La teta correcta

La única cosa realmente feminista que pasó ayer en el Benidorm Fest fue el homenaje del grupo Varry Brava a Rafaella Carrà, una mujer transgresora donde las haya alejada de moñadas y estupideces como las tetas maternas, los caldos de la abuela o la realmente inventada palabra “todes”.

La Teta Correcta
El grupo Varry Brava durante su actuación en el Benidorm Fest l RTVE

La única cosa realmente feminista que pasó ayer en el Benidorm Fest fue el homenaje del grupo Varry Brava a Rafaella Carrà, una mujer feminista de verdad, transgresora donde las haya, modelo y referente artística que vale la pena admirar, alejada de moñadas y estupideces como las tetas lactantes, los caldos de la abuela o la realmente inventada palabra “todes”.

Y me gusta ya dejarlo claro desde el principio porque después de más de una semana de ríos de tinta en internet (figurados), de discusiones bastante estúpidas sobre si una teta de plástico era empoderante o sobre si había que odiar a las pandereteiras porque cada vez que abrían la boca y no era para cantar, dos de cada tres palabras eran “diverses” o “inclusives”, al final todo ha quedado en orden y ha ganado la teta correcta. La que se mueve al compás con un buen culo al ritmo de una alegoría a los “Sugar Daddy”, y todas y todos sabemos ya que es esa basura.

Nada más lejos de mi intención que meterme con la mujer que se hace llamar Chanel. Es una grandísima profesional, y si yo tuviera que pegar esos saltos y cantar algo durante cinco segundos igual que ella, me darían siete infartos. La chica lo que hace lo hace maravillosamente. Ahora, poner de nombre “Chanel” a la cosa más vulgar y vista haría que la mismísima Coco se volviera a morir del susto si levantara la cabeza y viera semejante espectáculo con su nombre en luces de neón fucsia, como en cualquier burdel de carretera.

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Y sin embargo estoy absolutamente agradecida a la magia de la televisión por habernos abstraído de la realidad asquerosa en la que vivimos últimamente y haber forzado que durante un par de días pudiéramos relajar un rato las neuronas centradas en discutir sobre frivolidades intranscendentes. Ha sido todo un regalo. Además, regalo con sorpresa, porque hay que reconocer que la trama del jurado malvado y amañador ha puesto el clímax a esta historia que ya se estaba haciendo pesadísima sobre quien es más o menos feminista.

Y ojo que no digo yo que no haya habido un asalto absoluto al público que se ha dejado la pasta en llamar y votar, especialmente desde las tierras gallegas. Eso directamente ha sido una estafa, pero ha sido justo lo que necesitaba el espectáculo para tomar tintes de culebrón. Una maravilla.

Lo mejor, las propuestas musicales. Algunas realmente buenas y originales como las de Tanxungueiras. Yo soy muy fan de ellas porque soy muy fan de cualquiera que haga cosas diferentes y de calidad, y en este caso, nadie duda de que el lema “Galicia Calidade” se cumplía con creces. Estoy deseando verlas en todos los festivales de este verano, y se que van a estar porque ya las he visto en algún cartel.

Los chicos de Rayden, con su “Calle de la Llorería” son buenos artistas, en una actuación de musical, casi más interpretativa que vocal. Una buena cosa. Y mi debilidad, Xeinn, ese chaval mezcla de George Michael y Justin Beiber, utilizando los carteles de “Tocata” y “Aplauso”. Lo confieso, me robó el corazón en medio segundo.

Pero mi alma bailonga se impone y la mejor cosa que vi en estos tres días son los Varry Brava. Una continuación casi mágica de la maravillosa Fundación Tony Manero, que la pandemia se llevó por delante, como tantas otras cosas buenas. Espero bailarlos durante muchísimo tiempo en todas las pistas de baile que pisen mis pies. Ellos hubieran hecho grandes cosas en Turín.

Respecto a las baladas, propongo seriamente que el reglamento prohíba llevar ese tipo de propuestas. Son un tostón infumable. Vivan los festivales Free Baladas pastelosas.

Y en cuanto al meollo del asunto, todo el concepto que planteó Bandini me daba una alergia insoportable. Para mí era una “bleda” con pasta haciendo la pija, intentando parecer feminista con los conceptos más carcas del universo. Un canto literal a la posmodernidad que se cree que todo se inventó ayer. Y no se me entienda mal, la canción y el ritmillo es hasta divertido y es más pegajoso que un chicle pisoteado. Pero que el caldo de mi madre o una teta plastificada, a estas alturas del cuento, alguien entienda que es algo cercano al feminismo, es muy agotador. Y ya me estoy temiendo una invasión de tetas postizas en el próximo 8M como símbolo empoderante. Y muchas de ellas llevadas por tíos auto identificados como seres tetones.

Por eso yo entiendo que es mucho más correcta la teta de Chanel, la otra propuesta musical que pivotaba claramente sobre unas tetas, pero sobre unas tetas sin pretensiones. La propuesta ganadora es clarísima: carnaza para vista y una canción versión 2.0 con más ritmo de aquella cosa que decía “A mi me gustan mayores”, que fue un hitazo. Por lo menos es una propuesta sincera. Ofrece lo que ves, y la honestidad hoy, es un valor muy escaso. El patriarcado es muchas cosas, pero no engaña. Tiene un plan para las mujeres y es este: chica, búscate un “daddy” para no tener “problemas monetarys. Lo de siempre.

Pero una vez zanjada la discusión no me queda más que desearle toda la suerte del mundo a Chanel, esa chica con la que hemos compartimos pueblo en algún momento. Aunque con el elenco de gerifaltes de la industria discográfica que tiene detrás, la suerte es relativa. ¡Que viva el orden y la teta correcta!

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