Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate (los que aquí entráis, perded toda esperanza)

Ricardo Gómez de Olarte
Ricardo Gómez de Olarte

A Luis F. B. y a la ira de los justos

Una mañana de Noviembre en una sala de vistas de la pomposamente llamada Ciudad de la Justicia de Barcelona, conocida entre los profesionales como la “Ciudad de la Angustia”

– El Ministerio Fiscal retira la acusación. No hay prueba alguna que demuestre que la acusada se dirigió al testigo con supuesto requerimientos sexuales para sustraerle el anillo de sello que jamás se ha encontrado. La presunta víctima no ha aportado evidencia alguna de la hipotética propiedad del citado reloj…

Clama la víctima:
– Pero oiga, que esa mujer me metió mano y en lo que tardé en quitármela de encima me había robado el anillo, salió corriendo y se encontró con un tipejo más arriba. No pude ni perseguirla. Tengo 75 años!!!!!

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Interviene Su Señoría, rugiendo:
– ¡Haga el favor de guardar silencio o lo hago desalojar y le impongo una sanción! Prosiga el Fiscal…

Y el Fiscal liquida su mantra ininteligible para cualquier profano:
– Podríamos entender la actitud de la presunta víctima…

La presunta víctima:
– ¿Cómo que presunta víctima? Que esta… (se retiene)…. “señora” me ha robado un reloj que heredé de mi padre!!! NO ES LO QUE CUESTA ES QUE ESE RELOJ LLEVA EN MI FAMILIA DURANTE GENERACIONES!!!!!

Su Señoría:
– ¡Basta! ¡Se lo he advertido! ¡Abandone inmediatamente la sala y sepa que le impongo una sanción!
La víctima, en estado preapopléjico, es acompañada por la agente judicial al aséptico pasillo.

Misma mañana de Noviembre, otra sala de vistas de la Ciudad de la Justicia/Angustia:

– No Señoría, yo no me presenté en casa de esta señora haciéndome pasar por una inspección del gas. Aunque en la grabación de las cámaras de seguridad de la escalera aparezco yo, indudablemente, me limité a ofrecer mis servicios para ayudar en una posible futura inspección del gas. Además, no hay ninguna imagen mía arrojando esas supuestas bolsas con objetos robados..

El Fiscal de ese Juzgado:
– Ciertamente, Señoría, no existe prueba alguna que desvirtúe las manifestaciones del acusado. Consecuentemente, el Ministerio Fiscal retira la acusación.

Su Señoría arquea una ceja señalando al abogado de la acusación particular ejercida por la comunidad de propietarios y, con una profunda mueca de desprecio, mirando ostensiblemente el reloj, desgrana con la boca torcida:
– Letrado, no hará falta recordarle que si Vd. persiste en una acusación sin fundamento, su cliente, toda la Comunidad de Propietarios tendrá que correr con las costas del procedimiento si el acusado finalmente es absuelto….

El abogado, veterano pero impotente, sabe lo que significa: Su Señoría lo va a absolver y si plantea más batalla, encima los pobres vecinos tendrán que pagar las costas del abogado defensor del “presunto choro”. Baja la cabeza y pronuncia entre dientes:
– Sí Señoría, conocemos perfectamente lo que pasará si…. (se interrumpe por no liarla parda y no perjudicar a sus clientes)… Nos adherimos a lo manifestado por el Ministerio Fiscal…

Misma mañana de Noviembre, población muy próxima a Barcelona. Luis F.B., 68 años, no es ningún Rambo precisamente, pero encarna muy bien esa imagen que en tiempos se decía que el español era un señor bajito, con bigote y eternamente cabreado.

Luis no tiene bigote, pero es bajito y esa mañana está cabreado. Se ha quedado sin tabaco porque la noche anterior su yerno se le ha fumado hasta el bonsái. Antes de salir hacia el trabajo, con el coche aparcado en doble fila sale con el paquete de tabaco del bar más próximo al conjunto de casitas donde vive.

Se le acerca una mujer joven, que muy zalamera le pregunta por una calle que ni existe, lo llama guapo (cuando Luis, perfecto conocedor de sí mismo siempre supo que es muy ”salado” pero nunca terminó de ser guapo) y le propone, sin rodeos, mantener relaciones sexuales ahí mismo y de forma gratuita. Para confirmarlo, ella le lleva la mano a su propia entrepierna.

Nuestro pequeño gran héroe le espeta, respetuosa pero firme y enérgicamente que en su casa “va mejor que muy bien servido”, rematado con un “quita bicho” de lo más torrentiano (de Torrente).

La supuesta ninfómana gerontofílica no le suelta la mano inmediatamente y le propone transmutar su profesión en la de mucama abnegada. Luis se da cuenta de que le han limpiado de verdad el reloj. Ruge:
– ¡Dame mi reloj de una vez!

La abnegada limpiadora niega más que San Pedro a Jesucristo.

Luis le sacude una de las pocas tortas que ha dado en su vida: seca y dura. Y lo hace con la ira de los justos.Tan es así, que a la mujer se le aflojan las piernas y de su entrepierna cae el reloj de Luis. Éste, se viene arriba y le viene a los ojos la escena del combate de Mohammed Alí en Kingsasa. Se cree que la mujer es George Foreman y hace ademán de rematarla. En el último momento se retiene, la empuja para alejarla, recoge su reloj y cada uno sigue su camino.

Preocupado llama a una amigo abogado, le cuenta lo sucedido y le pregunta qué hacer.

El abogado, que acaba de salir de defender a una comunidad de propietarios de los robos de un supuesto inspector del gas, le responde:
– Nada Luis, no hagas nada. No digas nada. No se lo cuentes a nadie. A ti no te ha pasado nada hoy. Y, sobre todo, aléjate de cualquier comisaria o Juzgado

Según el poeta Dante, a la entrada del infierno rezaba la inscripción que titula esto: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate (Los que aquí entráis, perded toda esperanza)”

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