Ladrones de inocencia: pedófilos vs pederastas

Nuestra ley penal no ofrece una definición ni establece diferencias. Sin embargo, sí hay respuestas punitivas diferentes para los pedófilos y los pederastas, atendiendo a las conductas que llevan a cabo. Porque eso es lo que les diferencia: sus actos.

Paz Velasco de la Fuente

El hombre de los caramelos a la puerta del colegio; el que se sentaba en el parque a observar cómo jugaban los niños mientras sonreía; el que hacía regalos para ganarse la confianza de ese niño, casi se ha extinguido. Antes, era mucho más fácil identificarlos. Eran visibles. Nuestros padres nos decían «no hables con desconocidos» y no lo hacíamos. Ahora, en la era millennial, millones de niños hablan con desconocidos y es casi imposible saber quién es un pedófilo en el patio de juegos más grande del mundo. Éstos han encontrado su paraíso particular en la Red.

Pedofilia vs pederastia

Pedofilia y pederastia no solo no son sinónimos, sino que son diferentes conductas, aunque ambas están tienen algo en común: los niños. Se trata de la atracción erótica o sexual por los niños (pedofilia) frente al abuso sexual (pederastia). Por lo tanto, la principal diferencia está en la/s acción/es que llevan a cabo con niños. 

Desde un punto de vista clínico, no existe diferencia entre pedofilia y pederastia (son considerados sinónimos). La pedofilia se considera un trastorno parafílico,es decir, una desviación sexual que supone la «excitación sexual intensa y recurrente derivada de fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que implican la actividad sexual con uno o más niños prepúberes (generalmente menores de 13 años)», DSM-5, p.377. 

La pedofilia es una tendencia sexual que el sujeto alimenta con pensamientos y fantasías. Y no, no es punible. Fantasear y desear sexualmente a un niño, aunque nos parezca aberrante, no es un delito. Sin embargo, cuando estos sujetos retroalimentan sus fantasías consumiendo pornografía infantil sí entran en el ámbito delictual. Nuestro Código Penal tipifica como delito la visualización de imágenes o vídeos de niños dedicados a actividades sexuales explícitas (reales o simuladas) o la representación de sus genitales con fines sexuales. Es decir, consumir pornografía infantil sí es un delito. Tras el consumo, llega la posesión, la colección, el intercambio y la distribución, que también aparecen tipificadas como delitos. La mayoría de pedófilos, son consumidores y distribuidores, pero no productores (pederastas). Lo cierto es que la gran mayoría de pedófilos nunca llegan a cometer abusos sexuales.

Ver pornografía infantil se considera un indicador de pedofilia y, en determinados casos, un factor de riesgo que puede llevar al abuso infantil en un futuro próximo. Pero puntualicemos. No todos los pedófilos consumen este tipo de material y no todos los pedófilos que consumen pornografía infantil pasan a la acción. Pero sí ocurre lo contrario: la gran mayoría de pederastas han sido consumidores.

Pero el pederasta ni se conforma ni tiene suficiente con mirar. Va muchísimo más allá. Es el que agrede o abusa sexualmente de bebés, niños o adolescentes para su propia gratificación sexual o para convertirse en productor de pornografía infantil. Ellos hacen las fotos, los vídeos, los venden, los distribuyen o los usan para poder entrar a formar parte de algunos de los grupos de pedófilos y pederastas de «élite» que se mueven en la Red. Otra puntualización: no todos los pederastas son pedófilos que se sienten atraídos sexualmente por los niños. Pueden llevar a cabo los abusos porque, simplemente, utilizan a los niños como objetos sexuales o para producir pornografía infantil para venderla, ya que es un negocio altamente lucrativo.

Escalada criminal

Algunos pedófilos no solo consumen pornografía infantil, sino que pueden dar un paso más y producirla, crearla. Una vez que el pedófilo decide «dar el salto» al abuso sexual, lo más fácil es recurrir a menores de su entorno más cercano —familia, hijos de amigos, alumnos…—  en lugar de buscar a un menor desconocido, que es mucho más arriesgado. Otros dan el paso a través del turismo sexual infantil.

Como criminóloga considero que el camino que lleva de la pedofilia a la pederastia, resumido brevísimamente, pasa por estas fases:

  1. Trastorno parafílico de pedofilia. Desarrollo de sus fantasías sexuales con niños.
  2. Adquisición de pornografía infantil para su consumo privado. A partir de este momento, sus fantasías quedan reforzadas tanto por las imágenes que ve como por la autogratificación sexual (masturbación) al verlas.
  3. Entran en contacto con otros individuos con sus mismas tendencias sexuales para intercambiar pornografía infantil, en comunidades virtuales donde participan miles de sujetos. Esto hace que se sientan comprendidos y normalicen aún más sus tendencias sexuales, porque «si lo hacen tantos no debe ser tan malo». En 2010, Europol desmantelo Boylover.net, arrestando a muchos de sus miembros. Pero ya tiene sucesor.
  4. Comienzan a plantearse la posibilidad de grabar sus propios vídeos, de crear su propia colección de fotos.
  5. Paso al acto: pasan de su fantasía, reforzada a través de la pornografía infantil y del contacto online con pedófilos y pederastas, a cometer su primer abuso sexual. 

Hoy, Internet se utiliza como medio para la explotación y el abuso sexual infantil, al menos, de las siguientes formas: a) consumo de pornografía infantil (pedofilia); b) producción, distribución y venta de ese material; y c) atracción y reclutamiento de víctimas infantiles a través de los depredadores online: Hunters y Loopers, de los que ya hablaremos en otro artículo.

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