios”), algo que —independientemente de la ideología nazi— también constituía un sentimiento generalizado de esta época. ¿Les suena?

lo peor es que la legislación española no copie más a la alemana (que lo hace), que prohíbe cualquier divulgación de ideas nazis

Al partir de una comunidad popular homogénea y buscar un enemigo común lo siguiente fue promulgar en 1935 las leyes de Nuremberg por las que se impedían que el colectivo judío se relacionara racialmente con el pueblo alemán.

La enciclopedia alemana Meyers Konversations-Lexikon ha definido al Volksgemeinschaft, la “Comunidad Popular” de 1933 como el «concepto central del pensamiento nacionalsocialista».

Lo cierto es si no me dieran miedo, los artículos de Graupera y Puigvert me dan pena: ni siquiera son originales. Son burdas y terribles copias. Malo es pensar eso, feo es escribirlo, pésimo es publicarlo y lo peor es que la legislación española no copie más a la alemana (que lo hace), que prohíbe cualquier divulgación de ideas nazis.

Pero recuerden, en 2011 el señor conde de Godó recibió más de 8 millones de euros de la Generalidad catalana gobernada por Artur Mas. Y en Cataluña como en el resto de España, pese al parecer de muchos políticos, existe un Estado de Derecho que sacraliza la libertad de expresión, aunque se emplee para subvertir ese mismo estado de derecho.

Y luego se quejan y extrañan de que las empresas se marchen. Verán cuando comience el éxodo de personas… Así que Fiscalía, Majestad o Presidente de la República española, desde luego que estamos solos. Lo estuvimos en 2012, en 2017, lo estamos en 2019 y salvo éxodo, lo estaremos en el futuro.

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