Líder de la mafia georgiana: «Nosotros hicimos lo de Piqué y Shakira»

Aruseros y eltaquigrafo.com entrevistan a uno de los jefes de una de las baterías de atracadores de pisos más activas de Barcelona y su área metropolitana

Líder de la mafia georgiana:
Shakira y Gerard Piqué junto a la imagen de Yuri, el responsable del robo de su casa

No estaba nervioso. Y como si se tratase de un trabajador más, hablaba con serenidad, sinceridad y mucha naturalidad sobre su profesión: robar pisos en Barcelona y su área metropolitana. Yuri es uno de los líderes de una de las baterías de atracadores de pisos más activas de la capital catalana, un miembro de la mafia georgiana asentada en Barcelona, con el que tuvo la oportunidad de hablar eltaquigrafo.com.

Yuri se mostró transparente, explicito, sin tapujos, aunque prefirió ocultar su rostro. Entre otras cosas, reconoció haber sido cómplice del robo en casa del jugador del Fútbol Club Barcelona (FCB), Gerard Piqué, y su mujer, la cantante, Shakira. Habló de cómo se organizan, cómo actúan y lo cómodos que se sienten «trabajando» en Barcelona. La policía es menos dura, es más fácil salir de la cárcel y la droga está más barata.

Del Menéndez Pidal, a la Mina

Le preguntamos sobre su organización, y el ladrón de profesión explica que existen al menos 10 baterías (o grupos) pertenecientes a la mafia georgiana que actúan en Barcelona y su área metropolitana. Cada una de dichas baterías está compuesta por, aproximadamente, 4 o 5 integrantes, «todos profesionales», asegura. «Saben de alarmas. Y no, no es difícil robar en España. La gente habla mucho y explica el dinero que tiene guardado en su casa».

Se trata de una estructura muy bien orquestada, en la que cada uno tiene una función, un cargo y una responsabilidad. Son baterías supeditadas a los Kurdis, los jefes de la mafia georgiana, creando así una organización criminal de estructura piramidal, jerarquizada y muy coordinada.

«La mitad del dinero lo mandamos a nuestras familias. La otra mitad a los Kurdis, los jefes de nuestra mafia. Si no lo hacemos, seremos castigados, incluso con la muerte», explica el entrevistado en referencia a sus superiores.

Aseguró que muchas de estas baterías vivían como okupas en el colegio Menéndez Pidal del barrio barcelonés de Sant Genís dels Agudells, junto a Vall d’Hebron. Tras las dos macrooperaciones policiales coordinadas entre Mossos y Policía Nacional, en las que se desalojó a estos grupos de ladrones de pisos, de este edificio, muchos de ellos, los que ya han podido salir de la cárcel, se han trasladado a la Mina, en Sant Adrià de Besòs, donde mantienen una disputa abierta con los clanes familiares que se dedican al tráfico de heroína.

Sólo buscan joyas y dinero

Yuri, haciendo referencia a los asaltos que protagonizan, explica que tienen diferentes maneras de preparar los golpes. «Buscamos barrios buenos, con pisos de lujo, donde hay dinero y joyas. Como no nos gusta que haya gente dentro cuando actuamos, miramos y observamos muy bien la zona y paseamos hasta que sabemos que los pisos están vacíos. Entonces, ponemos unas cositas —refiriéndose a las marcas que dejan en las puertas para saber si entran y salen del domicilio— en la puerta del piso que queremos atacar. Si no abren la puerta y la marca sigue intacta, actuamos. Las vigilancias son entre semana, los golpes durante el fin de semana», sentencia.

Marcadores de plástico que los ladrones dejan en las puertas para saber si el piso está ocupado

Y, ¿qué buscáis?, le preguntamos. «Joyas y dinero, buscamos joyas y dinero. Aquí tenemos ya a nuestros compradores de oro que pagan a 18 euros el gramo». «Los rumanos arramblan con todo. Y los kosovares son muy violentos. Pueden llegar a matar. Nosotros no queremos hacer daño, por eso no queremos a nadie en el interior de los pisos».

De todo el dinero que recaudan, como ya ha mencionado, una parte va dirigida a su familia, que en muchos casos está en Georgia, y la otra a los Kurdis, que también suelen están en su país de origen y que, desde ahí, dirigen y coordinan a las distintas baterías que tienen por toda Europa, sobre todo, en Francia. A cambio, estos jefes les ofrecen material, protección para ellos y sus familias, documentación y vías de escape cuando son descubiertos.

Aquí todo les resulta más fácil y cómodo

Yuri reconoce que «trabajar» en Barcelona es muy cómodo para ellos. «Aquí, la policía trabaja bien. Son buenos, no nos podemos quejar. Pero también les diré que es fácil salir de la cárcel. Aquí, los policías son más humanos y, sin embargo, en Georgia son más duros y las cárceles son terribles». El ladrón insistía, durante la entrevista, en que nada tienen que ver las cárceles españolas con las de su país.

Asegura, en este mismo sentido, que «la mayoría de los miembros de nuestras baterías ya eran ladrones en Georgia. Y muchos ya han pasado por la cárcel. Tan pronto salieron de las cárceles de ahí, quisieron largarse, por miedo a volver y por miedo a la policía».

En general, todo les parece más fácil, cómodo y barato aquí en relación con su país. Refiriéndose a la droga, explica que atrae a muchos jóvenes georgianos que vienen aquí a consumir. «En mi país, un gramo de heroína cuesta 500 lari [unos 155 euros, aproximadamente]. Aquí es muchísimo más barata y fácil de conseguir. Un piko, por ejemplo, cuesta menos de 5 euros. Por eso, muchos consumidores de mi país vienen a España cuando se enteran de que aquí es fácil y barato comprar. Viene mucha gente joven», explica.

Reconoce el robo en casa de Piqué y Shakira

Cuando se le pregunta porqué muchos jugadores del FCB, cerca del 40% de la plantilla del primer equipo, habían sido víctimas de robos y asaltos en sus viviendas, teniendo en cuenta que la policía catalana les atribuía precisamente a ellos buena parte de dichos robos, el ladrón de profesión reconoce haber sido el autor del robo en casa de Gerard Piqué y Shakira. Del resto de robos, asegura no saber nada y cree que es simplemente una casualidad.

1 Comentario

  1. Me parece una vergüenza que se emita una entrevista como esta. A los delincuentes no hay que entrevistarlos, hay que denunciarlos. A ver que le parece al periodista si al día siguiente, roban en su casa. Lamentable

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