La huella digital de un depredador sexual

Las pruebas periciales practicadas por los Mossos d’Esquadra confirman que la cuenta de Instagram utilizada por el depredador sexual de varios menores, todos del mismo grupo de amigos, fue creada desde el domicilio del único acusado

La huella digital de un depredador sexual
La Fiscalía solicita 124 años de prisión para el único acusado | El Taquígrafo

A primera hora de este miércoles la Sección 5ª de la Audiencia de Barcelona ha reanudado la segunda y última sesión del juicio contra D.C.G., el joven de 23 años, acusado de amenazar, engañar, acosar y agredir sexualmente a varios jóvenes, todos del mismo grupo de amigos, entre los meses de noviembre de 2018 y enero de 2019. Ocultando su identidad bajo el seudónimo “@pericodelospalotes202” en Instagram, el acusado, según la versión de la fiscal, amedrentó a los menores con el único objetivo de que las chicas de la pandilla accedieran a intercambiar imágenes y videollamadas de contenido sexual. La situación, que se tornó una auténtica pesadilla para las víctimas de entre 13 y 15 años, condujo a los menores a una situación de estrés constante con episodios de ansiedad, depresión e, incluso, intentos de suicidio. 

Si bien en un principio la representante del Ministerio Fiscal lo señalaba como único sospechoso tras los usuarios falsos desde los que se profirieron dichas amenazas, durante la exposición de su informe final la fiscal ha dejado la puerta abierta a la hipótesis de que quizás en un principio el detenido pudo haber contado con la colaboración de alguno de los menores, señalando indirectamente a la figura de A.B.V., excuñado del sospechoso, a quien la Fiscalía ha retirado su condición de víctima. Fue precisamente A.B.V. quien reconoció en un primer momento ser víctima de las amenazas de muerte de un anónimo, suplicando a sus amigas que siguieran las instrucciones de “la cuenta” que se iba a poner en contacto con ellas. 

Pudo haber empezado como una broma 

Aunque tanto la representante del Ministerio Público como los letrados de la defensa coinciden en que, en un primer momento, pudo tratarse de una broma de críos, a diferencia de los abogados defensores, la fiscal ha argumentado que estos hechos enseguida tomaron un cariz siniestro y de extrema gravedad. Y que, además, quien orquestó toda esta trama para manipular a los menores a su antojo fue, sin ningún género de dudas, el único acusado. La fiscal, que ha pedido al tribunal que haga un ejercicio de abstracción y se ponga en la piel de los niños, ha hecho hincapié en la relación de confianza que D.C.G había establecido con los menores, que siempre dieron verosimilitud a las amenazas que recibían. 

Asimismo, la representante del Ministerio Público ha atacado duramente a los letrados de la defensa por generar dudas sobre la autoría del acusado introduciendo la figura de una de las víctimas, a la que durante estos dos días han, poco menos, que demonizado. Independientemente de que este pudiera haber tomado parte activa en un primer momento, es claro, según la fiscal, que el único que continuó adelante fue el único procesado. 

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La prueba clave 

La práctica pericial clave de esta segunda jornada, la definitiva para asentar el discurso de la fiscal, ha sido la protagonizada por los agentes de los Mossos d’Esquadra que pudieron cotejar la IP desde la que se creó la cuenta “@pericodelospalotes202”, desde la que se realizaron las amenazas más severas y se registraron la mayoría de videollamadas sexuales. Tras solicitar a la aplicación Instagram información sobre la fecha, lugar y circunstancias en las que se creó dicho perfil, la app respondió con una dirección IP asociada a Orange. Con estos primeros datos, los agentes requirieron a la compañía de telefonía móvil información más detallada referente a la dirección postal que desde la que se creó la IP investigada. La sorpresa de los agentes llegó cuando se percataron de que la IP coincidía con la vivienda del detenido. 

Asimismo, la jueza presente en el momento en el que se procedió a la apertura de los precintos de los dispositivos recogidos durante el registro en el domicilio del acusado, certificó, y así lo hizo constar en un auto de la instrucción, que en el terminal móvil utilizado por D.C.G estaban activas dos cuentas de Instagram. Una, la suya personal, y la otra, el famoso usuario «@pericodelospalotes202». 

¿Víctima o verdugo?

La piedra angular sobre la que ha girado la estrategia de la defensa es que el acusado fue víctima de un hackeo y, si bien asumen que este usuario pertenecía al único sospechoso, han argumentado que alguien que no era él lo utilizaba para extorsionar a los menores

Sin embargo, la fiscal no ha dado credibilidad a este extremo repleto de vaguedades y contradicciones. La presunta víctima de este hackeo nunca presentó una denuncia. Tampoco consta una presunta visita de la policía a su domicilio por esta cuestión y ni siquiera ha sido capaz de concretar las fechas aproximadas en las que comenzó a detectar estas anomalías en su terminal. Además, la mayor parte de los testigos aseguran que, a pesar de conocer el nombre de la cuenta desde la que recibían amenazas a diario, nunca manifestó que era la suya. Lo hizo solo después de que la madre de una de las menores presentara la primera denuncia. 

Libertad provisional a la espera de sentencia 

El caso ha quedado visto para sentencia y el tribunal ha permitido la libertad provisional con medidas cautelares del acusado a la espera de una resolución firme. Tanto la representante del Ministerio Fiscal como el letrado de la acusación particular han considerado que, tras la celebración de la vista, ya no existe ni riesgo de fuga, ni de reiteración delictiva y han constatado el arraigo familiar del sospechoso. Con todo, la fiscal solicita para D.C.G. una pena de 124 años de prisión por los delitos de amenazas continuadas, pornografía infantil y agresión sexual. Entiende que existen muchas víctimas y que las penas deben computarse por separado. 

Aun así, ha rebajado la pena casi 20 años, respecto los 140 años iniciales, al eliminar como víctima a su excuñado, A.B.V., al entender que de algún modo él, menor de edad durante los hechos, pudo haber participado en el origen o transcurso de los sucesos investigados. 

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