La España friqui: María Victoria Álvarez, la Belén Esteban del torero Jordi Pujol Ferrusola

María Victoria Álvarez es una de esas mujeres que, como escribiera don Ramón Gómez de la Serna, considerarían una suerte de compenetración sexual compartir el asco y los ronquidos con un millonario

La España friqui: María Victoria Álvarez, la Belén Esteban del torero Jordi Pujol Ferrusola
María Victoria Álvarez

-“¿Hay música en los agujeros negros?”, se preguntaba en su libro Breve historia del tiempo el gran Sphephen Hawkins.
-Y le respondió en su novela La Gran Broma David Foster Wallace: “no, hay flujo vaginal”.
-¡Como te pasas!
-¿Que cómo me paso? Eso lo dices porque no conoces a María Victoria Álvarez

Una de las historias más cómico-siniestras de la España friqui de nuestros días es el vodevil de la Familia Pujol. Y, en esa línea, uno de los personajes más mostrencos de tal opereta negro-criminal es María Victoria Álvarez. ¿Qué quién es María Victoria Álvarez? Pues una de esas mujeres que, como escribiera don Ramón Gómez de la Serna, considerarían una suerte de compenetración sexual compartir el asco y los ronquidos con un millonario.

Sí, señoras y señores, hoy con todos ustedes ella, María Victoria Álvarez, la Belén Esteban del torero Jordi Pujol Ferrusola, una folklórica moderna, la defensora por despecho de la Cataluña no corrupta, sí, ella, el azote de rebote del Pujolismo de pro.

En realidad se trata, sépanlo, de una Gracita Morales en versión ampurdanesa que certificó en su día que Jordi Pujol Ferrusola ya no era solo “el hijo de”; que ya tenía entidad propia; pues, como dijera en su día Jim Morrison (que, como el torero Jesulín de Ubrique, era un hombre vestido de naipe, y, como el torero Jesulín de Ubrique, sabía mucho de amantes destronadas resentidas) “uno no es nadie hasta que no puede echarse a la cara a una buena acosadora”.

Jordi Pujol Ferrusola, ya se sabe, era un monaguillo a porcentaje que lidiaba con el toro bravo del comisionismo, como bien se sabía y decía entonces en Cataluña… Presuntamente…

-Como ves el hijo de San Jordi viene a cobrar comisiones (dice que es para el partido y para Cataluña) conduciendo un Lamborghini, así que algo se debe de quedar por el camino.
-Bueno, pues ése es un síntoma inequívoco de que Cataluña es muy diferente a España: en Cataluña nadie es un gigoló con un 127…

Y, como buen español, Jordi Pujol Ferrusola, igual que Jesulín, fue y se echó una novia con el aspecto de los electrodomésticos más inocentes del hogar. ¡Pero la maja desnuda le salió rana! Fue como para ejemplificar expresivamente, intemporalmente, perfectamente, que lo que cambia el gran curso de la historia, lo que hace girar el signo de los acontecimientos de la política, suele ser una mujer (léase al viejo Homero).

Sí, Jordi Pujol Ferrusola, el primogénito con peinado de coadjutor y pecados de ángel negro (igual que el Barón Corvo), él, el Padrino en la españolada sobre el clan Pujol, el coleccionista de empresas y coches deportivos y amantes con andares de tartana de lechero, el dueño de una mansión en Pedralbes pagada a tocateja, se echó, como decimos, una novia que confundió enseguida el amor con la pasta en efectivo.

Hasta aquí nada nuevo.

Pero, cuando le dio puerta, ella, doña María Victoria Álvarez, que a la postre tenía en su curriculum haber sido compañera de pupitre del ideólogo pragmático del presidente Mariano Rajoy (Jorge Moragas), sí, ella, la Belén Esteban sin dignidad tragicómica del primogénito Pujol, que, durante el noviazgo de miel, amor de fotonovela y besos de carmín como rúbrica de cheques, había reunido y retenido abundante documentación y material informático sobre las actividades supuestamente ilícitas de su Pujol Ferrusola, le hizo una jugada más onerosamente cruel que un divorcio en gananciales: ¡fue y se reunió en canal con la entonces líder del PP catalán Alicia Sánchez Camacho!

-La exnovia del hijo de Pujol denuncia que «la fortuna de la familia se ha alimentado de 30 años de obra pública», titulaban los periódicos de entonces.
-Ya lo sé, pero no, amigo, eso no empezó a salir a prensa cuando él la dio puerta…. Parece que te ha fallado tu mirada de comediógrafo, pues ésta es una escena divertidísima muy parecida a la de Juan Guerra en su día.
-¿Juan Guerra el hermano de Alfonso Guerra?
-El mismo. Fíjate que escena para un artículo cómico tuyo. Resulta que la mujer de Juan Guerra en su día va y se entera de que éste le ha puesto los cuernos, e inmediatamente, con los ojos inflamados de despecho, como dirías tú, va a casa, saca de debajo de la cama matrimonial una maleta vieja de cartón que no cerraba bien y que habían hermetizado precariamente con la cuerda de una persiana. Va empujando tal maleta a un conocido despacho de abogados madrileño, ya sabes cual, y dice “soy la mujer de Juan Guerra, el hermano del vicepresidente, y aquí traigo todas estas pruebas para que lo metan en la cárcel”…
-¡Sí, un escenón: la España del esperpento, sin duda!
-Pues lo mismo pasó aquí: la novia del Jordi Pujol Ferrusola no se puso a destapar todo el pastel de la “familia real de Cataluña” por amor a la justicia y la legalidad y la pureza del puré. Qué va. Que cuando iban juntitos a Andorra en viajes de amor, champán y nieve, todo bien; claro. Pero cuando se enteró de que no era la única novia andorrana, fue cuando se le subió la fiebre justiciera, ya sabes cómo va esto, y, con el teléfono móvil en una mano y el despecho en la otra, como dirías tú, fue que se puso a cantar la gallina al oído de su amiguito del PP Jorge Moragas, y luego pasó lo que pasó.
-Entiendo…

Ocurrió en un restaurante fino de esos cuya carta es una tesis doctoral en francés para anoréxicos escogidos.

Y ellos, la venganza femenina siempre tiene algo lésbico, dice Jeanette Winterson en sus novelas líricas, mezclaron el vino espumoso con el rencor aún más espumoso, para pasar a emplear, después, ya la justicia como digestivo.

Fue así como ella, la ex-novia, la otra que se creía única como Jacinta cuando no estaba Fortunata en la novela inmortal de don Benito Pérez Galdós, destapó la olla de la intuida pero aún no encausada y mucho menos probada corrupción familiar de los Pujol. Habló ante el juez y la prensa de viajes con mochilas de dinero a Andorra. Habló de una caja fuerte llena de divisas en su despacho. Habló de su mejor amigo Puig como se habla de un testaferro. Habló y habló y habló al modo en que lo haría una moreneta teñida Corina Larsen despechada por culpa de un Borbón, o como una Belén Esteban que tratara de rentabilizar en los medios y en el cine de David Trueba la cornamenta…

Como en la Guerra de Troya, en la historia del pujolismo la batalla final se desencadenó a causa de una mujer.

Ya lo glosó el viejo Homero: contemplad el agujero negro que hizo zarpar mil barcos.

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