Las miserias de alguna canallesca

Ricardo Gómez de Olarte
Ricardo Gómez de Olarte

Vaya por delante que el dicho latino sigue manteniendo todo su vigor: Primum vivere deinde philosophari. Primero hay que vivir y luego filosofar. La expresión, en el contexto que a continuación indicaré cobra más de un sentido.

De un tiempo a esta parte asistimos a un drástico cambio de valores entre los medios de comunicación. No sólo la política lo ha invadido todo, incluso ha extendido sus tentáculos entre los medios de comunicación privados. También lo ha hecho el dinero. Hace años que en la calle se viene denominando “Galerías Colau” a los manteros que ocupan el Paseo Juan de Borbón (ignoro si la ¿señora? alcaldesa lo ha rebautizado), el muelle de España (ídem respecto al nomenclátor de este muelle) y, en general, toda la ribera de la Barceloneta. La situación hace años que es kafkiana. Aceras enteras ocupadas por SIOS. Aclaro que los SIOS son los Señora/es Inmigrantes de Origen Subsahariano o según la cursi mamarrachada de la “Guía de Comunicación Inclusiva” de nuestra simpar Colau deberían ser denominados SMOS (Señore/as Migrantes de Origen Subsahariano.

Volviendo al tema, como casi todos sabemos resulta que estos SMOS vienen ocupando las aceras, impidiendo el normal paso de los transeúntes, ofreciendo mercancía ilegal y todo ello sin pagar los debidos impuestos. A mayor escarnio están siendo protegidos por la administración municipal de Colau. Eso sí, de acuerdo con la progresía es muy duro tener que vivir así, merecen una oportunidad, etc. etc… Será que cerrar tiendas que sí pagan impuestos, dan trabajo y ofrecen mercancía legales, no favorecen mafias y cumplen con sus obligaciones a la Hacienda local, no es duro.

El 1 de julio Marius Carol se sorprendía de que los manteros se hayan cronificado en Barcelona. Los que vivimos en una Barcelona real sabemos que ese problema está enquistado desde hace años y que ese quiste ya es tumor. No sé si el Sr. Marius Carol, ahora que ha llegado el buen tiempo, ha decidido comer en la Barceloneta, habrá observado el problema más de cerca y se ha hecho eco del mismo. Tarde, muy tarde. También cabe la posibilidad de que el grupo Godó, receptor de millonarias subvenciones por parte de la Generalitat convergente y postconvergente le haya indicado al Sr. Carol que la Sra. Colau merece toda su invectiva por no haber cedido la alcaldía a los indepes. ¿Por qué no se ha quejado antes? En el mismo sentido la Sra. Rahola y “sus negro/as“ con tantos y tantos temas: “discos solicitados”

Según el Informe Anual de la Profesión Periodística de 2017 (y cito textualmente), el número de periodistas que se inscriben en el Servicio Público de Empleo en busca de trabajo, sigue disminuyendo desde 2012 y 2013, cuando se alcanzaron los picos más altos desde que se registran estos datos. Por contra, es creciente el número de periodistas que trabajan en régimen de autónomos y que previsiblemente seguirá aumentando con el paso de los años en la medida en que se multiplique el número de medios digitales pequeños o medianos y vaya decreciendo el peso numérico de los grandes medios tradicionales en papel o en versión digital. Empieza a haber más trabajo entre la profesión pero es más precario. Antiguamente, cuando los periodistas estaban contratados en plantilla, tenían una serie de seguridades que les facilitaban la tarea. La primera de ellas es la póliza de responsabilidad civil que les cubría defensa y dinero en caso de condena judicial. Como sea que la cotización como autónomo es cara, el periodista autónomo prescinde de dichas pólizas y minimiza riesgos: se elude la verdad cruda para evitar procedimientos judiciales.

Los grandes grupos de comunicación viven en perpetuos EREs, como es el caso de El País y el Grupo PRISA o bien viven de la subvención (grupo Godó y prensa “prucesista”) o bien, si mantienen una serie de ingresos, es a costa de la precariedad, inseguridad y militancia política del periodista (Mediapro o COPE -Vocento).Subvenciones aparte, todos viven, como siempre, de la publicidad. Todo ello va en perjuicio de la independencia y la objetividad. Ahora asistimos a lo que viene siendo tradición en Estados Unidos: las empresas de relaciones públicas que aúnan la defensa de la imagen de diferentes compañías.

Es tradicional la fotografía del dueño de esa agencia de relaciones públicas calzando una bronca por teléfono al director del medio de comunicación que no ha sido amable o directamente debiera haber omitido alguna noticia negativa sobre alguno de sus patrocinados. Si la noticia ha hecho el suficiente daño o bien el medio tiene el suficiente eco, acto seguido de la bronca llega la caricia: “Deberíamos quedar a comer para comentarte cómo obtener publicidad en tu medio. Yo te invito”.

La escena del sofá viene a ser la siguiente: Director de medio y de agencia quedan para comer en un restaurante caro, preferiblemente en un reservado. El relaciones públicas vuelve a abroncar, esta vez más amable y cariñosamente, al director del medio de comunicación. Hablan brevemente de lo divino y de lo humano. Pasan a supuestas novedades políticas, transitan por los cotilleos sobre personajes de la ciudad y en los postres el relaciones públicas le indica al periodista que debe ser amable ya que en caso contrario se le cerrarán las puertas de una parte de la sociedad. Si el periodista persevera en noticias negativas sobre el patrocinado del RRPP y deriva a una campaña de acoso y derribo, al defensor de imágenes no le quedará otra que comentar a su cliente la necesidad de contratar publicidad en ese medio de comunicación. Hay algún “cuidador de imagen” más sofisticado que paga de su bolsillo espacios publicitarios y los va cubriendo con diferentes anuncios de sus clientes según aparezcan noticias negativas sobre ellos (evidentemente luego queda repercutido en la factura).

Para ello el director del medio ya se encarga de avisar previamente de que en Fiscalía anuncian querella por el delito Z contra la empresa/empresario X con YY años de prisión. La agencia coloca anuncios de esa empresa/empresario X en el medio de comunicación contratado durante los días que dure la tormenta. Aquí paz y después gloria.

Hubo un periodista, más pícaro que los demás, que aprovechando su condición de redactor en el área de sociedad de un diario mayoritario en su ciudad,indicaba a los próceres de esa población la conveniencia de contratar los servicios de una determinada agencia de relaciones públicas y evitar sustos. Los empresarios más informados acudían de inmediato a esa agencia ya que eran conscientes de que la simpatiquísima dueña de la agencia era la señora esposa del periodista. Si no eran clientes de la agencia, o bien eran ignorantes de tan feliz coincidencia, sistemáticamente eran silenciados en las noticias positivas o bien eran masacrados en las negativas de ese diario. Con el tiempo, la burguesía local acabó celebrando el buen hacer del periodista (¿qué remedio les quedaba?) y nuestro protagonista llegó a director de su medio de comunicación.

Dice el refranero que “el secreto mejor guardado es el nunca revelado”. Y si se sabe hacer bien, también es el mejor pagado.

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