La izquierda arrogante

Gente ignorante, el fascismo, los berberechos, cualquiera ha tenido la culpa de la humillación de los partidos de izquierda en la comunidad de Madrid, excepto los políticos de los partidos de izquierda.

Nuria González

En pocas ocasiones le han caído al electorado tantas broncas el día después de unas elecciones como este pasado 5 de mayo a las personas de Madrid.

Todos los perdedores, en lugar de entonar un mínimo mea culpa, han corrido raudos a culpar a la gente, que ahora resulta que no sabe votar. En realidad, eso ha sido en el mejor de los casos, porque como surrealista fueron las elecciones, surrealistas han sido las reacciones, y hemos visto incluso como los berberechos han sido acusados de la humillación de los partidos de izquierda en la comunidad de Madrid. Gente ignorante, el fascismo, los berberechos, cualquiera ha tenido la culpa excepto los políticos de los partidos de izquierda.

A estas alturas del artículo más de una y de uno ya estará pensando “es que ni PSOE ni Podemos son de izquierda”, y es posible que tengan razón. Pero por tal de ahorrarnos aquí una disección bastante complicada del marxismo, y sobre todo, para entendernos en los próximos cuatro párrafos, vamos a dejarlo así y convengamos que PSOE y Podemos son de izquierda.

Más Madrid no. Ahí no hay duda ni análisis político que haga falta para determinar que Más Madrid (o Más País en su versión ¿extendida? y uniparlamentaria del propio Errejón) ya se ha convertido en lo que siempre ha querido ser, esto es, el nuevo Ciudadanos, sólo que azul turquesa. A mí, personalmente, se me asemejan a los triunfitos, pero de la política.

Tienen la misma pinta, con mucho brilli brilli y muy conjuntados. Como los triunfitos, están para lo que haga falta. Los de la “Academia”, que lo mismo te cantan un bolero que una ranchera, pues éstos igual, que lo mismo se proclaman muy progresistas, pero igual te defienden todo el paquete neoliberal de los vientres de alquiler o la prostitución como un trabajo cualquiera para las mujeres, por ejemplo, sin despeinarse siquiera. Y hasta aquí mi referencia a los modernos de M&M. Que el artículo quiere ir de la izquierda.

El ideólogo podemita Monedero se lamentaba de que “qué íbamos a hacer con los gilipollas que cobran 950 euros y votan a la derecha”. Y luego apuntaló esta frase con el argumento de que, claro, a esa gente a veces les faltan herramientas intelectuales para discernir. Sin embargo, para concluir que la gente es completamente idiota por no ir en masa a votar a esa especie de muerto viviente político que es Podemos, desaparecido de Galicia y testimonial en Euskadi, y que perdió más de 400.000 votos en Catalunya en las elecciones de 14 de febrero, hace falta analizar un pequeño detalle.

Resulta que muchas de las personas que cobran 950 euros son personas jóvenes y sobrecualificadas para los puestos de trabajo precario que este país les ofrece y que son los únicos que pueden ocupar para subsistir. Pensar que una persona que cobra el salario mínimo es porque es idiota o no tiene estudios es, además de asquerosamente clasista, completamente falso. Alguien debería explicarle al sabio Monedero que muchas y muchos de los que trabajan de camareros, dependientas en las tiendas de ropa, o en el McDonald, o las y los riders, son gente con carrera y máster. Simplemente no han tenido la oportunidad ni la suerte que ha tenido el ideólogo para engancharse a la teta del estado de por vida.

Y seguramente por eso, porque después de haberse roto los cuernos formándose y en trabajos precarios, están hartos de esta izquierda posmoderna, que les habla desde los casoplones y las universidades, pero que jamás ha puesto un pie en la cola del paro. Y encima les habla, o bien para tomarles el pelo, o cuando no cuela, para llamarles imbéciles.

Al sabio Monedero habría que explicarle que tanto el que cobra 950 euros, como el que cobra 1950 como el que cobra 2950 trabajando, lo que quiere es no ser un trabajador pobre. Que, de momento, es lo único que se le ofrece. Eso o una miseria de 460 euros para subsistir, disfrazado de renta básica pero que no llega ni a caridad. Pero los imbéciles son los que no les votan.

Por otro lado, tenemos al Chivo. Al autoproclamado expiatorio. Al que se va compungido porque se han metido mucho con él. A Pablo Iglesias, cuyo mérito directo va a ser haber prostituido tanto la palabra “izquierda” que ha quedado inservible y vacía de contenido para las próximas tres generaciones de la ciudadanía de este país. No preocuparse por el chivo, que pasa de expiatorio a la Fiesta del chivo pagada por Roures en los medios de comunicación. Vuelve de donde nuca debió salir, sobre todo porque ha quedado clarísimo que lo de la responsabilidad a Pablo no le va. Él es un hombre del espectáculo y no de la gestión. Y como la cabra (y el chivo) tiran al monte, pues antes de abrir la última urna en la que personas habían votado por él, este hombre ya había dicho ciao. Todo un alarde de responsabilidad y respeto por sus votantes.

Resumen, pues, del análisis electoral de Podemos: Monedero “la gente es tonta”, Iglesias “la gente es mala”. Y fin.
Y luego tenemos al partido socialista, que casi cierra la campaña por defunción.

Ángel Gabilondo, que ya sabemos que no es la alegría de la huerta y que al hombre le apetecía tanto ser el candidato de la FSM en esta elección como que le dieran una patada en el hígado, ganó hace dos años las elecciones a la Comunidad de Madrid, con una considerable ventaja, por cierto.

Ya era un soso entonces, y era gris, y era respetuoso y aburrido. Y ganó. Lo importante para entender la galleta electoral que se ha llevado el bueno de Gabilondo ahora es poner el foco en lo que antes no tenía que ahora si tiene, que es unos cuantos, disque, consultores políticos a su alrededor jugando a la política norteamericana de serie de tele en el castizo Madrid.

Haciendo lo que hacen los consultores en todo el mundo, esto es, vaciar la política de contenido para sustituirlo por frases cortas y eslóganes de campaña, y sustituir discurso ideológico por estribillos de canciones del verano. Sobre todo, los consultores mercenarios. Como el plenipotenciario Iván Redondo, que también está «pá tó«. Que lo mismo le hizo de mercenario a Monago del Partido Popular en Extremadura, que lo mismo se inviste como la cabeza pensante a la sombra del presidente socialista.

Sin embargo, no tiene tanto mérito lo de la consultoría si volvemos a lo de inventar frases pegadizas. Recuerden que las canciones más pegadizas del verano las han inventado Georgie Dann y King África.

Pues después de que todo el mundo ha sido capaz de comprender la manera de errar cien por cien en la estrategia electoral, impuesta “manu militare” por Redondo y los colegas de Moncloa en las elecciones de Madrid, tres días después, aún había por ahí muy altos y altas dirigentes socialistas culpando al fascismo de su derrota.

Además de eso, la autocrítica se ha hecho carne para el PSOE en la dimisión del secretario general de la FSM, Franco, cuyo último mérito fue pasarse por el arco del triunfo el derecho de manifestación en el 8M mientras en Madrid había miles de personas en eventos deportivos y de todo tipo. Y por otra parte, una filtrada renuncia a recoger el acta de parlamentario de Gabilondo mientras éste estaba en el hospital al borde del infarto, después de haber tenido que soportar a los consultores y sus ideas brillantes, todas contra él, durante toda la campaña. Este punto es especialmente feo, si tenemos en cuenta que antes de ser ingresado en el hospital, el candidato socialista mantenía que quería recoger su acta.

Filtrar una noticia mientras el interesado está en las urgencias de un hospital es demasiado miserable, hasta para la política de nuestro país. La manera más negra de acabar la campaña más funesta.

Sin embargo, en un alarde de creatividad y para seguir brindando a la prole circo, en un giro de guion totalmente esperado, de Madrid al cielo pero pasando por Sevilla, porque desde Moncloa han pensado que lo mejor para solventar la crisis de la socialdemocracia española es ofrecer al público la segunda parte de la guerra cainita Pedro versus Susana. Una idea brillante con la que quieren conseguir dos objetivos, a saber, el primero, ofrecer a las masas embravecidas el espectáculo inigualable de la sangre en una buena pelea. Y el segundo, intentar rematar la faena, no vaya a ser que venga Susana a cumplir con aquello de que “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”.

Resumen, pues, del análisis electoral del PSOE: “los madrileños son unos fascistas, unos borrachos y pasa palabra”.

Hay un problema serio en la izquierda de este país que su propia soberbia y su supuesta superioridad moral no le deja ver. El voto no es un acto de fe señores. A rezar se va a los templos y no a los colegios electorales. Urge un rearme ideológico potente de la socialdemocracia y de lo que sea que quede en el espectro podemita. Urge también sacudirse los lastres de quien vive de vender geniales ideas y resultados de carambola. Urge aparcar la arrogancia y no tratar a la gente como si fuera idiota. Si no, otras Ayusos vendrán y se quedarán.

4 Comentarios

  1. Le a faltado decir que la «izquierda» controla la televisión, radio prensa y relato, su guinda está por aparecer y esta será plena cuando controle las mentes de semejante rebaño,que votan a esta hez de manipuladores perpetuos y ladrones autorizados.
    Votar a estos parásitos solo sirve para mantener a sus clientelas…

  2. #Que hablé la mayoría.
    Desde cadena Ser, (ese chiringuito de colocación con un único guión) decía la activista al servicio de la extrema izquierda que los «demócratas»eran más.😂😂😂

  3. Más allá de la falsa victimización, la izquierda no tiene nada que ofrecer. O si y es esta la que busca el odio y la confrontación desde que Zapatero lo implantó..

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