La «estratégica» entrega del presunto asesino de Marta Calvo

La «estratégica» entrega del presunto asesino de Marta Calvo
La planta de reciclaje de Guadassuar donde se busca el cuerpo de Marta y el sospechoso de su asesinato, Jorge Ignacio Palma

Ayer, se reanudó la búsqueda del cuerpo de Marta Calvo. Jorge Ignacio Palma confesó, tras pasar casi un mes de su desaparición, que la descuartizó y tiró su cadáver desmembrado en diferentes contenedores de diversas localidades cercanas a Manuel, en Valencia, punto del segundo encuentro entre ambos. Pero no ha confesado un crimen.

Según su declaración, Marta murió accidentalmente y, ante un «miedo insuperable», decidió deshacerse del cadáver. Aun así, su declaración de los hechos hace aguas y no es creíble por varios motivos, pero sí que es cierto, que su versión es la que más le favorece desde el punto de vista penal, de modo que se trata de una declaración estudiada y, seguramente, asesorada. Ha creado una historia que cada vez es más inverosímil.

Contar de modo voluntario un hecho que desconocían los investigadores y que ocurrió en marzo de 2019, además es una estrategia que le ayuda a reforzar su versión de que descuartizó a Marta por miedo a ser acusado de ambas muertes. El hecho de haberse entregado podría ser alegado en el juicio, por parte de su defensa, como atenuante de confesión tardía, eso sí, siempre y cuando se encuentre el cuerpo de Marta Calvo y se verifique lo que él cuenta que hizo con él.

La confesión no es gratuita

La confesión y declaración de este presunto homicida podría tener dos claros objetivos: por un lado, ganar tiempo para evitar que se encuentren el cuerpo de Marta y las posibles pruebas que le puedan incriminar directamente como autor material de su muerte. Si está dando pistas falsas a la Policía, esto hará que investiguen en una dirección alejada a la realidad, de lo que ocurrió la noche del 7 de noviembre.

Y en segundo lugar, alterar los hechos y los posibles indicios y/o pruebas que pudieran haber quedado en la escena, con la intención de evitar una pena mayor, como podría ser la de prisión permanente revisable, en el caso de que se pudiese demostrar que hubo agresión sexual y, posteriormente, un asesinato.

En este caso, el cadáver de Marta es la prueba principal que ayudará a determinar las circunstancias calificativas del delito: ¿homicidio o asesinato? ¿Hubo abuso o agresión sexual? Además, en caso de que se encontraran restos biológicos de Marta en su casa o en su coche, ya ha confesado que la descuartizó.

Curiosamente, el día después de la desaparición, era su cumpleaños, y su madre llegó de Mallorca a Manuel. Ambos limpiaron el piso, y también se deshizo del coche. Claro que, limpiar la vivienda, es una actividad rutinaria que cualquiera puede hacer, ¿verdad?

Sin cuerpo, el delito sería mucho menor

Con su confesión, y sin haber encontrado el cuerpo de Marta, solo se le podrían imputar estos delitos:

  • El delito de omisión de socorro por no haber avisado a los servicios médicos para que la atendieran. No olvidemos que esto también ocurrió en el mes de marzo, cuando una prostituta brasileña con la que había estado ese día, moría en el hospital por un ataque epiléptico por consumo de drogas, hecho por el cual, no fue ni interrogado ni investigado. Pero él estuvo con ella, compartió cocaína y no sólo vía nasal, y salió corriendo cuando empezó a tener convulsiones. 
  • Sanción administrativa de inhumación ilegal, porque según su declaración no ha matado a Marta, sino que sólo la ha desmembrado y se ha deshecho del cadáver para evitar ser detenido (auto encubrimiento por miedo).

En mi opinión, la confesión de este sujeto está absolutamente estudiada y planificada. Puede haber tenido un buen asesoramiento jurídico-penal y, además, durante casi un mes, han podido ocurrir muchas cosas que desconocemos. Creo que trata de modo consciente de obstaculizar la investigación para que se abran falsas vías que le beneficiarían.

Jorge Ignacio Palma es absolutamente consciente de su criminalidad, y aunque alega haber tenido miedo, descuartizó a sangre fría a una mujer de 25 años y repartió su cadáver por diversas localidades valencianas. Si confía en que si no hallan el cuerpo, quedará impune, le invito a que piense en Ramón Laso. Me pregunto si habría confesado, en el caso de que Marta no hubiera enviado a su madre su ubicación por WhatsApp…

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