LAS JAURÍAS, de Alberto Gil

Se trata de una impecable novela true crimen sobre un crimen de estado tan real como convenientemente olvidado acaecido en la frontera del Guadiana

LAS JAURÍAS, de Alberto Gil
LAS JAURÍAS, de Alberto Gil

Extremadura. La Raya de Portugal. Febrero, marzo y abril de 1965. Un joven llamado Nuno Chungas que aparece muerto y desnudo en un tramo del Guadiana. El simultáneo hallazgo del cadáver del general portugués Humberto Delgado y el de su secretaria en un camino de contrabandistas próximo a Villanueva del Fresno. La manipulación informativa de los regímenes dictatoriales. La policía política de Salazar en colaboración con el régimen de Franco. La impunidad criminal del estado. El periodismo justiciero…

La teoría de la literatura noir nos enseña que la novela negra, en lo que tiene de poética narrativa del realismo, es una oscilación entre el periodismo casi notarial con mimbres de realidad brutal (true crime) y la fición noir realista pura en sus diferentes registros (novela enigma, hrad-boiled, crook storie, domestic noir, country noir, novela policial, crónica negra, etc).

La experiencia lectora nos dice asimismo que, en novela negra, el true crime es lo más difícil porque la historia narrada no solo tiene que parecer verdad (al modo de la Historia) sino que, además, ha de serlo, y ha de resultar eficaz y potentemente desentrañadora (al modo del Periodismo).

En este sentido LAS JAURÍAS (Ed. Roca, Premio L’H Confidencial de Novela Negra), de Alberto Gil, es una impecable novela ‘true crime’ sobre un crimen de estado tan real como convenientemente olvidado acaecido en la frontera del Guadiana, la cual tiene formato y tono de crónica negra, e intensidad de alegato político, y textura de época, y la potencia política del periodismo de investigación cuando el investigador de raza es como un detective que sabe preguntar, y mirar, y huronear, y tirar de hilos, y seguir pesquisas y pistas: todo para combatir la impunidad y completarnos el relato de la realidad al sacar a la luz lo que más siniestro y oculto.

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Sí, LAS JAURÍAS es eso, pero también es una habilidosa y redonda “construcción de un personaje” (por decirlo con un hallazgo teórico de  Konstantín Stanislavski): Abel Castro, un viejo periodista de raza con demasiados años para ser joven, y que de pronto se ve despedido, introvertido, caído en desgracia, aislado, desfasado y jodido por la modernidad sin alma del oficio, y por su soledad, y su falta de perspectivas y su sensación de sentirse prescindible por la vida (casi solo conversa –si es que a lo que él hace se puede llamar conversar- con su hijo Gonzalo).

LAS JAURÍAS es eso, y es la construcción de un personaje, y es el elogio fascinante de un mundo (La Raya, emociona el fino sentido del paisaje –un paisaje fronterizo en muchos sentidos- que  hay en esta novela, en la cual, en su descripción de ese mundo, la prosa rezuma de un austero lirismo muy evocador, plástico y casi teletransportador), y es la reconstrucción minuciosamente documentada e intrigantemente dosificada de cuatro crímenes de estado.

Gonzalo le presenta a su padre (a su padre contrariado, hastiado y jubilado casi de este mundo) a su novia: una fotógrafa portuguesa llamada Catarina. Y Catarina le habla a Abel de viejos sucesos olvidados acaecidos en la Raya: una noticia de un crimen muy sonado y sin resolver en el que Abel trabajó en su día sin sacar nada en claro, que coincide con la aparición del cadáver de un muchacho. Y el instinto periodístico del viejo informador huele la presa informativa, y decide salir una última vez de caza de la mano de su inopinada Watson Catarina. Y buscan. reconstruyen. Y, al hacerlo, hay acción. Intriga. Crimen. Inmoralidad. Zonas oscuras. Amenazas. Sorpresas. Y hay un personaje, Abel, uno con la detectivesca fiebre del periodista de investigación dentro, que, cuando investiga los sonados crímenes del general y su secretaria, se siente como un enviado especial que escribe crónica internacional, y cuando investiga el crimen del muchacho se siente como un reportero local, pero en ambos se vuelve a sentir vivo al lado de Catarina…

Una novela negra true crime impecable sobre el contrabando de informaciones, de realidad y ficción, y el contrabando de personas y de bienes de consumo propio de los ligares fronterizos como las novelas de la frontera de México de Cormac McCarthy o las crónicas de El Hambre de Martín Caparros.

Una novela que es en sí misma un fronterizo trasiego noir entre la realidad y la ficción… ¡No se la pierdan!

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