La prisión de Wad-Ras agujereada como un gruyer

Los Mossos refuerzan la vigilancia en una de las garitas exteriores del centro penitenciario de Wad-Ras, al constatarse como, con suma facilidad, se introducía droga desde el exterior a través de las ventanas de las duchas.

La prisión de Wad-Ras agujereada como un gruyer
La cárcel de Wad-Ras, desde la calle del Doctor Trueta | GOOGLE MAPS

Durante meses y, a través de las ranuras de una ventana situada en una de las fachadas exteriores de la prisión de mujeres de Barcelona, Wad-Ras, —la que da a la calle Doctor Trueta— amigos y familiares de las reclusas han ido introduciendo todo tipo de sustancias estupefacientes para el consumo de las internas.

Lo han hecho, como han podido constatar recientemente los Mossos d’Esquadra, a través de las ventanas de las duchas y del baño, un punto ciego y agujereado que conecta con una garita exterior que, hasta ahora, solía estar vacía.

Según ha podido saber este medio, los amigos y familiares que se acercaban hasta ahí solo necesitaban escalar unos pocos metros de valla, introducir la droga en las ranuras de la ventana de los baños y volver a bajar. Estando la garita vacía, tenían margen de actuación al ser un punto ciego de cámaras de vigilancia.

Prisiones refuerza la seguridad

Al descubrir esta situación, totalmente kafkiana, la Policía catalana y la Dirección General de Prisiones de Catalunya han decidido reforzar la seguridad y modificar las ventanas, cubriendo los pequeños agujeros por los que los conocidos introducían la droga. A partir de ahora, la garita que solía estar vacía será ocupada por una patrulla y las ventanas antiguas y agujereadas, como si de un queso gruyer se tratasen, han sido reforzadas y sustituidas por unas nuevas.

La Dirección General de Prisiones ha desplegado, además, todo un conjunto de aparatos tecnológicos de videovigilancia para evitar la introducción de sustancias estupefacientes a través de este sistema tan rudimentario. Fuentes penitenciarias han asegurado a este medio que este tráfico interno de drogas se ha venido haciendo desde hace meses, con total impunidad.

Todos los observadores penitenciarios consultados por este medio han confirmado que, efectivamente, el consumo de drogas en la cárcel de Wad-Ras era habitual y casi normalizado.

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