La novia gitana, de Carmen Mola

La novia gitana, de Carmen Mola

Un arranque impactante y turbador. Un departamento policial creado para resolver casos difíciles (o solo aptos para los imitadores actuales de S. Holmes de uno y otro sexo).

Lenguaje funcional con toques de depauperado lirismo como de canción comercial pop.
Una trama policial clásica (1º un crimen, 2º una investigación, 3º unos falsos culpables. 4º un culpable) trufada de más dudas que aciertos para crear intriga, y también de escenas como de pesadilla gore.

Un mundo de buenos y malos (el de los gitanos delincuentes y los que tratan de sobrevivir al margen de la delincuencia por un lado, y por otro lado el de agentes de la ley que siguen las normas para conseguir los objetivos de la justicia y los que buscan atajos al margen de lo establecido legalmente para conseguir esos mismos objetivos).

Sin embargo tenemos hoy en el menú lector una hamburguesa de plástico de las de McDonalds, o así

Un Madrid neutro. Una prosa aún más neutra. Una volcánica protagonista femenina llamada Elena Blanco (cincuentona liberada y agresiva, reglamentarista y bebedora, lubrica y emancipadísima, que recuerda no poco a Clara Deza, la de la novela negra Y PUNTO de Mercedes Castro) con la que puedan identificarse las lectoras (espectro consumidor mayoritario de novelas actualmente), y, también,un investigador duro y curtido en bordear los procedimientos, el subinspector Zárate (con el que puedan identificarse los lectores de domestic noir convencional), puntos de giro, mucha acción en cada corto capítulo aderezada con una violencia pintoresca …

En verdad la tradición literaria hispánica es tan rica, calórica, nutritiva y recomendable como la dieta mediterránea.

Sin embargo tenemos hoy en el menú lector una hamburguesa de plástico de las de McDonalds, o así.

Nos referimos a que he aquí una incursión a sabiendas en el género de moda buscando un bestseller de modo muy obvio o, dicho de otro modo, una novela negra-thiller concebida según dice el manual en el capítulo catorce.

Estructurada en cinco partes, y utilizando un narrador cuasi omnisciente, en La novia Gitana nos adentramos en la historia anfibia de Susana Macaya, una joven mitad gitana y mitad paya, que desaparece el día de la celebración de su despedida de soltera.

Su cadáver es encontrado dos días después en un parque de Carabanchel. Ha sido salvajemente torturada, pero no a la manera clásica….

Sin embargo lo insólito es que, siete años antes, su hermana mayor, Lara, fue asesinada en idénticas circunstancias, y también días antes de su boda.

Pero el asesino de Lara, Miguel Vistas, fue ya detenido y condenado, y está a tal efecto preso en la cárcel de Estremera.

La investigación es asignada a la Brigada de Análisis de Casos (BAC), con la inspectora Elena Blanco al mando. Ella, junto a su equipo (Chesca, Ordoño, Mariajo y Buendía) y su mentor el subinspector Zárate, barajan dos únicas posibilidades: que un imitador ande suelto, o que haya un inocente encarcelado.

Pero, según avanza la investigación actual (en la novela se pone el foco tanto en el aspecto policial como en el judicial), van percatándose de que la investigación antigua (la cual fue realizada por Salvador, un expolicía amigo de Zárate y actualmente enfermo de Alzheimer) no se llevó a cabo protocolariamente, y se preguntan si ésta fue en su conjunto una chapuza o se quiso exculpar a alguien y mandar así a un inocente a prisión.

La novia gitana es una novela perecedera que se lee rápido y se olvida aún más rápido

Al albur del argumento, en la novela se apuntan temas cruciales como el de la corrupción policial, el de las luchas internas por las competencias en la investigación de casos policiales, el del aspecto cultural de la violencia contra las mujeres, el de las dificultades relacionales de los matrimonios interraciales, el del peso de la culpa parental, el de las fake news de los medios de comunicación, etc… Pero sin profundizar nunca en ninguno.

En efecto aquí tenemos una novela negra de fórmula repleta, como es lógico en las novelas de fórmula, de aditamentos tópicos tales como con un crimen llamativo, mucha violencia y contundencia, investigadores técnicos, estructura narrativa convencional, argumento repleto de acción sin reflexión, prosa funcional sin adjetivación elaborada ni voluntad de precisión y final que se presume impactante y sorprendente tanto por su imprevisibilidad como por su crudeza, pero que, desde el primer tercio de la novela, lo sospechábamos, y por tanto nos ha parecido bestial pero previsible.

Es una imitación fallida de las novelas de Dolores Redondo con más crudeza y más puntos de giro argumentales, eso sí, pero sin el mundo propio (Baztan) y la magia real que caracteriza la obra de esta otra autora.

Sin embargo La novia Gitana es, a diferencia de las turbadoras novelas de esa inigualable creadora de atmósferas y de pesadillas (sí, esa experta en el desasosiego, la intriga, el pavor, la humanidad y la compasión) llamada Patricia Highsmith, y las novelas negras feministas y sociales de Cristina Fallarás dotadas de nervio y finura ideológica, una novela perecedera que se lee rápido y se olvida aún más rápido.

Se deja leer bien, pero Carmen no mola… Bien lo dice Willian Boyd: “escribir bien es olvidarse de los estereotipos”.

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