Licenciados en kaleborroca o el pan tumaca con sangre entra

luis Artigue

Pues resulta que la Rebelión de las Masas de la que nos habló Ortega y Gasset, ahora, en la era millenial, ha devenido en una hermandad universitaria que agrupa sacos de hormonas (es la edad) entorno a la peregrina idea de que la rebeldía es hacer lo que esté de moda…

Y lo que está de moda hoy día es algo muy muy y requetemuy nuevo: el independentismo quemabarricadas.

Asimismo está de moda adaptar la verdad a las necesidades del que habla, y está de moda cambiar el nombre a las cosas (para así por ejemplo llamar presos políticos a los políticos presos, y llamar exiliados a los evadidos de la ley que huyen de lo que les toca a los evadidos de la ley, esto es, la cárcel, y llamar represión al mantenimiento del orden público, y denominar partidos del cambio a algo también muy nuevo; a esa gran novedad que suponen los comunistas –llámalos Podemos para despistar- y los anarquistas –llámalos las CUP para que no se note-).

Pero eso no es todo: está de moda también la violencia pero sin llamarlo violencia sino defensa propia, y liberarse de las cadenas, y están de moda los pantalones vaqueros…

Sí, está de moda lo de siempre. Pero bueno, a los estudiantes ya se les pasará.

Sin embargo lo que no tiene un pase es lo de los rectores de las universidades catalanas, los cuales han firmado un panfleto que da pábulo a la psicosis hormonal de sus alumnos mani-fiesteros… Es un texto que echa leña al fuego de tal modo que solo falta que incluya entre paréntesis que hay que entender que esta vez los estudiantes tienen razón por querer lo que en su mayoría han querido siempre los estudiantes, esto es, movida promovida, una justificación para pirarse clases y, en esencia, tiempo sin fronteras para saciar sus ansias de épica y sus deseos de beber sexos y fumar flores, eso es, tienen razón, y que se joda la minoría de estudiantes que quieren estudiar e ir a clase, habrá que impedírselo, claro, sólo faltaba, si es que parecen bobos los pobres por no haber aprendido ya que no se trata de adquirir una verdadera educación sino de tener un título sea como sea)…

¡Cosas veredes, Sancho!

Nunca unos rectores de universidad nos habían recordado de modo más fehaciente aquel poemita de Ernesto Cardenal: “La letra con sangre entra. Firmado: el maestro alfabetizador”.

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