La lucha «taleguera» de los 80, al cine

La COPEL fue un ejemplo de lucha solidaria, un movimiento reformista y revolucionario que marcó un punto de inflexión en el panorama carcelario de la Transición. Ahora, el cortometraje "Pocos, buenos y seguros" dirigido por Ales Payá y Gorka Lasaosa necesita un último empujón para llevar a la gran pantalla la revuelta de los presos sociales

Las palabras de Arias Navarro anunciando la muerte del caudillo el 20 de noviembre de 1975 ponían fin a una España en blanco y negro. La noticia, esperada por una buena parte de la sociedad y temida por la otra, marcaba el comienzo de una nueva andadura hacia la democracia de un país hecho trizas. La herencia de una Guerra Civil fratricida que enfrentó en sus trincheras a una España dividida y los casi cuarenta años de férrea dictadura, habían impregnado al Estado y a sus instituciones. La sombra del dictador, ya ausente, oscurecía el proyecto de derechos y libertades con el que tanto habían soñado los españoles durante décadas.

Tras la muerte de Franco y a la espera de una amnistía para los represaliados del franquismo se aprobó un indulto muy limitado. Si bien los presos políticos fueron puestos en libertad, los presos sociales se sintieron excluidos de esta nueva idea de país. Muchos de estos presos habían sido condenados a prisión por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que en 1970 sustituyó a la de Vagos y Maleantes. En este saco entraban todas aquellas conductas consideradas antisociales por la dictadura: la homosexualidad, la prostitución, la mendicidad o el consumo de drogas. Este “cajón de sastre” fue utilizado sistemáticamente en el tardofranquismo para reprimir la homosexualidad y la transexualidad. La negativa a la aprobación de una amnistía extensible a los presos sociales fue la mecha del estallido de la primera huelga de presos de la cárcel de Carabanchel (Madrid) en agosto de 1976. Con este pequeño gesto se iniciaba la primera manifestación proamnistía organizada por los propios internos y que se extendería, en una ola de solidaridad, a decenas de cárceles de todo el territorio nacional. Se trata del origen de la COPEL, la Coordinadora de Presos Españoles en Lucha, una organización clandestina de presos comunes que entre 1977 y 1978 reivindicó mejoras carcelarias mediante motines, huelgas de hambre y otras acciones coordinadas y que llevó la situación de las prisiones a la agenda política de aquel momento. 

Ahora, más de 40 años después, Ales Payá y Gorka Lasaosa han decidido llevar a la gran pantalla este grito de libertad con el cortometraje de ficción “Pocos, buenos y seguros” que narra los orígenes de la revuelta de los presos sociales, que se propagó como la pólvora a la mayoría de las prisiones españolas durante La Transición. “Pretendemos hacer memoria del movimiento de la COPEL, que fue un verdadero hito en la Transición y en la reforma del sistema penitenciario. Es un ejemplo de una lucha de apoyo mutuo y queremos aprovechar para acercar la realidad carcelaria a la sociedad. El hecho de que existan prisiones es un claro síntoma de que la sociedad no funciona. Es una llamada a la reflexión” explica el director y guionista Ales Payá a eltaquigrafo.com. 

Ales Payá, co-director y co-guionista del cortometraje «Pocos, buenos y seguros» | Imagen cedida

En este cortometraje, un preso común, Miguel, se enfrenta al régimen penitenciario más duro del final de la dictadura. Huyendo de la hostilidad y la enajenación que impera entre la población reclusa, encontrará una oportunidad más liberadora que su propia evasión. La única escena de este cortometraje rodada hasta el momento recoge precisamente el instante en el que se produce esta señal liberadora. “La escena que hemos rodado es una experiencia real de Daniel Pons, exmiembro de la COPEL que, en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz) en 1976, entra en contacto por pura casualidad con tres presos franceses que le hablan de un movimiento de presos organizado en Francia, el CAP, que además cuenta con el apoyo de intelectuales como Deleuze y Foucault. Esto motivó a Daniel Pons a organizar el movimiento que acabó siendo la COPEL”.

La escena de este encuentro fortuito, germen de la COPEL, ha sido filmada en una de las prisiones en cuyas galerías triunfó la lucha de los presos sociales. Fue esta misma cárcel, hoy desmantelada, la que inspiró la creación de este cortometraje. “Nos enteramos de que La Modelo de Barcelona se iba a quedar en desuso. Es muy difícil rodar una película del ámbito penitenciario por la dificultad de acceder a una prisión real. No es habitual encontrar una prisión en esta situación. Esto junto al descubrimiento de un documental sobre la COPEL fue lo que nos llevó a hacer el cortometraje que aborda el origen de este movimiento social”.

Imagen del rodaje en la cárcel La Modelo de Barcelona | Imagen cedida

Este proyecto cuenta con actores de la talla de Pau Poch (conocido por su papel en la serie Merí, de TV3) que interpreta a Miguel, protagonista de esta historia, y que comparte pantalla con Ferran Vilajosana, Albert Adrià y Àlex Moreu, que interpretan a los otros tres personajes principales que forman la cuadrilla.

“De los 15 minutos de película nos faltan todavía por rodar 13 minutos de vídeo en la Modelo de Barcelona y en la antigua prisión de Figueres”. La dificultad que entraña el desarrollo de este cortometraje, que no cuenta con ningún tipo de subvención pública ni de inversión privada, es principalmente la obtención de los fondos necesarios para culminar el rodaje del film. La financiación se basa en una campaña de micromecenazgo que ofrece experiencias únicas a los mecenas que colaboren a que este proyecto sea posible. “El hecho de ser mecenas del corto ofrece ventajas” explica el director, “desde ser de las primeras personas en visualizar el cortometraje, con la aportación mínima, hasta otro tipo de recompensas por aportaciones mayores como acceso a la banda sonora original del corto, materiales de making off, proyección del montaje preliminar, un cómic creado por nuestro director de arte, bolsos, tazas, camisetas o pósters de la película”. 

Si algo fue la COPEL fue un ejemplo de lucha solidaria, un movimiento reformista y revolucionario que marcó un punto de inflexión en el panorama carcelario. Este impulso de solidaridad, de dignidad y de rebeldía merece ser contado porque muy pocos conocen su historia y, cuando algo se desconoce, podría repetirse.

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