La Guerra Más Larga

La socialización de los hombres en el patriarcado hace que el mismo tipo majo que lleva a su niña de 14 años a ver el fútbol femenino, al abrigo del grupo de otros machos, acabe en un burdel pagando por violar a otra niña igual.

Opinión de Núria gonzález para eltaquigrafo.com
Arriba la afición blaugrana el pasado sábado en Turín (Italia). Abajo, el barrio de la prostitución en Hamburgo (Alemania)

Tenemos una gran lista de pruebas fehacientes que nos demuestran que la socialización masculina en solitario entre ellos puede convertir al mejor de los hombres en el peor de los infraseres. Voy con algunos de ellos.

El sábado pasado asistimos al mayor despliegue mediático que yo recuerdo para un evento deportivo femenino. No era para menos pues las mujeres del equipo profesional del FC Barcelona se enfrentaban a las del Lyon en la final de la Champions League de fútbol en Turín. Desde por la mañana periodistas de todos los medios hacían conexiones en directo y destacaban el buen ambiente de los y las miles de aficionadas que hasta la ciudad italiana se desplazaron para ver el partido. Es más, destacaban el ambiente familiar de la jornada y la presencia masiva de niños y niñas desenado ver jugar a sus nuevas heroínas futboleras.

En más de una ocasión vimos la estampa del papá con su niña, ambos con la camiseta culé, felices de estar en Turín a punto de presenciar un momento histórico para el deporte femenino. Todo este buen rollo y compadreo entre los y las más de 12.000 aficionadas que se trasladaron a ver el partido, me hizo reflexionar sobre cual diferente eran los eventos deportivos, especialmente el fútbol cuando de manera generalizada y habitual se desplazan sólo hombres.

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Independiente de los altercados, peleas y disturbios que vemos cada vez que hay un desplazamiento masivo de tipos para ver un partido de fútbol, o de la matanza que sucedió hace no mucho en el estadio del Querétaro (México), donde se mataron a golpes entre ellos decenas de hombres, hay una imagen que no puede estar más alejada de lo visto esta semana en Turín.

Presenciamos con todo el asco del mundo como, durante la celebración del mundial de fútbol en Alemania en 2006, miles de aficionados salían de los estadios para hacer cola para violar mujeres en los macro burdeles que habían nacido al calor de la recién estrenada “regularización laboral” de la prostitución en el país bávaro en el 2002.

Me asaltan varias preguntas al respecto como qué se dicen los hombres que están haciendo cola para entrar a un matadero de mujeres como lo son los prostíbulos, donde van a pagar 60 euros por barra libre de salchichas, cerveza y mujeres a violar. ¿Qué se dicen los puteros en la cola del burdel? O también pienso a cuantos simpáticos y amantísimos padres como los que salían el sábado en la tele llevando a sus niñitas al fútbol, en compañía de sus colegas y con la niña y la madre en casa les sale ese hijo sano del patriarcado que cree que las mujeres no son más que agujeros y carne para su placer.

Y también qué no dicen y con qué cara miran luego al resto de mujeres y niñas y niños los que a lo mejor no van a prostituir mujeres, pero callan en esa omertà de los chats, las cañas a la salida del curro o los vestuarios del pádel. ¿Qué se dicen en las barbacoas de domingo cuando se juntan todos?

Lo que les quiero transmitir, y no se con mucho éxito, es que la socialización de los hombres bajo los cánones que les ofrece el patriarcado hace que el mismo tipo que encantador lleva a su niña de 12 años a ver el fútbol a Turín, con la compañía adecuada y el abrigo del grupo de otros machos, acabe en un burdel pagando por violar a otra niña de 13, 14 o 15 años.

Y no son enfermos ni psicópatas, sólo son hombres en espacios seguros para los hombres haciendo lo que se les permite hacer, con el aplauso o el silencio del resto del grupo.

Lo peor es cuando el silencio pasa al aplauso y el aplauso se convierte en vítores y sale en todas las noticias. Entonces hay gente que se echa las manos a la cabeza y se pregunta cómo es posible que un grupo de niñatos presuntos voladores de dos niñas de 12 años (como la que llevaba aquel simpático padre al fútbol), sean jaleados y vitoreados al grito de “guerreros” al salir de declarar ante el juez.

Realmente sí son guerreros, violentos y letales al servicio del orden patriarcal. Lo son en la constante guerra contra las mujeres, que como dice Lola Venegas, es La Guerra Más Larga de La Historia.

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