La imposible inacción de los Mossos

La policía de la Generalitat, ante el mayor de sus exámenes, no quiere dejar dudas ni cabos sueltos y por ello asumen como un reto la seguridad del consejo de ministros que se celebrará en Barcelona y permitirán manifestaciones pacíficas sólo si éstas “no rebasan las líneas rojas”

Para la mayoría es una cuestión de rigor profesional y de orgullo. Para la minoría, se trata de pura supervivencia.

La mayoría del cuerpo de los Mossos d’Esquadra se sitúan del lado del cumplimiento de la legalidad que un día juraron. Para ellos es un reto, casi una oportunidad conseguir que el consejo de ministros se desarrolle con normalidad y que los previsibles focos de desorden público queden bajo el preceptivo control.

Para algunos, incluso, ese reto (que además es una obligación legal) se va a vivir como una demostración de fuerza y de autoridad ante las dudas y los dudosos.

Unos de cara, otros de perfil

Para la minoría -no escasa-, es decir para el sector explícitamente declarado independentista o “filoprocés”-en el que destacan algunos renombrados comisarios-, el examen del 21-D es una especie de trampa de la que se tienen que librar sin hacer demasiado ruido: diseñarán, y/o en su caso, acatarán y ejecutarán el dispositivo establecido simplemente por obediencia debida y porque saben que por algo parecido hay decenas de mossos imputados, entre ellos el Major, Josep Lluís Trapero.

Se dice en los mentideros policiales de Barcelona que el repunte “casual” de bajas por enfermedad (básicamente depresión) que se ha producido estos días se imputa a este sector contestatario que va a intentar ponerse de perfil ante la tormenta en ciernes.

Nadie quiere algaradas

Las fuentes policiales de los Mossos consultadas son taxativas: “Vamos a garantizar la celebración del consejo de ministros y nos vamos a encargar de preservar el orden público y la seguridad ciudadana en nuestras calles y centros productivos y de transporte como así nos los indica la ley”.

Añaden: “Permitiremos manifestaciones, naturalmente, pero que no rebasen la línea roja que marca el orden público”.

No se puede ser más explícito cuando además se saben esclavos de sus palabras si mienten a la ciudadanía y no lo cumplen.

Miedo a las ocurrencias de Torra

Los mandos de los Mossos y sus responsables políticos saben lo que se juegan. La tropa, por su parte, aguarda desconcertada los posibles bandazos que el presidente Torra pueda protagonizara: “No es la primera vez que nos utiliza como muñecos de feria” ha afirmado a este medio, un líder sindical de los Mossos.

Eso es lo que, en estos momentos, más desasosiego provoca en el cuerpo de Mossos d’Esquadra, mucho más, si cabe, en los cuadros medios y altos.

Los Mossos, por los suelos

Los Mossos se sienten desamparados, solos, humillados y desprotegidos. Aun así cada día se ponen le uniforme y se suceden las operaciones de crimen organizado, contra el narcotráfico, contra aluniceros y no cesa el patrullaje, (con o sin medios, ese es otro cantar) en ningún rincón de Catalunya.

Los sindicatos de mossos (que han anunciado nuevas manifestaciones contra el govern) apelan al orgullo del cuerpo e insisten que el actual executiu les está utilizando políticamente y de una forma partidista.

Fuentes próximas a la jefatura policial de los Mossos han señalado al eltaquigrafo.com que asumirán su responsabilidad en el control del orden público durante el 21-D “aunque no tendremos el más mínimo inconveniente en coordinarnos con CNP o Guardia Civil si es preciso”.

Estrategia política

Nadie quiere un nuevo 155: unos por orgullo profesional. Otros por miedo a la cárcel. Así pues el orden público está garantizado.

Y por si no fuera así, Grande Marlaska ya tiende preparados a varios centenares de agentes antidisturbios para que los mandos de los Mossos noten su aliento en la nuca por si en algún momento sucumben a íntimas e incontenibles emociones político-patrióticas.

La jugada le puede salir redonda a Sánchez: muestra su musculatura y escenifica un acercamiento gestual a Catalunya –cosa que incomoda al soberanismo-, y por otro lado, provoca un clima de tal tensión entre los Mossos que les deja ante la única tesitura de hacerlo bien o de hacerlo muy bien.

Eso desactivará las voces exaltadas de aquellos portavoces de PP, Ciudadanos y Vox que reclaman la nueva aplicación del 155 que nadie en el partido socialista desea aunque sólo sea por cuestiones electorales.

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