«Las reglas del juego» de Carlos Pérez Merinero

En esta obra, Merinero hace un retrato impecable e implacable de una época que en cierto modo no es tan diferente a la actual

Las reglas del juego de Carlos Pérez Merinero
"Las reglas del juego" de Carlos Pérez Merinero

Todo juego tiene sus reglas, algunas escritas, otras no. Los que practicamos la lectura compulsiva sabemos que no siempre es fácil encontrar novelas que nos satisfagan. Indagamos, rebuscamos entre nuestros conocidos, físicos o virtuales, leemos webs especializadas o seguimos a personas de referencia en las redes.

Precisamente gracias a la recomendación de uno de mis escritores de cabecera, Paco Gómez Escribano, he llegado a la obra de Carlos Pérez Merinero (Écija, 1950 – Madrid, 2012). Un autor de los denominados “de culto”, que ha tocado muchos palos. Poesía, guiones cinematográficos, ensayos, ha dirigido películas y finalmente el que motiva este artículo, la novela negra.

Cuando Paco recomienda algo me falta tiempo para anotarlo, buscar un hueco y lanzarme a por ello. ‘Las reglas del juego‘ es mi primer contacto con Merinero y ya adelanto que no será el último. En estos tiempos en que todo parece ser noir, y no lo es, leer historias como esta me reconcilian con el género.

Naranjito no sonreía

España a comienzos de 1982 era un primor de país. La ilusión se podía palpar en el aire. Nuevos tiempos de modernidad, esperanza y prosperidad para todos. Nuestra joven democracia era referencia mundial.

España asombraba al universo. Y como símbolo de todo ello, Naranjito. Él nos marcaba el camino y nos traía lo que más deseaban los españoles: ¿Trabajo? ¿Sueldos dignos? ¿Justicia? Para nada, fútbol, fútbol, fútbol. Poco pan y pésimo circo.

Al menos eso pensaba Luisito, un pringao sin oficio ni beneficio que vive con su abuela. Su única perspectiva de futuro es currar con ella en la churrería que regenta. Así que decide comenzar una carrera, una de esas que no se estudia en la universidad y que no tiene final.

Quería ser gánster, ganar pasta rápidamente y dar la vuelta al mundo. Para ello se integra en la banda de Ortega, un flipao amante de las centrales nucleares. El resto de este grupo criminal de medio pelo son: Bernedo, un tipo amargado por su reciente separación y Tito Durán, alguien que se cree un genio del crimen.

Tras un primer golpe que será una cagada monumental deciden dar el palo definitivo, secuestrar al presidente de la FIFA en vísperas del Mundial.

Una idea genial que les permitirá realizar todos sus sueños escapando de su triste realidad cotidiana. La vuelta al mundo de Luisito, los sueños nucleares de Ortega, Bernedo logrará la custodia de sus hijos y Tito se podrá tirar a todas las tías del mundo; todo un salto a la tan cacareada e inaccesible para ellos clase media.

Si naciste para martillo…

Pero los sueños, sueños son y esta banda de perdedores no tardará en comprobarlo. Quieren jugar a un juego en el que no pueden ganar. Los que crearon las reglas juegan con las cartas marcadas. La esperanza de alcanzar el paraíso capitalista es solo eso, un anhelo, la zanahoria que arrastra al burro. A través de los ojos de Luisito no tardaremos en comprobar que tienen tantas opciones de éxito como España en ese Mundial de infausto recuerdo.

Con un lenguaje desenfadado, canalla, no exento de humor y sobre todo de mala leche, Merinero hace un retrato impecable e implacable de una época que en cierto modo no es tan diferente a la actual: Tasas de paro insoportables, empleos precarios con expectativas poco halagüeñas y el fútbol como bálsamo reparador.

No he podido evitar recordar el secuestro del jugador del Barcelona Enrique Castro “Quini” que tuvo lugar en fechas similares a lo narrado en la novela. En ese caso fue perpetrado por tres personas en paro y en situación desesperada. Quini incluso los perdonó. Nada que ver con nuestros protagonistas que si bien son también unos pringados de manual, sus actos hacen que no logres empatizar con ellos.

Ha sido un placer hacer un alto en medio de la vorágine de novedades que constantemente llegan a nuestras librerías. Echar la vista atrás y disfrutar de una historia esencialmente noir y por qué no, muy pulp.

Carlos Pérez Merinero ocupa ya un lugar en mis estanterías junto a Juan Madrid, Andreu Martín o Francisco González Ledesma, por citar solo algunos de los autores que me hicieron amar este género.

Ahora que cada semana se publica “el thriller definitivo”, “la novela negra del siglo”, “una historia trepidante”, etc, etc, se agradece retornar a las esencias. Anímate a romper las reglas del juego y disfruta de un gran autor, lo mejor se encuentra en los márgenes del camino.

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