La Mina le pierde el respeto a los Mossos

Constantes altercados evidencian la inacción de la policía autonómica en un barrio que vuelve a acaparar la fama conquistada hace 30 años como punto negro de criminalidad y supermercado de la droga

La Mina le pierde el respeto a los Mossos
imagen de archivo de una operación antidroga de los Mossos en la Mina

Los hechos ocurrieron la madrugada del día 7 de mayo. A la 1 a.m., en plena Calle Tramuntana de Sant Adrià del Besos, se inició una trifulca en la que participaron decenas de personas.

Según fuentes policiales, dos facciones rivales del clan de los “Manolos” se enfrentaron por “la titularidad” de determinados puntos de venta de droga. Se escucharon disparos. Un vecino del barrio llamó a los Mossos d’Esquadra y comunicó la gravedad de la situación. Según el comunicante, había una persona herida, incluso la identifica con el nombre de Antonio.

Los clanes por encima de la autoridad

A los pocos minutos llegó un coche patrulla de los Mossos d’Esquadra adscrito a la comisaría de Sant Adrià. Antes de que los agentes pudieran bajar del vehículo, una treintena de vecinos rodearon el coche policial mientras los golpeaban y zarandeaban. Los agentes, inmersos en una situación de máximo riesgo pidieron refuerzos. Éstos, no se hacen esperar.

Otras patrullas llegaron a la Calle Tramuntana del adrianense barrio de la Mina y “se constató” que no existía ninguna situación de riesgo. No se observaron personas heridas, no había constancia de la pelea, ni se practicó diligencia alguna para investigar a los autores del atentado a la autoridad que se había perpetrado a esa primera patrulla de los Mossos.

Minutos después, y tal y como confirman fuentes sindicales, se desconvocó el dispositivo y las patrullas volvieron a comisaria como si nada.

La Mina sin ley

Este es un ejemplo de lo que hoy en día sucede en el barrio de la Mina. Tras la remodelación del barrio de Avillar-Chaborros, y a causa de la creciente presión policial sobre Ciutat Vella, la Mina ha recuperado el primer lugar como punto de distribución y venta de droga al detalle, en la provincia de Barcelona. Allí, y durante el día a día, la policía tiene poco menos que vetado el paso, al menos vetado los accesos a la información que se genera en la calle.

Según fuentes policiales, desde la jefatura tampoco se incentiva, ni se valora el trabajo de los agentes que tratan de obtener datos de informaciones sobre los que se cocina en la trastienda de la Mina.

Este barrio ha acogido a un buen número de los atracadores georgianos que pululaban hasta hace poco por otros puntos de la ciudad. Los Mossos ni están, ni se les respeta, ha dicho a eltaquígrafo.com una fuente vecinal. Y la cosa va a peor.

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