La mezquina soberbia de una policía colapsada

Carlos Quílez

Vaya por delante que soy de la opinión (contrastada e ilustrada tras más de 30 años en el oficio de gacetillero de la crónica negra), que los tres cuerpos policiales que tienen competencias de materia de seguridad en Catalunya, esto es, Guardia civil, CNP y Mossos d’Esquadra, gozan de un similar y por otro lado, reconocido y óptimo nivel de profesionalidad y de talento y cualificación técnica. Podríamos decantarnos por uno u otro cuerpo policial si apuntáramos a una u otra especialidad pero, en términos generales, la cualificación de nuestras tres policías es análoga.

En Catalunya las competencias en materia de seguridad ciudadana y orden público recaen en los Mossos d’Esquadra. El grueso de la actividad criminógena, pues, recae en la policía de la Generalitat.

Desde hace meses, todos los indicadores policiales y judiciales nos ilustran sobre el aumento significativo y global de la delincuencia,especialmente en Barcelona. El crimen ha subido en términos globales un 30%, pero lo más alarmante es que se han disparado los delitos de sangre y aquellos que incorporan un mayor y más ostensible uso de la violencia.

Tanto es así que los Mossos han tenido que destinar a unidades de policía judicial de ámbitos como los robos o las estafas a investigar el alud de homicidios (consumados o en grado de tentativa) que se amontonan sobre la mesa de los investigadores. Y aun con todo, no se da abasto.

Este oficio de policía es apasionante y a la vez muy cooperativo y endogámico. Así, por ejemplo, difícilmente se comparte la información entre unidades del mismo cuerpo y mucho menos cuando se trata de intercambiar datos con otras policías. El prurito profesional, en ocasiones,llega a un estadio rallante con el ridículo. En ese escenario la propuesta que lanzo, haciendo mías las palabras de un grupo de magistrados de Barcelona con los que tuve la oportunidad de cenar recientemente, roza lo quimérico.

Decían estos jueces que quizás, y ante esta situación de excepcionalidad, los Mossos podrían derivar al CNP o a la Guardia Civil (nada asfixiada de trabajo en Catalunya) algunos de los casos de muertes violentas que se suceden en Barcelona. Utópico.

Ni los Mossos menos corporativos dudan de la profesionalidad y el talento del CNP y la Guardia Civil para desentrañar estos delitos y poner a disposición de jueces y fiscales a sus autores. Pero no se hará.

Algunos mandos de la Policía de la Generalitat, pero fundamentalmente a sus responsables políticos no están programados para una generosidad institucional que se presenta como ventajosa cara a la mejora del servicio público. “Sólo falta que vengan estos españoles a solucionar nuestras estadísticas”. Apuesto a que ni se lo van a plantear y, por lo tanto, me temo que los mossos van a continuar sobrepasados por una realidad criminógena de la que, como el resto de la sociedad, también son victimas. Que lástima, verdad. El enemigo es común: el delincuente y el delito, pero las fuerzas que se encuentran en el otro lado de la línea, el lado de la ley, funcionan bajo parámetros de profunda mezquindad y respondiendo a intereses que se alejan del estricto servicio público.

“Pues si no toman la iniciativa ellos, igual la tenemos que tomar nosotros”, dijo uno de los magistrados tras el café y antes del primer GinTónic.

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