La paella y la corrupción, como en Valencia en ningún sitio

Entre las páginas de ‘El silencio del pantano’ se camufla un libro dedicado al poder, la corrupción y la psique humana

Lara Adell

Tirando de los tópicos que aborrezco y con esta trasversal reflexión, el escritor Juanjo Braulio nos explicó el pasado sábado, 2 de febrero, los motivos de crear una novela basada en la peor parte de la ciudad de Valencia. ¿Es esto posible? Permítanme que lo dude…

La sala brilla con el poder que transmite la gente de barrio. Hay que ver lo que somos capaces de conseguir cuatro gatos comprometidos, autodidactas y creativos.

Maribel G. Tirado ha escrito un cuento bilingüe que ayuda a los niños a soñar, Fita Fernández hace más de una década que se dedica a la poesía, Víctor Gil está comprometido con la educación primaria en el que siempre será mi colegio ¿Y yo? Yo estaba allí para preguntarle al escritor por una de mis actuales obsesiones… ¿Paella o arroz al horno?

Juanjo Braulio nos sorprendió con ese tono de voz pausado y personal con el que sabe jugar en público. La inmobiliaria InmoAction ofreció su local comercial para exportar la cultura a los vecinos de culo inquieto (gracias Dani. Vamos haciendo camino). El escritor solo tenía que implicarse y hablar de su libro, de la película que han basado en su historia y de sus sensaciones. Lo hizo bien. Actuó y triunfó.

“El poder empieza a perderse el mismo día de conseguirlo”

Entre las páginas de ‘El silencio del pantano’ se camufla un libro dedicado al poder, la corrupción y la psique humana. Y es que, eso de construir historias con la maldad como telón de fondo es uno de los temas en el que más tiempo invierten los escritores que leo.

Braulio transporta al lector a un escenario engañosamente luminoso para prepararnos… las escenas oscuras son su fuerte. Por eso se atreve a jugar con la potencia de las sombras enfocando el porcentaje de luz que quiere poner en cada escena. Bravo.

La caña dorada, espigada y flexible, tan atractiva a la vista humana y tan placentera a nuestro sensible oído, es el símil que emplea para posicionar los cargos políticos que han regido la comunidad durante más de veinte años. Su metáfora cobra sentido cuando se acaricia el cuerpo de la planta hasta legar al origen de su nacimiento.

Parece que sea una distancia abismal, pero cuando llegamos al final del recorrido extasiados por la autoridad que nos han regalado, vemos donde nace este ser. En el fango de sus raíces está la suciedad que envuelve a la sociedad, los seres escurridizos que anidan a su alrededor, la podredumbre, el cenagal. Todo lo peor y todo lo oscuro junto. Embarrado.

Ni la luz de Albufera, ni las Cañas y Barro del maestro, pueden desviar la atención del lector hacia otros derroteros que no sean la ambición y la avaricia. Para ello nace el personaje Q. Un ser que se camufla detrás de una simple letra y asesina escondido bajo la telaraña del dominio.

Cuando la historia fluye en el escenario adecuado

La fotografía es certera. El Cabañal, la Malvarrosa, Nazaret y unos vecinos que alardean de lujos a golpe de farlopa. El público reconoce el título por la versión cinematográfica, sin embargo (y como suele ocurrir a menudo), no saben la cantidad de detalles que se pierden por no dedicar tiempo a usar el libro. (Señores… ¡¡lean!!)

Pese a que las comparativas nunca son buenas, el escritor está satisfecho con el giro que ha tomado su historia. Personas de carne y hueso, con cara, gesto y actitud se mimetizan con los personajes que salieron única y exclusivamente de su imaginación para interpretar sensaciones intangibles, momentos ficticios, situaciones efímeras.

El sueño de Juanjo Braulio se hace realidad cuando el director, consciente de la emoción que supone el momento, le propone un cameo. Entonces es cuando se traspasa la puerta de la ficción y el propio escritor entra dentro de su libro. Solo dispone de un par de segundos para mirar a la cara al único desconocido capaz de retarle: Yo soy Q. Tú me creaste.

¿Puede existir un placer mayor? Sí, la paella. Pero no es literatura.

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