Lo que hay que tener de Tom Wolfe

Tom Wolfe nos dejó una obra exenta de encuadres ideológicos y propagandísticos, un reportaje sobre algunos de los héroes silenciados de nuestra historia

Lo que hay que tener de Tom Wolfe

En cuanto a lo que hay que tener nadie sabe apenas nada, pues parece ser algo abstracto, algo inexplicable. Solo se refleja si alguien tiene un cierto grado de resistencia. No, no todos tenemos Lo que hay que tener. Tom Wolfe (Virginia, 1931) fue el gran impulsor del Nuevo Periodismo, y cuando habían transcurrido diez años desde el famoso aterrizaje lunar, inmortalizó un punto de vista diferente, un relato en el que en la carrera espacial no se gana ni se pierde.

Lo actual

Un conocimiento amplio sobre la historia y el contexto nos permiten analizar los hechos de forma más objetiva y menos superficial. A principios de mayo de este año, el mar de Barents cobró de nuevo protagonismo, pues siendo uno de los lugares vinculados a la Guerra Fría y ya transcurridas tres décadas desde el supuesto fin del conflicto, Estados Unidos envió una flota naval tras habérselo notificado a Rusia.

Por otro lado, a finales de mayo, hemos podido ser testigos de otro acontecimiento de gran relevancia. Estados Unidos, para lanzar a sus astronautas a la Estación Espacial Internacional, subcontrataba los servicios a la Agencia Espacial Federal Rusa y, así, los norteamericanos han estado viajando al espacio durante nueve años a bordo de la nave rusa Soyuz. Pero en plena pandemia de la COVID-19, la empresa privada SpaceX –creada en 2002 por Elon Musk– ha conseguido, tras años de retrasos y en colaboración con la NASA, acabar con la hegemonía de la Soyuz enviando al espacio a dos astronautas norteamericanos, desde territorio norteamericano y en una nave norteamericana.

Con todo, tenemos que dejar a los historiadores y a los demás expertos que interpreten estos eventos y otros que no se han mencionado en el texto, pero teniendo a nuestro alcance –gracias a internet– un vídeo espectacular sobre la citada misión, podemos introducirnos con ganas en una lectura tan interesante como la de Tom Wolfe.

Sobre la obra

Los norteamericanos invirtieron una impronunciable suma de dinero en la carrera espacial porque no querían dormir bajo una luna comunista. Pero dejemos ahora a un lado el satélite. Fijémonos en qué pasó antes, quiénes fueron los que formaron parte de un proyecto en el que –por descontado– el maltrato animal estaba permitido. En realidad lo sigue estando, pero nos comemos igualmente los huevos y los filetes.

En fin, el hecho es que un chimpancé africano viajó al espacio antes que cualquier norteamericano. El pobre primate había recibido tantas descargas eléctricas que cumplió su cometido como si fuera un autómata humano. Antes también lo hizo un ruso y, entretanto, me imagino a Kruschev, dirigente de la URSS, partiéndose el culo.

Wolfe nos sumerge en los años 50 y los recorre hasta los inicios de la década siguiente, dando su merecido protagonismo a los pilotos aéreos de pruebas, que hicieron de conejillos de indias pese a tener de sobra lo que hay que tener.

Los protagonistas

En la historia de la carrera espacial, Armstrong parece ser si no el único, uno de los personajes más importantes de la guerra. No nos engañemos. “Después del Sputnik 1, Kruschev se convirtió en un malévolo maestro en el arte de burlarse de Estados Unidos”, como bien indica el periodista. Los rusos, menos en lo que respecta a la luna, lo hicieron todo antes.
Entre otros experimentos, lanzaron el primer satélite, al primer hombre e hicieron los primeros largos viajes alrededor del globo. ¡Se paseaban sobre el cielo de Estados Unidos! ¡Los comunistas!

Con todo, el poder hegemónico actual se puso las pilas. Tom Wolfe nos cuenta al detalle cómo se llevaron a cabo los procesos de selección, describiendo minuciosamente las pruebas médicas a las que fueron sometidos los aviadores.
Combatiendo su orgullo, tenían que introducirse en una cápsula claustrofóbica y dejar que el sistema automático pilotara por ellos. Claro, eso lo podía hacer hasta un mono, y mejor todavía, puesto que no alcanzaba a entender tan bien como ellos cómo podía acabar totalmente calcinado. Ellos manejaban aviones supersónicos, y el enfoque del proyecto les pareció un insulto.

El dinero, la exclusiva de LIFE y el humor

A lo largo del relato, el escritor no obvia a las esposas de los astronautas. También expone la crueldad que supuso para ellas el tener que someterse al poder mediático y sufrir el miedo y la presión sin tener ni siquiera un seguro económico.
Lo que pagó la revista Life por las exclusivas prediseñadas de sus vidas aparentemente perfectas y correctas, se convirtió en uno de los alivios pasajeros.

Asimismo, considero relevante resaltar el estilo narrativo de Tom Wolfe, pues han sido muchos los momentos en los que me he reído a carcajada limpia. Los tecnicismos y el drama real de la historia se sobrellevan perfectamente gracias a las ironías del periodista. Y, por último, recomiendo encarecidamente completar la lectura con la adaptación cinematográfica escrita y dirigida por Philip Kaufman. En España se tituló Elegidos para la gloria y fue una gran apuesta artística.

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