La «Manada de Manresa» acusada de agresión sexual

El juicio se retoma este lunes después de que quedara suspendido por orden directa del juez de la sección número 22 de la Audiencia de Barcelona.

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Lugar donde se produjo la supuesta agresión sexual | Google Maps

La Audiencia de Barcelona vuelve a ser escenario de un juicio polémico y muy mediático, en el que se juzga a un grupo de siete jóvenes, seis de ellos, acusados de haber violado a una menor en 2016, por turnos, durante una fiesta en una nave abandonada de Manresa (Barcelona).

Este lunes, se ha retomado el juicio con la declaración de los peritos que analizaron las pruebas de ADN. Como ha adelantado El Periódico, la Fiscalía ha modificado y elevado su acusación de abuso sexual a agresión sexual y pide penas de 14 a 17 años a los seis acusados de «la Manada» de Manresa.

Durante el mes de julio, la Audiencia acogió las primeras jornadas de dicho juicio, que ocasionó ciertos momentos de tensión a puertas del palacio judicial, entre el tío de la víctima y los presuntos agresores. El juicio quedó suspendido por orden directa del juez de la sección número 22 de la Audiencia de Barcelona, con el objetivo de poder practicar más pruebas. Este lunes, se ha retomado con los peritos y la modificación de acusación del Ministerio Público.

La Fiscalía eleva su pena

En su escrito de acusación provisional, la Fiscalía consideró, durante las primeras sesiones, que los implicados cometieron un delito de abuso sexual y no agresión sexual, a pesar de que, según su versión, penetraron a la muchacha «por turnos» en una caseta de una fábrica abandonada, en la que se celebraba una fiesta. La Fiscalía sostiene que seis de los procesados penetraron vaginalmente a la menor, de 14 años, en una fábrica abandonada, mientras el séptimo miraba y se masturbaba.

Fuentes próximas a la familia, con las que tuvo contacto directo eltaquigrafo.com, aseguraron estar muy decepcionados con la valoración del Ministerio Fiscal y esperaban la jornada de hoy, en la que declaraban los peritos, para que la fiscal modificara su escrito de acusación.

Los investigados lo negaron todo

Durante su declaración ante el juez el pasado mes de julio, los acusados insistieron en que ni ellos ni el resto de los procesados —que no en todos los casos se conocían entre sí, según su versión— mantuvieran relaciones sexuales con la denunciante, que relató haber sido atacada por turnos en una caseta abandonada situada junto a la fábrica en la que pasaban la noche de «botellón«.

Ante el tribunal, los presuntos violadores esgrimieron distintas versiones exculpatorias, desde negar que mantuvieran contacto alguno con la menor durante la fiesta hasta incriminar a dos asistentes al «botellón», que no están encausados, o señalar que la chica estaba borracha y se jactaba de querer «tirarse a todo el mundo».

Las pruebas biológicas practicadas a la menor sólo hallaron restos de ADN de uno de los procesados, Daniel David R., quien dijo que no se explica cómo se pudieron encontrar esos fluidos en la ropa de la víctima cuando en ningún momento intimó con ella y denunció como una «injusticia» los dos años que ha pasado en prisión preventiva por este caso.

Se aprovecharon del estado de la menor

Según mantiene la Fiscalía en sus conclusiones provisionales, los siete acusados acudieron a una fiesta en una fábrica abandonada en el Camí Torre d’en Viñas de Manresa, a la que asistían, en su mayoría, menores de edad, entre ellos, la víctima y una amiga suya. Aprovechando que se encontraba de forma «evidente» bajo los efectos del alcohol y las drogas, añade la Fiscalía, el acusado Bryan Andrés M. se llevó a la menor a una caseta abandonada y la violó, tras lo que regresó al lugar donde estaban sus amigos y les instó a agredir a la chica, por turnos de unos 15 minutos cada uno, añade el Ministerio Público. Posteriormente, añade la Fiscalía, entraron en la caseta y violaron a la menor otros cinco de los acusados, conocedores de su edad y del estado de embriaguez en que se encontraba, mientras que otro de los asistentes a la fiesta se masturbaba observando la agresión, sin impedirla.

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