La pareja había entrado en una espiral de violencia mutua

Los primeros informes de la investigación determinan que Jaume Badiella, asesino confeso de Mònica Borràs, mató a su expareja con un hacha. El detenido ha sido enviado a prisión provisional, comunicada y sin fianza

La pareja había entrado en una espiral de violencia mutua
El detenido Jaume Badiella y la víctima Mònica Borràs

El detenido por la muerte violenta de Mònica Borràs, la mujer desaparecida en Terrassa en agosto del 2018, habría atacado a su expareja con un hacha, según se desprende de la investigación policial y ha podido saber la Agencia Catalana de Noticies.

Jaume Badiella, el que fuera pareja de Borràs en el pasado, escondió el cuerpo, levantando varias baldosas del patio de la casa que ambos compartían, e interpuso una denuncia por desaparición. Se inventó toda una trama, aprovechando el trastorno de carácter que padecía la mujer, e hizo creer que Borràs había desaparecido tras una discusión entre ambos.

Diez meses después, los agentes de la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos han destapado la gran mentira, y es que Badiella, ha convivido durante todo este tiempo con los restos mortales de su expareja en el patio del inmueble.

Prisión provisional y sin fianza

Tras dos días de exhaustivo registro y exhumación del cadáver en el domicilio de la calle de la Volta de Terrassa (Barcelona), este viernes el detenido pasó, al fin, a disposición judicial. Badiella estuvo presente en ambos registros. El primero, durante este miércoles, el detenido se derrumbó cuando encontraron en cuerpo de Borràs, momento en que confesó el crimen. El segundo, durante la jornada del jueves, cuando dos antropólogos forenses exhumaron los restos de Borràs hueso por hueso, con el objetivo de preservar todos los indicios incriminatorios contra el presunto asesino.

Y, al fin, este viernes el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Terrassa (Barcelona) dictó el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza para Jaume Badiella. El asesino confeso de su expareja se acogió a su derecho de no declarar ante el magistrado en la comparecencia que se celebró en el propio centro penitenciario, tal y como explican los portavoces del TSJC.

Se le acusa de homicidio y ocultación de cadáver, aunque no se descarta añadir otros presuntos delitos a medida que avance la investigación.

Ocultación del cadáver

La Unidad de Personas Desaparecidas dejó paso a homicidios cuando el miércoles a media tarde se encontraron los restos mortales de la desaparecida. En ese momento, se iniciaron las pesquisas para esclarecer qué había ocurrido entre Borràs y Badiella el día que supuestamente la mujer “había desaparecido”.

Lo que ya ha trascendido es que el asesino confeso mató a su compañera con un hacha, levantó varias baldosas del suelo de la vivienda y enterró allí el cadáver. No se habría localizado con anterioridad porque el hombre volvió a cimentar y adecuar el espacio. Además, los investigadores consideran que el tiempo transcurrido ha sido suficiente para borrar y eliminar cualquier otra prueba del crimen. Aun así, Jaume siempre fue el principal sospechoso.

Los agentes dudaron de Badiella desde el principio

Desde un primer momento, sin embargo, los investigadores se fijaron en la expareja de la víctima como principal sospechoso de la desaparición y, de hecho, habría suficientes pruebas para incriminarlo a pesar de que no hubiera aparecido el cuerpo.

De hecho, como ha podido saber eltaquigrafo.com, su primera declaración ya hizo sospechar a los agentes: Jaume llegó a comisaria, dispuesto a denunciar la desaparición de la que había sido su expareja, sin antes haber intentado localizarla a través de algún familiar de la mujer. No había llamado a la madre de Mònica, ni a sus amigas. Los agentes le recomendaron que esperara un poco más y que contactara con las personas más allegadas de la mujer, pues quizá éstas sabrían algo de ella.

Era habitual escuchar gritos

Con todo, como se explica en la interlocutoria del caso, proporcionada por el TSJC, pocos días antes de la “desaparición” de Borrás, la pareja había discutido, llegando incluso a las manos. Borràs golpeó a Badiella en el ojo, como constataron varios testigos – vecinos de la zona. En sí, la relación había entrado en una espiral de violencia y tensión hasta el punto de que varios vecinos aseguran que era habitual escuchar gritos y discusiones entre ambos.

Mònica tras dicha discusión, en la que Badiella había recibido una contusión en el ojo, avisó a su madre y a su psicóloga, por eso los agentes sospecharon que, durante la segunda agresión, el día que supuestamente desapareció Borràs, ésta no contactara con nadie. Evidentemente, no pudo hacerlo porque la mujer nunca desapareció.

Aún así, al TSJC no le consta ninguna denuncia previa por violencia de género.

La víctima 1.001

Mònica Borràs, de 49 años, se ha convertido en la víctima número 1.001 de la violencia machista, al ser incluido su asesinato este viernes en la lista oficial de muertas por su pareja o expareja por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. El hombre de 54 años detenido por la desaparición de quien fuese su pareja confesó cuando desenterraron el cadáver. Es la víctima número 26 en lo que va de año.

De las 26 asesinadas en 2019, sólo tres habían denunciado a su presunto agresor. Se adoptaron medidas de protección en favor de dos de las víctimas, y en uno de los casos estaban vigentes en el momento del crimen. Tres de las mujeres eran ya expareja del agresor o estaban en fase de ruptura con él, mientras que las otras 23 mantenían una relación de pareja. Más concretamente, convivían con su presunto asesino 20 de ellas.

La mayoría de las asesinadas (11) tenían entre 41 y 50 años; cinco tenían entre 21 y 30 años; cuatro entre 31 y 40 años; cuatro tenían entre 51 y 70; una tenía 85 años o más; y una de las víctimas mortales oficialmente reconocidas era menor de edad. De las 26 mujeres, 15 (el 57,7%) eran españolas, y 11 (el 42,3%) eran extranjeras.

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