La muerte de Ciudadanos

"La extinción de Ciudadanos puede leerse como la crónica de una muerte anunciada, el destino inevitable de alguien que ha estado a demasiada distancia de todo"

La muerte de Ciudadanos
Juan Marín, representante de Ciudadanos en las Elecciones de Andalucía / TVE

El tiempo pone a cada uno en su lugar. Algo que no siempre es cierto, o que demasiadas veces no lo es, pero que en ocasiones parece un refrán hecho a medida de los acontecimientos. Las elecciones de Andalucía suponen otro banderillazo, muy probablemente uno de los últimos, a ese partido agonizante que es Ciudadanos. Una noche catastrófica en que han desaparecido del parlamento andaluz y en que se confirma que no importan a nadie y que ya no tienen peso en el espectro político.

Además de confirmar el desastre del PSOE y las izquierdas y dar el triunfo al PP, a la más que probable extinción del partido naranja hay que sumarle otro hecho remarcable: la vuelta de los españoles al PSOE, el eterno retorno del bipartidismo. Con la izquierda dividida y Ciudadanos camino de la nada, el panorama a corto plazo parece que estará protagonizado por los partidos de siempre.

¿Es el final de quien ha sido barrido por circunstancias ajenas, por malas elecciones puntuales, por ser inflexible cuando no debía serlo? ¿O es, por el contrario, el destino de quien se ha empeñado en jugar con la indefinición, en no adscribirse a una ideología concreta para no perder votos moderados, en no tener más argumento en Cataluña que la oposición al independentismo, en creerse capaz de atraer todo el voto de la derecha, olvidando que el PP nunca muere?

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Ciudadanos nació mucho antes que Podemos, pero fue etiquetado en su momento como el “Podemos de derechas” para canalizar (dividir) el voto indignado cuando el partido de Pablo Iglesias comenzó a ganar influencia y votos. Sin embargo, en su fundación, el objetivo de Ciudadanos no era otro que representar a la centroizquierda no nacionalista, una definición que fue eliminando para pasar a ser “de centro” o “ni de izquierdas ni de derechas” con la que asegurarse de captar al electorado indeciso y mayoritariamente moderado que no supiera en qué partido depositar su voto.

Con el tiempo, varios de los elementos de su programa inicial fueron modificados y la socialdemocracia fue eliminada de su ideario, siendo sustituido por el liberalismo progresista. Un partido incomprensible, por momentos rezumante de derecha en lo económico y bien izquierdoso en temas como los matrimonios entre personas del mismo sexo, un centro equidistante que sirve cuando los partidos grandes están mal, pero que pasa a tener poco peso cuando estos recuperan presencia electoral.

En junio de 2022 han pasado a tener cero gobiernos, cuando no hace tanto tenían cuatro, confirmando así su deriva hacia la nada. El gran error de Murcia, el cambio de estrategia en la repetición de las generales en 2019 o la marcha de Arrimadas de Cataluña a Madrid  han llevado al partido a un callejón del que parece no haber salida, una lenta agonía acreditada por las bajas y dimisiones que comenzaron a darse tras los primeros fracasos.

Ciudadanos se extinguirá como se extingue todo lo que no es sólido, lo que no tiene sustancia ni fundamento reales, como nunca lo tuvieron sus líderes más conocidos, Albert Rivera e Inés Arrimadas, dirigentes jóvenes y dinámicos, moderados y progresistas pero que no son sino dos ejemplos más de la vieja nueva política neoliberal, todo fachada y populismo ligero sin fondo ni bagaje ni ideario político definido, al menos de cara a la gente.

La extinción de Ciudadanos puede leerse como la crónica de una muerte anunciada, el destino inevitable de alguien que ha estado a demasiada distancia de todo y que yo celebraría de no ser por que su más que cercana y probable desaparición (o lo que es lo mismo, su transición hacia la intrascendencia) nos deja frente a frente con la misma vieja realidad, que no es otra que el eterno bipartidismo, la rueda infame en la que este país se mueve desde hace décadas y donde parece que seguirá de momento.

2 Comentarios

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  2. Solo faltaba Sánchez elogiando los métodos de Marruecos en el gran salto a la valla en Melilla, no le basta con prostituir las instituciones y hacer desaparecer a los Veletas.

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