La sangre corre de nuevo en la Costa del Sol

El crimen sacude Marbella. En tres meses se han cometido seis asesinatos a tiros en plena calle. Todo ello es el resultado de la batalla que las bandas de narcotraficantes libran por el control de la droga

La sangre corre de nuevo en la Costa del Sol

La Costa del Sol se ha transformado en un auténtico campo de batalla para las bandas organizadas dedicadas al tráfico de droga. Éstas, literalmente, luchan por el control del “Estrecho” —una de las principales puertas de accesos del hachís y la cocaína a nuestro país— y por imponerse unas por encima de las otras.

La violencia, los tiroteos a plena luz del día y los ajustes de cuentas se han convertido, así, en el pan de cada día y, a falta de tres semanas para que concluya el ejercicio, ya son al menos 24 las muertes violentas, tres más que en 2018, que ya marcó un récord negativo.

De hecho, este último trimestre de 2019 se ha marcado unas cifras realmente sangrientas en la Costa del Sol, especialmente en las localidades de Marbella y Mijas. Desde septiembre, seis personas han muerto a balazos en los alrededores de Marbella, cuatro de ellas en el último mes. Ninguno de los asesinatos ha sido esclarecido.

Hablar del asunto es casi tabú para las instituciones. A pesar de esta cadena de muertes, el Gobierno califica lo ocurrido como «incidentes aislados» y defiende la Costa del Sol como un destino «seguro». Pero, a pesar de estas valoraciones, la ‘narcoguerra’ ha estallado en la Costa del Sol.

Últimas víctimas tiroteadas

En lo que llevamos de diciembre, dos personas habrían sido tiroteadas en uno de estos ajustes de cuentas entre bandas rivales. El pasado martes, 3 de diciembre, un ciudadano francés, de 60 años, cenaba en el restaurante Da Bruno, en Marbella. Al mismo tiempo, dos sicarios estacionaban un Renault Megane azul, alquilado, en la puerta del negocio, cercano al camping de Cabopino. Esperaron con paciencia.

Poco después de las ocho de la tarde, cuando el francés se dirigía a su coche, recibió seis disparos a sangre fría. Los autores del asesinato llevaban máscaras. Huyeron hasta la autopista AP-7. Rompieron la barrera de acceso. Más tarde prendieron fuego al vehículo en una carretera apartada y se esfumaron.

Aunque las pesquisas se encuentran en fase embrionaria, la forma en la que se produjo el crimen hace pensar a los investigadores que estamos ante un nuevo ajuste de cuentas relacionado con el crimen organizado. La víctima, cuyas actividades se investigan, presentaba varios impactos de bala en distintos puntos del torso, explicaron las citadas fuentes.

Tan solo una semana más tarde, este miércoles, 11 de diciembre, la estadística sumó una nueva víctima tras el hallazgo de un cuerpo en una zona pedregosa de una playa de Mijas, en lo que parece ser el sangriento desenlace de un nuevo ajuste de cuentas en la Costa del Sol. Junto al cadáver, tumbado bocabajo, un puñado de casquillos que dibujaban una ejecución. Al parecer, el joven, de nacionalidad eslovena, fue ametrallado. Fue una persona que caminaba por el lugar, la que se topó con el cadáver y rápidamente llamó a los cuerpos de seguridad, que acotaron el lugar y realizaron la pertinente inspección ocular antes de que la comitiva judicial procediese al levantamiento del cadáver.

El golpe a Koke Contreras

La lucha de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado para tratar de poner fin a esta violencia sin control es incesante. En los últimos meses, la Policía Nacional y la Guardia Civil han encadenado varios golpes al narcotráfico, en colaboración con autoridades policiales de otros países.

Uno de los más sonados tuvo como protagonista al exjugador del Málaga CF, Sergio Contreras, conocido como Koke Contreras, considerado el presunto cabecilla de una banda a la que los agentes decomisaron una tonelada de hachís. El grupo criminal, con 20 detenidos, tenía varios de sus tentáculos extendidos en las provincias de Sevilla, Málaga y Granada.

Rivalidad entre las bandas

La sucesión de este tipo de muertes violentas ha vuelto a poner el foco sobre la Costa del Sol como lugar donde operan grupos organizados de distinta procedencia, cuyos intereses colisionan y que no dudan en tirar de gatillo para solventar rencillas. En este sentido, y según datos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, es tal el número de bandas que operan en esta zona, que el choque ha empezado a ser inevitable.

Así pues, los expertos vinculan esta tendencia alcista de crímenes a la alta concentración de grupos organizados en la Costa del Sol, grupos de numerosas partes del mundo que luchan por el control del tráfico de droga que entra por el Estrecho. Y aun las cifras de muertes violentas, vinculadas con el narcotráfico, instancias gubernamentales han querido restar importancia a lo ocurrido alegando un control de la situación que se desmorona con cada nuevo ajuste de cuentas.

La alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, se ha desmarcado de esta visión y días atrás recordaba al Ejecutivo central que estamos ante «una cuestión de Estado y de garantía de seguridad nacional».

La Guardia Civil pide refuerzos

Ante esta situación, digna de películas de Al Capone, la delegación de Málaga de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), ante el último homicidio en Mijas este pasado miércoles, ha manifestado su «más enérgico rechazo» a este tipo de crímenes y ha recordado que llevan meses pidiendo un aumento de plantilla «en todos los puestos en general, pero más, si cabe, en el de Mijas, donde se hace necesario y de forma urgente».

En el comunicado, han considerado que hay «una guerra abierta entre bandas, donde se están matando unos a otros ajustándose las cuentas», instando a la Dirección General a que «reconozca el problema de escasez de plantilla que tiene la Compañía de Marbella en general y el Puesto Principal de Mijas en particular».

La Fiscalía se muestra preocupada

La Fiscalía malagueña muestra su preocupación por el incremento de los delitos contra la vida que se han producido en la Costa del Sol, los cuales vincula a la actividad delictiva de las organizaciones criminales. Al respecto, desde el Ministerio Público se explica que la Costa malagueña constituye un lugar idóneo para el asentamiento y refugio de personas vinculadas a este tipo de bandas, alegando aspectos como las buenas comunicaciones o la cercanía con Marruecos, donde se encuentran los principales productores de hachís.

Por ello, expone que en Málaga conviven diversas modalidades de delincuencia organizada, incluida la transnacional. Están especializadas en multitud de delitos como el narcotráfico o los robos y asaltos en viviendas, pero siempre tienen un mismo objetivo: el beneficio económico.

Las organizaciones de narcotraficantes encuentran en la Costa del Sol todo lo que necesitan. Los capos se han asentado cómodamente entre el anonimato que ofrecen las urbanizaciones desperdigadas por la montaña y una ciudad donde disfrutar de su fortuna. Tienen todo a mano: un país productor de hachís —Marruecos—, una zona de entrada de cocaína —la bahía de Algeciras— y otra para blanquear los beneficios —Gibraltar—.

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