Los Caín, de Enrique Llamas

Los Caín, de Enrique Llamas

Una prosa rotunda, contundente, con regusto antiguo, así podríamos definir Los Caín, la primera novela de Enrique Llamas (Zamora, 1989) publicada por AdN Alianza de Novelas en 2018. Este rural noir nos adentra en un pueblo perdido de la Sierra de la Culebra durante los últimos años del franquismo.

Somino

Si hay un protagonista absoluto en Los Caín, sin duda es Somino, este pequeño pueblo castellano cuyas gentes callan y actúan por la espalda. Donde el odio y el rencor entre los del Llano y los del Teso llevan vigentes durante décadas, pasando de generación a generación como si fuera parte de su ADN.

Esta población ve cómo los ingresos que obtienen de la caza furtiva del ciervo peligran el año en que estos empiezan a morir sin que nadie sepa por qué. La coincidencia de la llegada de un nuevo maestro, Héctor Cruz, procedente de Madrid, y que la Guardia Civil vuelva a meter las narices en sus asuntos irán generando una tensión entre los habitantes que nadie sabe cómo terminará.

Aprendiendo de los grandes

Podría contar algo más, dar más datos sobre el argumento, pero creo que con estas pocas pinceladas es suficiente para no estropear la sorpresa de un argumento intrigante y retorcido que el autor zamorano irá desgranando con gran genialidad y tomándose su tiempo.

Y es que nos encontramos con un estilo narrativo donde se ven claras influencias de los más destacados novelistas de nuestro pasado más reciente. Imposible no pensar en Los santos inocentes de Miguel Delibes o en La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, entre otros. Porque Enrique Llamas nos sirve un misterio, pero la gran baza la juega a la hora de realizar una radiografía a ese emplazamiento rural y a esos personajes con el talento de los más grandes.

A pesar de su juventud, se nota en la prosa del autor que es un gran conocedor de estos clásicos de la literatura, que le han dejado huella y que ha sabido empaparse y adueñarse de lo mejor de ellos.

Rural noir en Castilla

Los personajes que nos ofrece Llamas, podríamos decir que apenas están dibujados, pero no necesitan más para que el lector se haga una idea de cómo son en realidad, de sus miserias, de sus inquinas, su maldad. Porque si algo abunda en Los Caín, es gente mala, muy mala.

Una lectura en la que Llamas combina ese buen hacer clásico con recursos más novedosos como el narrador que no es omnisciente, como él mismo se encarga de decirnos, y que se toma la libertad de rellenar los huecos de la historia como mejor le conviene.

Los Caín pertenece a este estilo que se denomina rural noir, que no es otra cosa que abandonar la urbe como escenario de una novela negra y meternos en zonas rurales. De esta manera, el autor crea en esta pequeña población, aislada y de difícil acceso, un ambiente que se hace asfixiante por momentos, que nos generará opresión y angustia.

Con pequeñas pinceladas que nos trasladan a los años 70 y que recrean a la perfección el régimen existente en la época, pero sin politizar la trama en ningún momento, averiguaremos los secretos más oscuros de Somino, lugar al que sólo desearás volver dentro de las páginas de Los Caín.

Porque sé que esta es una historia y un pueblo y unos habitantes inventados por Enrique Llamas pero, querido lector, me los he creído.

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