La mirada de la tortuga, de Jon Arretxe (Ed. Erein)

Narrada con una estructura fílmica, con una primera persona rica en finura psicológica, con un tono implacablemente dinámico y con un uso del espacio escénico sencillo, ésta es una novela que nos presenta a un Touré con dinero y una vida acomodada en el barrio multicultural de Lavapiés

La mirada de la tortuga, de Jon Arretxe (Ed. Erein)
La mirada de la tortuga, de Jon Arretxe (Ed. Erein)

Es el mejor ejemplo en nuestra novela negra de hoy de lo que Edward Said denominó teoría literaria postcolonial.

Y su personaje de Touré bien parece la encarnación de lo que Thomas Carlyle, en su ensayo influyente y ya clásico titulado Los héroes en el que en las novelas diferenciaba epistemológicamente al héroe del antihéroe y del héroe vago, quiso decir con la acuñación crítica de héroe vago…

Sí, las ocho novelas de Jon Arretxe (Basauri, 1963) de la serie de Touré son pequeñas nouvelles-mosaico de género negro entre el hard boiled y la crook storie (todas son novelitas repletas de situaciones de gran crudeza y dramatismo, pero entreveradas de optimismo africano, de humor negro y con influencias de la novela picaresca), las cuales exploran la vida de un superviviente postcolonial, y describen con talento su pelea diaria por la subsistencia (todo en la Europa actual con trazas de insolidaridad y xenofobia devenidas de una extrema derecha nuevamente emergente).

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Mediante un verismo crudo pero amable (amable gracias al dinamismo de las peripecias argumentales y al humor), estas novelas nos ofrecen una mirada tan humana como reivindicativa sobre la inmigración a través de este personaje que, título tras título, vamos viendo en toda su epopeya íntima de crecimiento y dura supervivencia… Una supervivencia vital, de hecho, narrada mediante una primera persona con gran poder de impacto empático, la cual nos traslada, no solo al acontecer del personaje, sino también a su mundo interior bastante surrealista.

Touré, inmigrante subsahariano que llega a Europa con la feliz inocencia de quien cree que ha llegado a la Tierra Prometida, pronto descubre que la vida entre nosotros de un inmigrante no es una estancia en el Paraíso.

Y eso le hará endurecerse y enmaliciarse rápidamente.

Y es que a este personaje con un doctorado en sufrir y otro en sobrevivir, a lo largo de las ocho novelas, le hemos conocido viviendo como un sin papeles en un piso patera en la calle San Francisco de Bilbao, y en un pueblo del pirineo navarro, y en los bajos fondos de París. Y, mientras perdía la inocencia y se sobreponía a las putadas de la vida (putadas tales como la muerte de una hija en París), le hemos visto haciendo frente al racismo y la xenofobia ambiental de la Europa de nuestro tiempo combinada con la pobreza de raza, y, por eso, le hemos visto ejerciendo de delincuente, de pastor, de vidente, de detective privado, de chuloputas, de ladrón, y hasta de interino hombre rico… Y, mediante su rocambolesca vida tan postcolonial como noir, nos ha hecho explorar mientras leemos embebidos temas tales como la inmigración, el racismo, las mafias, la prostitución, la discriminación y demás familia.

Pero ahora resulta que acaba de llegar a las librerías la octava entrega de la serie de Touré, LA MIRADA DE LA TOTRUGA (Ed. Erein).

Narrada con una estructura fílmica, con una primera persona rica en finura psicológica, con un tono implacablemente dinámico y con un uso del espacio escénico sencillo, LA MIRADA DE LA TOTRUGA es una novela que nos presenta a un Touré con dinero y una vida acomodada en el barrio multicultural de Lavapiés y en el Puente de Vallecas de Madrid, tras conservar el botín de todo lo robado en las joyerías de París.

Sin embargo el botín Touré lo esconde en el Parque del Retiro, y se lo roban enseguida  dejando en el escondite solo una tortuguita con una misteriosa inscripción…

El primer punto de giro argumental de la trama posterior tiene lugar cuando Touré recibe la visita de Sa Kené, la amante pelirroja que en su día él dejó en el barrio de San Francisco de Bilbao.

Y con ella llega la pareja de novela-enigma a lo Artur Conan Doyle en versión brutal…

El impulsivo, obtuso y atrabiliario Touré, y la intuitiva, calmada y racional Sa Kené pasan a investigar en defensa propia este caso, sumergiéndose en los guetos cochambrosos para inmigrantes del Madrid menos vistoso, y entre yonquis con camiseta del Atleti y sombrero vietnamita, exvedetes transexuales del Pasapoga devenidas en alcohólicas excéntricas de la tercera edad, activistas que protestan organizadamente contra la privatización de los servicios públicos y contra las injusticias políticas de la ciudad, un peluquero del Frente Polisario Saharauui que conciencia a sus clientes de la crueldad de Marruecos y de la crueldad de España en ese asunto, y hasta los propietarios de la legendaria Librería Burma, que tienen también un papel destacado en estas locas y duras y entretenidísimas páginas.

Es así como, por medio de esta investigación y de estos personajes, el autor pasa a realizar de fondo una denuncia contundente de los restaurantes indios de Europa (en realidad no son indios, porque los dueños y los currantes son de Bangladesh, y sus condiciones son terribles y rayan con la esclavitud: trabajan por sueldos de 400 euros, sin contrato, y comparten piso hacinados con otros “banglas”)…

Y es así como vemos que Touré ya no es el pringao con quimeras y sin recursos ni papeles que llegó de Burkina Faso, sino un sobreviviente cutido y maleado capaz de asesinar sin sentirse culpable si hace falta.

De hecho eso es lo mejor de Touré: que se trata de un personaje que está repleto de matices, y que evoluciona y nos invita a evolucionar con él.

Y eso es lo que convierte a su autor, Jon Arretxe, en un novelista noir sobresaliente cuya visión narrativa del mal social y humano aporta mucho a nuestra novela negra contemporánea.

En un mundo en el que el relato de la realidad es cada vez más maniqueo, la mejor novela negra es la que en mayor grado nos ayuda a descifrar las trazas de luz que hay en la oscuridad, y la mucha oscuridad que hay en la luz de las personas y de las sociedades.

Hay que leer a Jon Arretxe.

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