«La frontera» cierra la trilogía de Don Winslow

Catorce años han transcurrido desde que Don Winslow (Nueva York,1953) sacudiese el
mundo de las letras criminales con la extraordinaria novela «El poder del perro«. En
2015, diez años después de alcanzar el éxito, le siguió «El cártel» y, recientemente, ha
conseguido cerrar la trilogía con su último libro, publicado por la editorial Harper
Collins, titulado «La frontera«: broche de oro a una obra que, no me cabe duda, pasará a la historia del género como la Gran Trilogía Americana sobre las Drogas.

3169 kilómetros

Ésa es la longitud de una de las fronteras más interesantes y conflictivas del mundo. Dos países que se miran con deseo y desconfianza, con curiosidad y avaricia. Para el norte, México ha sido un lugar exótico y peligroso, la tierra donde un hombre podía perderse y encontrarse al mismo tiempo. Una salida o más bien un escape. Muchos grandes de las letras americanas han ambientado sus obras en esa frontera. Westerns, historias introspectivas o místicas, viajes alucinógenos o clásicos del género negro pasan por México.

Para los mexicanos el vecino rico del norte ha supuesto más bien una oportunidad, un lugar donde prosperar y dar una vida digna y segura a sus familias. Por miles, arriesgan sus vidas para intentar alcanzar el otro lado de la frontera, una frontera cada vez más blindada para las personas, pero a través de la cual siguen cruzando sin mayores problemas las drogas, los narcos y los millones de dólares que genera este negocio.

El crimen y los criminales

En 1969, se publica «El Padrino». En ella, Mario Puzo nos narra el funcionamiento del crimen organizado en la América posterior a la Segunda Guerra Mundial. Más tarde, el cuadro se completó con la genial adaptación cinematográfica que, en tres películas, dirigió Francis Ford Coppola.

Cuando tuve ocasión de leer la novela y ver las películas recuerdo sentir que nunca volvería a disfrutar de algo así, una historia familiar tan coral, que sucede a lo largo de muchos años y que, dentro de la ficción, nos narra sucesos que tienen mucho de realidad.

Obviamente me equivocaba. «El poder del perro» cayó en mis manos y, apenas comencé a leerlo, ya noté ese cosquilleo que los lectores sentimos de vez en cuando y que nos indica que estamos ante algo especial, claro que no podía ni imaginar la enormidad de la obra de Don Winslow. Un retrato crudo y desgarrador sobre el crimen, el poder y las organizaciones que sustentan el tinglado de la droga a ambos lados de la frontera, para mi gusto, más completo y veraz que lo mostrado por la obra de Puzo.

Una guerra infinita

EEUU es un país siempre en guerra. Una vez terminadas aquellas que tuvieron lugar en su propia tierra, podríamos decir que han ido librando una guerra tras otra fuera de sus fronteras. Terminada su participación en Vietnam, la mirada se posó en sus vecinos del sur.
Dos grandes enemigos les amenazaban desde su propio patio trasero: los cada vez mas numerosos gobiernos de ideología comunista y un incipiente pero imparable caudal de drogas que causaban estragos en las ciudades norteamericanas. De la lucha contra estos, de toda la sangre, corrupción, miseria y muerte que esta guerra ha causado y sigue causando trata la Trilogía. Es mucho más que una obra de género, el autor utiliza una cantidad ingente de documentación y de hechos sacados de la realidad para crear una ficción que no lo es tanto. Los personajes principales y algunos hechos modificados en pro de la narrativa lo son, el resto lo podéis leer en la prensa, son historia reciente de ambos países. Eso es lo fascinante y lo terrible de estas novelas.

«La guerra contra las drogas dura ya cincuenta años: medio siglo. Es la guerra más larga que ha librado Estados Unidos. Hemos invertido en ella más de un billón de dólares y hemos metido entre rejas a millones de personas, en su mayoría negros, latinos y pobres: la mayor población reclusa del mundo. Hemos militarizado nuestras fuerzas policiales. La guerra contra las drogas se ha convertido en una maquinaria económica autosuficiente».

Dos hombres

Art Keller y Adán Barrera. Dos hombres alrededor de los cuales gira toda esta epopeya de más de dos mil páginas. Pese a que nos encontramos ante una obra muy coral donde hay un gran número de personajes de peso, Art y Adán son el centro de todo.

Keller es un veterano del Vietnam que ahora trabaja como agente de la DEA. Recorre México y Centroamérica en misiones que no siempre están dentro de la legalidad. Es conocido por sus enemigos como el Señor de la Frontera. Por otro lado, tenemos a Adán Barrera, heredero junto a su hermano Raúl del «negocio» familiar que dirigía su tío, el capo de capos, Miguel Ángel Barrera, M-1. Éstos declararán la guerra a los demás cárteles; extenderán su influencia a países como Colombia y EEUU; y crearán una Federación de cárteles para controlar y optimizar todo el tráfico de drogas hacia el norte. Así Adán será conocido como el Señor de los cielos.

Ambos protagonistas cuentan con poderosos intereses respaldándoles. Barrera, con el Cártel de Sinaloa, que maneja ingentes cantidades de dinero. Dinero con el que compra armas, senadores, jueces o policías a los dos lados de la frontera. Cuando el dinero no consigue comprar voluntades utiliza el terror, no duda en asesinar o torturar de la forma mas cruel posible a sus adversarios.

Keller trabaja más o menos conjuntamente con las agencias del todopoderoso gobierno de Estados Unidos, la DEA, el FBI o la CIA. Éstas tampoco dudan en utilizar el soborno o el chantaje para conseguir sus objetivos y, si esto falla, siempre queda la violencia, igualando en brutalidad a los cárteles.

A lo largo de los cuarenta años de lucha que nos presenta esta trilogía, veremos pasar a muchos otros personajes, en su mayor parte atrapados en sus contradicciones. Nunca está clara la frontera entre el bien y el mal, es un mundo lleno de grises.

Las traiciones, las mentiras, el miedo están presentes en toda la historia. Conoceremos a Nora Hayden, prostituta de lujo que se relaciona con Barrera; a Sean Callan, un hijo de la neoyorquina Cocina del Infierno, un temible asesino a sueldo que mata tanto para la CIA como para los Barrera; al padre Juan Parada, quien desencantado con el tinglado Vaticano, se aferra a su fe e intenta parar por todos los medios la violencia que le rodea; a Nico, el niño que, con apenas diez años, intenta escapar del basurero donde vive en Guatemala amenazado por las maras -en compañía de su amiga Flor montan en «La bestia» intentando llegar a los Estados Unidos-; a políticos corruptos de todo signo; y a militares y policías al servicio del dinero y el poder, no de los ciudadanos.

Caso aparte es el de los periodistas, a los que Don Winslow dedica «El Cártel». Pareciera que en este relato no hay héroes. No es cierto. Los periodistas que han intentado contar lo que está sucediendo (el terror, la corrupción, los intereses que hay detrás de toda esta guerra) viven en constante peligro; más de 300 han muerto asesinados desde los años 80. Éstos y, por supuesto, los millones de personas anónimas que sobreviven como pueden en medio de esta guerra son los únicos y verdaderos héroes de esta historia.

-Claro que sí. Tal y como yo lo entiendo, Dios y el diablo se enzarzaron en una tremenda batalla por gobernar el mundo, ¿no?
-Supongo que sí.
-Bien —dijo Adán—. Pues mira a tu alrededor: ganó el diablo”.

La noche dura cuarenta años

Ahora, sí que creo estar ante la obra definitiva sobre el crimen organizado, espero equivocarme otra vez y no tener que esperar otro medio siglo para disfrutar de la siguiente. Autores de la talla de Ellroy se declaran admiradores del autor. El estilo directo, con frases cortas y descripciones crudas, hacen que sus novelas se acerquen al periodismo.
La solidez y profundidad de sus personajes lo sitúan entre los grandes del género criminal. Su ingente documentación y su compromiso hacen de ésta una obra imprescindible para comprender la gravedad de lo que está sucediendo a ambos lados de esa frontera, aunque viendo el panorama no soy demasiado optimista.

«La paradoja es brutal: el mismo fiscal general que va a insistir que se apliquen las penas máximas por posesión de marihuana se encargará de bloquear el procesamiento de personas que están blanqueando ingentes cantidades de dinero procedente del narcotráfico.

Porque esas personas son blancas, ricas y están bien relacionadas”.

 

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