Los desahucios no están de moda este verano

Núria González
Núria González

Hace más de un mes que varias familias, la mayoría monoparentales con mujeres al frente, viven en tiendas de campaña en un lateral del Pabellón Olímpico de Badalona, con menores y personas con discapacidad. Viven allí porque han sido desahuciadas de viviendas de todo tipo.

Entre estas personas hay inquilinos que pagaban puntualmente su alquiler, pero que al acabar el contrato, la subida que les pretendían aplicar era tan alta que fue imposible de pagar para una familia mileurista. Hay familias que trabajan, pero pertenecen a esa clase social cada vez más extendida que es la de los trabajadores y trabajadoras pobres, que tienen un contrato laboral, pero este es tan precario y su salario tan mísero, que nos les da casi para pagar la comida, cuanto menos un alquiler. Y entre comer y cualquier otra alternativa, no existe tal elección.

Las tiendas de campaña se han convertido en el nuevo hogar de estas familias

Es increíble pero en todo este tiempo, nadie de servicios sociales de la Generalitat, que es quien tiene las competencias en la materia, ni del Ayuntamiento de Badalona, que es quien debe hacer la atención primaria a través de los Servicios Sociales, se ha acercado por esta nueva “urbanización improvisada” de tiendas de campaña y colchones hinchables ni a ofrecer una triste botella de agua. Nada. Parece ser que además de desahuciadas, esas personas han adquirido la nueva condición de “no-ciudadanas”, puesto que han sido expulsadas no sólo de sus casas, sino también del sistema de protección social.

Y todo esto pasa ante los ojos de una sociedad que ya no se solidariza tan fácilmente con los peor tratados por el mercado.

Es normal, después de la crisis salvaje que hemos pasado, el principal logro del neoliberalismo ha sido, sin duda, aislarnos a unas de otras personas cada vez más, e instaurar el “ande yo caliente” y el “qué hay de lo mío” como único principio rector de nuestras vidas. Este pensamiento es alimentado por el miedo a que vuelva todo lo que hemos pasado, lo que nos hace invocar el tercer mandamiento de nuestros tiempos ultraliberales: “virgencita, que me quede como estoy”.

Y así, con la ayuda de cierta prensa, mucho más interesada en hacerle campaña y eco al neofascismo galopante y reverdecido, o a tomar partido por un color en concreto de un lazo concreto, el desamparo total y el fallo de la administración que supone tener gente viviendo en la calle por no cumplir los parámetros del mercado, sin quien el Estado Social y de Derecho pueda evitar tan situación, ha desaparecido de las noticias y por tanto, del imaginario colectivo.

Porque así como hace un par de años la palabra desahucio estaba en muchas cabeceras de las noticias, de un corto tiempo a esta parte, ha desaparecido como por arte de magia. Justo ha sido sustituida por el término “recuperación económica” que tiene mucha mejor acogida. Pero lo cierto es que ahí siguen los desahucios y las personas desahuciadas. De hecho, en 2018 el número de desahucios solo descendió un 0,3% respecto a 2017, y Catalunya lidera este dudoso ranking, concentrando bajo nuestras codiciadas banderas el 22% del total de los desahucios de toda España. Pero concretamente en Badalona, hay barrios enteros susceptibles de que cualquiera de sus habitantes sea desahuciado, como es el caso del barrio de Sant Roc.

Y qué hacen las autoridades competentes, concretamente en el caso de Catalunya? La verdad es que casi nada. La Generalitat invierte cero euros en políticas de vivienda (en realidad no invierte un solo euro en nada que tenga que ver con políticas sociales). Hace pasar a las personas por todo el infierno burocrático de las “Mesas de Emergencia” y demás trámites, sabiendo que no tiene ni un solo piso disponible para nadie.

Y en el caso concreto de la ciudad de Badalona, el Ayuntamiento, tanto con la exalcadesa de Guanyem Badalona, que ella si es muy dada a hacerse fotos en la acampada, pero a la que nunca la vi llegar ni con una coca cola para los que allí viven, como el actual alcalde Alex Pastor, cuya última aportación a la causa fue negarles un punto de luz a las familias para la realización de un concierto solidario y gratuito el pasado 29 de junio, han movido ni un solo dedo para solventar la situación de sus vecinos y vecinas.

Porque lo cierto es que ahora no tienen casa, pero eso no les debería despojar de su condición de ciudadanos. Lo que sí ha decidido la sociedad en general es quitarles de en medio de las noticias y declarar que ya no está de moda ser desahuciado. No vaya a ser que alguien recuerde que la vivienda es un derecho constitucional y que miles de millones de euros de nuestros impuestos fueron a parar al rescate de entidades bancarias que hoy acumulan desahucios y pisos vacios que nadie se atreve a pedirles.

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