La sirenita Peral

Quién sabe si, con lo machista que es la justicia y la sociedad, a una mujer que participa en un asesinato, no le hubiera ido mucho mejor judicialmente decir que lo hizo “por amor” que decir que lo hizo por miedo.

Opinión de Núria gonzález para eltaquigrafo.com
La actriz Úrsula Corberó caracterizada como Rosa Peral y la cantante Halle Bailey que será la nueva Sirenita

El mundo de la televisión y el cine no ha animado el final de esta semana enlutada por la más grande de la “royal”.

La primera polémica que nos ha asaltado es de qué color tiene la piel una criatura que no existe, esto es, la sirenita. Hasta ese punto nos permitimos los ricos del mundo discutir sobre intangibles mientras el mundo a nuestro alrededor se hunde. Al menos cuando Nerón le pegó fuego a Roma lo hizo para conseguir la inspiración necesaria para escribir un poema, pero nosotros, ni eso. Nos quedan dos telediarios en este planeta que nos hemos cargado, pero oigan, lo importante saber es el color de piel de la protagonista de una de las historias más tóxicas y letales que ha llevado al cine Disney.

Me maravilla como en la segunda década del siglo XXI pueda seguir teniendo cabida y éxito (si no creyeran que lo vaya a tener no se gastarían ni un duro en ello), una nueva película sobre el cuento de Andersen que es una oda a la inmolación de las mujeres en pro del amor romántico y de un príncipe que, por cierto, siempre es un inepto que no se entera de la película hasta el final.

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¿Por qué la polémica está en si la Sirenita es blanca, negra, verde o azul en lugar de en qué por qué se sigue bombardeando a las niñas con historias infames que les enseñan que vale la pena perderlo todo por el amor de un hombre que ni siquiera sabe que existes? En el caso de la Sirenita es especialmente interesante el hecho de que la mitológica criatura canjee su voz por el amor romántico. Es paradigmático del mensaje. Cambia tu voz por amor, total, ¿para qué quiere una mujer tener voz pudiendo tener a un maromo? El sueño húmedo del patriarcado mismo.

Sin embargo, hay sirenitas muy reales y muy actuales capaces de sacrificarlo todo en el altar de los amores tóxicos, que son la evolución natural del amor romántico. Una de estas sirenitas damnificadas a saltado a la actualidad de las pantallas de nuevo esta semana, al anunciar una gran plataforma que empieza el rodaje sobre conocido como “El crimen de la guardia la Guardia Urbana” volviendo a poner a la figura de Rosa Peral en el centro del imaginario colectivo de las malas malísimas. Solo que Rosa Peral sí existe en la realidad.

Rosa Peral es una mujer que cumple actualmente condena por el asesinato de Pedro, el que era su pareja en el momento de los hechos. Cumple 30 años de condena, 5 más que el otro implicado, Albert, que cumple 25 años de prisión también por asesinato, pero al que no le aplicaron el agravante de parentesco y por eso se ha ahorrado la propina de los 5 añitos más a la sombra.

Ambos fueron juzgados y condenados y su condena ha sido ratificada por todas las instancias judiciales a las que han recurrido, quedando petrificada la “verdad judicial”. Pero en multitud de casos, esta verdad de las togas no coincide con la verdad real. Al menos en este caso a mi no me cuadra.

Sin prueba alguna directa se ha condenado judicialmente a Rosa Peral por el asesinato de un hombre que físicamente era imposible que ella cometiera. Solo hay que ver la envergadura de ella y del finado. Sin embargo, el otro condenado ya había matado antes a otro hombre y era de sobra conocido que su carácter violento no era cualquier cosa.

Según la versión de Rosa, Albert mató a Pedro y ella, por miedo no llamó a la policía y se convirtió en su cómplice. Según la versión de Albert, nunca muy definida, Rosa mató a Pedro y él se convirtió en su cómplice. Y según la sentencia, ambos mataron a Pedro, sin explicar muy bien como, y a ella le sumaron 5 años más de condena.

Creerán que me estoy yendo del tema, pero denme 3 líneas más.

Visto el juicio, las pruebas, los documentales, habiendo hablado con el propio padre de Rosa y leídos los ríos de tinta que sobre ella se escribieron, aunque la mayoría se dedicaran sólo a reprocharle su vida sexual en lugar del posible asesinato, yo no creo que Rosa Peral fuera capaz de matar a su novio. Ni a su novio ni a nadie. Sin embargo, si creo que Rosa Peral haya sido complemente capaz de arruinar su vida por el amor tóxico que la llevaba de cabeza desde hacía años, Albert. Podría haberse en convertido en cómplice no por miedo, sino por “amor”.

Quién sabe si, con lo machista que es la justicia y la sociedad, a una mujer que participa en un asesinato, no le hubiera ido mucho mejor judicialmente decir que lo hizo “por amor” que decir que lo hizo por miedo y para salvar su vida y la de sus hijas. A las mujeres se les “excusa todo”, si lo hacen “por amor”.

De todo lo conocido, una de las cosas que nos queda más claras es que Rosa estaba absolutamente enamorada de Albert. Pero Albert sólo quería pasarse la vida de juerga y no le interesaba en absoluto hacerle de marido a Rosa ni de padre putativo a las sus dos hijas. Vemos en Rosa el típico comportamiento de las mujeres queriendo cambiar a un tipo que sabemos positivamente que no es bueno para nosotras, pero que creemos que, en nombre del amor, va a transformarse en aquello que anhelamos. Error.

En un momento dado, Rosa encuentra a otro hombre que parece que sí le encaja y decide cortar con su amor tóxico, el cual que coge la maleta y se va a Cancún a retransmitir en directo con cuantas tías se enrolla. Típico comportamiento de machote herido. Igual que el de volver a aparecer justo cuando ve claro que Rosa, a la que él creía de su posesión, realmente va a empezar su vida con otro hombre y él va a dejar de tener el poder.

Aparece el macho de orgullo herido y el pobre Pedro acaba ardiendo en el maletero de su coche.

Igual que La Sirenita aceptó perder su voz para asegurarse el amor del hombre de quien se había enamorado (el único que había visto, por cierto), podría Rosa Peral, en su fuero interno en un pacto consigo misma, haber aceptado ponerlo todo en jaque, jugarse su vida y su libertad con tal de utilizar el último cartucho para poder estar unida a Albert para siempre, aunque fuera a través de un asesinato que los llevara a los dos a la cárcel, que era lo que ella siempre quiso.

La posibilidad de mantener vivo un amor tóxico ha llevado a la muerte directa a millones de mujeres, ya no digamos a encubrir y participar en los crímenes más horrendos, sólo para ver si así conseguían el amor romántico de aquél a quien ayudaban, ya que de otra manera jamás hubieran cometido tales desmanes. Podría ser el caso de Rosa Peral.

Así vemos que perder la voz, la vida, la libertad y la cordura, no es tan extraño y es lo que identifica a los miles de sirenitas que no inventó Andersen y que no viven en el mar. Da igual del color que sean.

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